Crítica de Érase una vez en Queens, un drama deportivo que no consigue sumar tantos

Érase una vez en Queens

Crítica de Érase una vez en Queens (Boogie) el drama deportivo centrado en el baloncesto del director, guionista y productor americano Eddie Huang. Estreno en cines el 21 de mayo de 2021.

Érase una vez en Queens es, de alguna forma, una película fallida que tenía en su interior una historia interesante para ser contada... puede que su carcasa de drama deportivo sea algo cliché, pero como retrato social tenía elementos interesantes por explotar como el desarraigo.

Escrita y dirigida por el polifacético Eddie Huang que también cuenta en su curriculum con experiencia como empresario, chef, abogado y actor trata de acercar a las masas la realidad de la comunidad asiático-americana que trata de abrirse paso en campos que no son los que tradicionalmente se les asocia como puede ser el comercio o la restauración.

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Tráiler de Érase una vez en Queens, de Universal Pictures

Así, nos presenta a Alfred Chin, alias "Boogie", un inconformista estudiante que sueña con hacerse con una plaza becada en una de las diez grandes universidades estadounidenses gracias al baloncesto y poder saltar así a la NBA.

Sus progenitores son como el agua y el aceite, de hecho ni siquiera estaban de acuerdo en la idea de tenerlo. Su padre es una persona cálida, se preocupa por su hijo y quiere ayudarlo a alcanzar su meta. Por el contrario, su madre es muy controladora y está dispuesta a hacer cualquier cosa por verlo triunfar.

Boogie a fin de cuentas se ve en la encrucijada: o regresa a China con un jugoso contrato para jugar en la CBA (Chinese Basketball Asssociation) o pelea con uñas y dientes para quedarse en Estados Unidos junto a su novia y sus amigos, pero para ello tendrá de vencer en la cancha a Monk, el líder local, impresionar a los ojeadores y asegurarse la beca.

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Hay varias decisiones cuestionables que ponen Érase una vez en Queens contra las cuerdas: la primera de ellas, un guión que apenas tiene pegada y que trata de hacer un paralelismo entre la pareja conformada por los padres de Boogie y la relación del protagonista con su pareja, cuyo parecido es nulo. La segunda es el casting, plagado de personajes áridos interpretados además por intérpretes mal dirigidos. Solo despunta Taylour Page, aunque en general todos parecen demasiado mayores para los roles que tienen en la película.

El núcleo central de la historia no es otro que el de mostrar lo difícil que es alcanzar el sueño americano, algo que tiene en común con películas recientes como Minari, que sí saben atrapar al espectador para hacerlo empatizar con la familia protagonista, que al igual que la que aquí se retrata pasa una crisis importante.

En ese sentido se ve claramente cómo aflora el complejo de inferioridad de la comunidad asiática y las siguientes generaciones, ya nacidas, criadas y asentadas en Estados Unidos y su ruptura con su cultura y tradición, al punto de no hablar siquiera su lengua madre, el mandarín, o renegar de los guettos de población china. Ese miedo a no estar a la altura se trasluce en distintos niveles: tanto el deportivo como el afectivo.

Como debut para Eddie Huang en la dirección de largometrajes, Érase una vez en Queens es poco brillante y bastante torpe. Ni siquiera las historias más íntimas consiguen elevar el conjunto para que el relato sea convincente. Mucha testosterona, eso sí, y también bastantes líneas de guión sonrojantes por su manifiesto machismo que dejan en muy mal lugar tanto a unos como a otros. Da la sensación de que "la chica" es un trofeo más, siendo cosificada y tratada como un objeto.

Se aprecia que hay muchos dramas personales de su creador o su entorno inmediato que se han filtrado al guión, pero los personajes son tan fríos y antipáticos, que cuesta encontrarles la humanidad. La estructura narrativa tampoco ayuda, con todos los tópicos de cintas deportivas similares pero sin ritmo ni pegada como para mantener la tensión y con una resolución precipitada y tan poco atractiva como el desarrollo argumental.

Como curiosidad, la película está dedicada a la memoria del rapero neoyorkino Pop Smoke que fue asesinado de un disparo con 20 años en el asalto a su casa en Hollywood Hills, California. En la película da vida a Monk, la némesis de Boogie y a quien se ve abocado a superar en la cancha como reto final para alcanzar su sueño. Fue su único papel en el cine.

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VALORACIÓN:

Plagada de personajes áridos, este drama deportivo tiene serias dificultades para llegar a la audiencia: aunque sirve de denuncia para mostrar las dificultades de la comunidad asiático-americana que trata de despuntar en campos que no son los que tradicionalmente dominan, le falta fuerza y verdad para despegar.
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LO MEJOR:

El trabajo de la actriz Taylour Paige y algunas secuencias puntuales que muestran en complejo de inferioridad de los asiáticos en Estados Unidos.
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LO PEOR:

Es una película con un guión tan endeble que cuesta discernir qué es lo que quiere contar. Hasta el final es abrupto e intrascendente.
Hobby

50

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