Crítica de El hoyo 2, la esperadísima secuela que retuerce el argumento principal

Netflix

Crítica de El hoyo 2, dirigida de nuevo por Galder Gaztelu-Urrutia con Milena Smit, Hovik Keuchkerian, Natalia Tena, Zorion Eguileor y Antonia San Juan. Estreno en Netflix el 4 de octubre.

Triunfadora en Sitges en 2019, El hoyo causó conmoción por trasladar a una distopía incomodísima algunas ideas muy claras, dejando de paso margen a los espectadores para interpretar el final de diversas maneras. Hubo toda clase de teorías para darle un sentido a la parte menos convencional de la película, si bien el resultado era muy redondo.

Pero donde arrasó no fue en salas comerciales, sino cuando llegó a la plataforma de streaming Netflix y fue consumida en masa. De ahí que la secuela haya sido producida por la gran ene roja, contando de nuevo con su director y equipo creativo original.

El hoyo 2 da por sentado que conocemos las reglas: dos compañeros por nivel, una plataforma flotante repleta de comida y un determinado tiempo para poder ingerirla. Pero ahora además tenemos cierta información adicional: los ingresos en "el hoyo" son voluntarios y en ellos cada nuevo miembro debe escoger un plato. 

Y ya sabemos el nivel de profundidad exacto de este agujero, en el que cada mes se cambia de lugar de forma aparentemente aleatoria. Cuanto más abajo, más posibilidades de inanición.

Si la primera película nos hablaba del fracaso de las instituciones para redistribuir la riqueza y llegar hasta los más necesitados, aquellos que están al final de la cadena trófica, ahora le toca el turno a la manera en que se autorregula el sistema en ausencia de una organización justa: el surgimiento de la autocracia, con sus propias leyes y castigos.

En busca del sentido de la vida

El arranque de El hoyo 2 es in media res: Perempuan y Zamiatin despiertan en el mismo nivel y tienen que decidir si van a colaborar para sobrevivir o si se van a enfrentar. Pero apenas tienen tiempo de decidirse porque reciben instrucciones precisas: con el ánimo de que la comida llegue hasta el final, que cada uno de ellos solo puede comerse el plato que pidió al entrar.

Esto conlleva que, si los de más arriba no han tocado su plato, haya que desecharlo. Solo desde la más estricta austeridad y justicia, dando ejemplo al resto, se puede conseguir este objetivo... pero no todo el mundo es tan solidario.

Quienes estuvieron en niveles inferiores y ahora están arriba, se atiborran, mientras que los alimentos no llegan ni a la mitad del foso, abocando al hambre a demasiadas personas.

La ley impuesta por una tétrica figura que se ha alzado como un Mesías, solo la cumplen "los leales", que además están llamados a obligar al resto hacer lo propio haciendo uso de la violencia.

Cualquier violación de esa ley es susceptible de acarrear un correctivo ejemplarizante que puede variar de la amputación al exilio a lo más profundo del hoyo, donde habitan los caníbales eternamente penitentes.

A todos los niveles, El hoyo 2 aumenta la intensidad: los personajes son aún más extremos, los tiempos más ajustados, el montaje más rápido y la violencia y crueldad se elevan a la enésima potencia. Pero esto por desgracia no obra a favor de las ideas que quiere trasladar la película, sino que terminan por dañar la historia a base de golpes de efecto que van perdiendo fuerza.

La parte de este universo que más nos apremiaba ampliar, que es lo que está más allá del propio hoyo, quién y cómo lo construyó, cómo se accede, dónde está, qué hay más allá... sigue siendo un misterio. En lugar de hallar respuestas, las preguntas se multiplican con algunas secuencias finales que, de nuevo, quedarán a la libre interpretación de la audiencia.

Hay talento frente a la cámara: es casi un reto reconocer a Hovik Keuchkerian en su rol; Milena Smit, Natalia Tena y los personajes que conocimos en la primera entrega que regresan (nos guardamos quiénes y en qué momento para no revelar información relevante para la trama), funcionan de maravilla, pero hay también un exceso de personajes y demasiada fantasía en sus caracterizaciones.  

Aunque quizás, el mayor problema de El hoyo 2 es el de perder el foco de lo que se quiere contar, en pro de una espectacularización del horror que roza el esperpento. Cuando la desmesura está justificada, la audiencia encaja cualquier exabrupto, pero hay demasiada gratuidad en determinadas licencias que hacen que el visionado sea como atravesar el infierno sin llegar a un destino claro.

En conclusión, esta segunda entrega se queda muy lejos del resultado de su predecesora... y puede resultar especialmente decepcionante para quienes quedamos más que satisfechos con ella. ¿Se atreverán a hincarle el diente a una tercera parte? 

Valoración

Nota 55

El hoyo 2 es una secuela difícil de descifrar y mucho más intensa en términos de violencia, brutalidad y denuncia, pero esa visceralidad es inversamente proporcional a su fortaleza como desoladora metáfora de la sociedad.

Lo mejor

El regreso de Zorion Eguileor, ¡obvio! La potente puesta en escena, que redobla esfuerzos por incomodar a los espectadores y hacerlos pensar.

Lo peor

El mensaje queda mucho menos claro en esta ocasión y la película pierde fuerza decayendo paulatinamente.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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