Crítica de La fiebre de los ricos (Rich Flu), la nueva película de Galder Gaztelu-Urrutia (El hoyo)

Crítica de La fiebre de los ricos (Rich Flu), la nueva película de Galder Gaztelu-Urrutia (El hoyo) protagonizada por Mary Elisabeth Winstead, Rafe Spall y Dixie Egerickx. Estreno el 24 de enero de 2025.
Galder Gaztelu-Urrutia es especialista en darle forma a las pesadillas de nuestra sociedad, como demostró en El hoyo y ahora de nuevo con La fiebre de los ricos (Rich Flu).
A medio camino entre la distopía y la sátira voraz, la película nos mete de lleno en un conflicto mundial, tirando de todos los recursos disponibles para hacer que sea creíble: muchos extras, rodaje internacional y efectos especiales muy dignos.
Rodada en inglés y con un reparto angloparlante, esta coproducción hispano-chilena imagina un mundo en el que se invierte la pirámide social... ¡a lo bestia!
El detonante es un virus desconocido y mortal que parece atacar solo a los individuos más pudientes cuyo primer síntoma es una reluciente sonrisa. Eso conlleva que los multimillonarios más asquerosamente ricos del planeta quieran deshacerse de su patrimonio a toda velocidad haciendo caer la bolsa y dinamitando los cimientos de la economía mundial.
Nuestra protagonista Laura, no obstante, está cansada de oír hablar de toda clase de calamidades en la medida en que se dedica a seleccionar guiones para que los desarrolle su productora. Pero, por encima de todo, quiere escalar puestos y mejorar de estatus, así que no tiene reparos en firmar para convertirse en accionista de su empresa, sin sospechar que le están haciendo un flaco favor.
A medida que la enfermedad se ceba con los siguientes en el escalafón, urge deshacerse no solo de cualquier clase de fortuna sino de cualquier tipo de propiedad privada. algo inaudito en un ecosistema en el que solo se valora el éxito individual en función de los bienes materiales, las ostentosas pertenencias y el tren de vida al que se puede aspirar.
Con el único fin de defender a su hija y proporcionarle un entorno seguro, Laura y su marido emprenden un largo viaje alejándose de las grandes urbes en las que los disturbios y el caos se ha apoderado de las calles. Esto les llevará a replantearse sus prioridades en la vida y a hacer esfuerzos enormes con tal de sobrevivir.

Es digno de alabanza el hecho de que el guión de la película no invierta ni un minuto en preámbulos. En arranque es in media res y el ritmo de la narración, desbocado. No hay momento para el resuello porque la idea es, precisamente, que el espectador sienta como suyos los dilemas morales a los que se enfrentan los protagonistas, siendo además muy honestos consigo mismos.
Y esto lo consigue proponiendo una guía que no es en absoluto ejemplo de virtud. Casi podría decirse que Laura, interpretada por una siempre exquisita Mary Elisabeth Winstead, es una villana de manual: la vamos a ver liderando momentos de verdadera bajeza que la hacen vil e indigna. También humana hasta la náusea.
La fiebre de los ricos pasa de la alegoría evidente a la prospección en lo imposible, proponiendo un verdadero viaje, físico y mental, que hará que, al menos alguno de los personajes, vivan una profunda evolución.

Winstead está muy bien acompañada por intérpretes de relumbrón como el londinense Timothy Spall y su hijo Rafe Spall, que no fue la primera elección de reparto (Daniel Brühl iba a ocuparse de este rol). Pero son quizás los muchos y abundantes roles de secundarios los que mejor funcionan, al conferirle a la película credibilidad y aportarle escala.
Ofrece prácticamente dos horas (116 minutos) de periplo en el que nunca tienes claro qué pasará al instante siguiente, pero sí que no vas a quedarte indiferente. Mítica ya la secuencia del perrito y el helicóptero. Hay que reconocer que la película te lleva de la curiosidad a la desesperación o la carcajada según la ocasión haciendo gala de un humor negro nada desdeñable.
En suma, La fiebre de los ricos es un ejercicio más que interesante para comprender cómo se mueve el mundo y de qué manera podría girar sobre sus goznes.
El aspecto fantástico de la propuesta le da una pátina aún más atractiva y su afilada ironía, provoca que de manera instantánea nos pongamos en el lugar de los más desfavorecidos como privilegiados que somos, aunque sea imposible no pretender aspirar a más. Lo doloroso del asunto es que probablemente ni nuestra protagonista ni nosotros mismos tenemos remedio.
Valoración
Nota 77
La película no se queda en la anécdota y exprime su capacidad alegórica proponiendo la única (e inviable) manera de que no haya desigualdades sociales.
Lo mejor
La idea original, el arranque de la cinta, la calidad de los efectos especiales y la mala baba del argumento original con sus toques de humor negro.
Lo peor
Está algo pasada de metraje
