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Fractured Netflix
Análisis

Crítica de Fractura, el nuevo thriller psicológico de Netflix

Crítica de Fractura (Fractured), dirigida por Brad Anderson con guion de Alan B. McElroy. La película de Netflix está protagonizada por Sam Worthington, Lily Rabe, Stephen Tobolowsky y Lucy Capri, que nos llevarán hasta un hospital en el que nada es lo que parece. El estreno de Fractura en Netflix España es el 11 de octubre de 2019.

Si te has roto un brazo, la temperatura de tu cuerpo se ha disparado por las nubes o has intentado expulsar un órgano de tu cuerpo, sabrás lo que es aguantar en la sala de espera de un hospital durante horas. En tal caso, ya puedes marcar una casilla de verificación más para ver Fractura (Fractured), el último estreno de Netflix. Brad Anderson (The Sinner) dirige el nuevo thriller que encabeza la portada de la plataforma, y cuenta con Sam Worthington (Avatar), que ha sacado algo de tiempo entre los rodajes de las infinitas secuelas de Avatar de James Cameron, para ponerse a la cabeza del reparto.

Ray Monroe (Sam Worthington) viaja con su mujer Joanne (Lily Rabe) y su adorable hija Peri (Lucy Capri) después de visitar a la familia en el día de Acción de Gracias cuando la tragedia pone su mundo del revés: tras parar en una estación de servicio, su hija sufre un accidente que los obliga a llevarla de urgencia al hospital. Una vez allí y después de cumplir con la burocracia, su hija es atendida por los médicos del hospital. Ray, completamente exhausto, se rinde al sueño en la sala de espera para descubrir cuando despierte que su mujer y su hija han desaparecido... y que no hay registros sobre su ingreso.

El thriller de Netflix utiliza la psicología como vehículo para que nos enfrentemos a una dicotomía que suena añeja: el protagonista tiene una versión, y el resto tiene otra. Ray quiere encontrar a su mujer y a su hija, pero el personal del hospital asegura que Peri y Joanne Monroe jamás han pisado el recinto. No están. Su hija nunca ha sido tratada por los médicos. Nuestro trabajo será decidir cuál de las dos es la verdadera, pero nadie nos podrá librar de cierta repetitividad en la trama en la que no tendremos elección.

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Brad Anderson se ha labrado su carrera cinematográfica como director tanto en cine como en televisión, trabajando en capítulos de producciones como El hombre en el castillo, Fringe o Treme y en películas como El maquinista o Session 9. Si habéis tenido la oportunidad de ver alguna de ellas, sabréis por dónde van los tiros; en el estreno de Netflix consigue sacar rendimiento a la presión psicológica de su personaje, pero el ritmo, a pesar de su obligada languidez durante un tramo de la película, decae drásticamente cuando los resortes narrativos caen en la repetición. La acción se ve tan constreñida a unas pocas salas del hospital que se demuestra como la principal carencia de la película.

Como decíamos al comienzo de esta reseña, los hospitales tienen, per se, ese aura de preocupación y tristeza que los convierten en un lugar idóneo para el desarrollo de una idea como la de Fractura, en la que el agobio, el desconcierto y la desesperación toman los mandos de la historia. Anderson, sin embargo, no consigue explotar los recursos de los que dispone y construye una atmósfera que peca de cierta ligereza, dejando al espectador a su suerte en búsqueda de la empatía para no despegarse de la acción.

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El guion tampoco es un pilar en el que sostenerse. La evolución que marca para la historia se desarrolla sin sorpresas, reutilizando mecanismos que hemos visto centenares de veces. Ray parece tener un pasado complicado con el alcohol y la conducción, lo que se traduciría en una mayor implicación emocional en la dicotomía de la duda, pero el trasfondo que nos dibujan en la película llega tarde y de forma escasa.

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La película hubiera ganado en implicación, de esa que nos mantiene agarrados a los brazos de la butaca intentando entender los detalles que nos lleven a la conclusión antes que a su propio protagonista, pero todo termina —evitando mayores detalles para no entrar en el terreno del spoiler— en una suerte de truco que es demasiado evidente.

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Como tantas otras en su género, invita a que seamos los listos de la clase, que nos anticipemos a la resolución. Ese es, de hecho, uno de los juegos más interesantes del género para con los espectadores, pero las posibilidades son tan escasas que apenas deja lugar para la reflexión. Tendremos que dejarnos llevar por la interpretación de Sam Worthington, que hace un buen trabajo en la parte que le toca, para que nos levantemos con la sensación de haber aprovechado el tiempo.

Fractura es un thriller psicológico que apenas trasciende más allá de su planteamiento. Los personajes tenían oportunidad para brillar, el pasado de su protagonista podría haber construido, junto a la estupenda localización, un ambiente no sólo opresivo, sino tan terrorífico como el del exalcohólico al que una gota de su bebida favorita podría convertir en un monstruo. Todas las opciones se quedan por el camino tras los primeros 20 minutos; a partir de entonces, sólo nos queda sentarnos, disfrutar de una película entretenida que pierde fuerza con el paso de los minutos y saltar al siguiente contenido.

Valoración

Fractura es un thriller de planteamiento interesante que se desinfla con el paso de los minutos, quedándose a merced de las actuaciones para salvar el desarrollo y su decepcionante clímax.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

La idea, a pesar de los imposibles, y la actuación de Sam Worthington.

Lo peor

El desarrollo y el clímax: repetitivo, poco sorprendente y tramposo por momentos.

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