Drive My Car

Crítica de Drive my car, la película dirigida por Ryûsuke Hamaguchi que parte como favorita al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. En cines a partir del 4 de febrero de 2022.

¿Recordáis cuánto nos reíamos de la serie Smallville porque en un pueblo sucedía de todo? Pues en Drive my car el universo de los personajes es una suerte de "Smallville emocional" en el que se dan cita toda clase de dramas personales, a cual más extravagante, pero en el que, curiosamente, no hay ni un solo atisbo de calidez emocional.

Más que fría, gélida a pesar de tener como núcleo central las pasiones humanas y como ideas vehiculares la superación de la ausencia, la expiación de la culpa por lo que se hizo o se omitió en el pasado o incluso la imposibilidad de acceder a los sentimientos más profundos de los demás, tiene como gran problema mezclar demasiadas ideas y realizar abundantes digresiones.

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En pocas palabras: cuesta comprender qué quiere contarnos Ryûsuke Hamaguchi (La rueda de la fortuna y la fantasía), pero no porque la película en sí sea un galimatías, sino porque está muy descompensada narrativamente.

Una pista de lo que ha podido causar esto es el hecho de que no solo está basada en la historia "Drive My Car" de la colección de relatos breves "Men Without Women" de Haruki Murakami de la que toma prestado el título, sino que además se ha inspirado en otras dos: "Scheherazade" y "Kino".

El resultado es un pequeño batiburrillo de tres (interminables) horas irregulares a más no poder, que pasan de lo sublime a lo insoportable, de lo onírico a lo pesadillesco, de lo sensual a lo enfermizo... Todo ello con un lastre adicional: una autocomplacencia y pretenciosidad excesivas que llevan al director a recrearse innecesariamente en la puesta en marcha de una función teatral.

No deja de ser curioso que Drive my car se haya alzado con el galardón al mejor guión en Cannes (donde recordemos que la ganadora de la Palma de oro fue, ejem, Titane) y que parta como favorita a alzarse con el Oscar a mejor película de habla no inglesa... o al menos, eso es lo que se está vendiendo como reclamo comercial, porque como bien sabéis las nominaciones se anunciarán el 8 de febrero.

Las historias que nos unen

Pero, ¿de qué trata Drive my car? Os damos unas pinceladas para afrontar el resto de la crítica: Yusuke Kafuku es un actor y director de teatro que abandona los escenarios tras pasar por un duelo familiar. 

Un par de años después acepta hacerse cargo de la adaptación internacional de "Tío Vania" para un festival de teatro de Hiroshima. Allí conoce a Misaki, una joven que le asignan como chófer a pesar de su inicial reticencia a dejar de conducir su propio vehículo.

Irán conociéndose poco a poco mientras Yusuke repasa de forma obsesiva el texto de Chéjov en los desplazamientos, pero también se consolidará entre ellos una fuerte amistad que les llevará a compartir sus secretos más íntimos, descubriendo que conectan en un sentido profundo.

Ambos cargan con el peso de algunas experiencias que les han marcado y buscan juntos la forma de expiar sus demonios.

Drive my car

Si sois espectadores a los que los metrajes largos les apabullan en ciertos registros como el drama, sabed que los títulos de crédito aparecen a los cuarenta minutos de que arranque la película y que ésta no tiene ninguna prisa para llegar al final, en el que, eso sí, confluyen al menos dos líneas narrativas con éxito (si bien quedan colgando otras tantas).

Aunque Drive my car buscar resonar en un plano poético, se hace muy pesada cuando se pone intensa y hasta roza el ridículo en ciertos momentos álgidos. Ni siquiera consigue deslumbrar en el apartado técnico, dado que muchas de las secuencias de los ensayos de la obra teatral tienen una puesta en escena forzada y se aprecia bastante torpeza en el montaje.

En resumidas cuentas: hay una buena película dentro de ésta, pero que habría requerido podar mucho metraje. Centrándose en menos historias y desarrollándolas con algo más de humanidad y calidez, sería más creíble la evolución de los personajes y el resultado sería redondo.

El cine es también economía de lenguaje, aunque últimamente es algo que parece haberse olvidado. A ver si la industria se graba a fuego la máxima de que a veces menos es más.

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VALORACIÓN:

La lluvia de excelentes críticas puede llamar a engaño respecto a Drive my car, una película densísima y pretenciosa de más a la que le cuesta camuflar su hinchadísimo metraje bajo sus ínfulas artísticas. Funcionaría mucho mejor centrándose en menos historias y desarrollándolas mejor.
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LO MEJOR:

La historia del dramaturgo y la chófer y cómo sus dramas personales se relacionan con la obra de Chéjov.
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LO PEOR:

Es una obra gélida en el plano emocional y que mezcla demasiadas historias, dejando muchos flecos y preguntas en el aire. Demasiado larga también.
Hobby

60

Aceptable

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