Crítica de La habitación de al lado, la película de Pedro Almodóvar que se ha alzado con el León de Oro

Warner Bros.

Crítica de La habitación de al lado, la película con la que Almodóvar se ha alzado con el León de Oro con Julianne Moore y Tilda Swinton como protagonistas. Estreno el 18 de octubre.

Pedro Almodóvar estrena el 18 de octubre La habitación de al lado, adaptación de la novela Cuál es tu tormento, de Sigrid Nunez y primer largometraje del cineasta rodado casi íntegramente en inglés a caballo entre Nueva York y Madrid. Todo un reto para un autor cuya visión suele ser muy local, por más que trate temas universales. 

Lo hace después de triunfar en Venecia no solo con la acogida de su aplaudido preestreno, sino con el preciado galardón del León de Oro. 

En esta ocasión trabaja con Tilda Swinton (segunda colaboración tras el corto La voz humana de 2020), Julianne Moore y John Turturro, mientras que el metraje está entreverado de cameos de actores españoles como Victoria Luengo, Raúl Arévalo o Melina Matthews además de contar con Juan Diego Botto, Alex Hogh Andersen (sí, Ivar sin huesos en Vikings) o Alessandro Nivola.

Como sucede en sus últimas películas hay un tema central, la eutanasia, alrededor del que se despliegan otros hilos argumentales que abundan en algunos de los aspectos que más preocupan al manchego: el cambio climático, el auge de la extrema derecha, el fanatismo religioso... que vienen a ser todos coadyuvantes en el deterioro de la sociedad y el planeta mismo.

Incide en el qué y en el cómo porque vuelve a embutir estos mensajes en un guión muy irregular, a base de diálogos que se antojan forzados y comprometen la verosimilitud de las conversaciones que se dan entre los personajes.

Donde acierta de pleno La habitación de al lado es en plano estilístico, que tanto cuida siempre Almodóvar: la paleta cromática, siempre pendiente de un rojo brillante, los espacios luminosos, vibrantes de color y una buena palada de alusiones artísticas directas que van de Joye a Keaton o Edward Hopper, eterno referente.

Es más, hay planos que son auténticos cuadros en movimiento y composiciones que son para enmarcar, un puro deleite al servicio de dos actrices fabulosas.

Los últimos grandes placeres de la vida

La habitación de al lado arranca con un suceso fortuito que va a cambiar la vida de Ingrid. Con su último libro recién lanzado al mercado, coincide con alguien que le habla de Martha, una vieja amiga aquejada de un cáncer de cérvix. Cuando acude a visitarla descubre que su estado se ha ido deteriorando poco a poco.

De hecho, se ha estado preparando para el desenlace de su vida, en el que quiere seguir manteniendo el control. Una vez que retoman el contacto, Martha le confiesa a Ingrid sus planes: quiere irse del mundo plácidamente en una casa que ha alquilado en el campo.

Le propone acompañarla, sin implicarla en ninguno de los pasos que conducirán a la extinción de su vida, para no procurarle problemas con las autoridades.

Durante el tiempo que comparten juntas rememoran sus conquistas sentimentales, el placer liberador del sexo, las experiencias que las marcaron y aquellos placeres sencillos que las han ayudado a seguir adelante: la lectura, la escritura, el cine, la naturaleza...

La habitación de al lado es una película contenida y elegante en el plano sentimental que acusa el impacto de querer entrar en demasiados terrenos. Todas y cada una de las digresiones en forma de flashbacks resultan impostadas y teatrales, quitando el foco además de lo que en verdad más nos interesa.

Funciona mejor cuanto más se interna en el binomio Tilda Swinton/Julianne Moore, a cuál más inspirada y desgarradora en su papel pero fracasa cuando subraya una y otra vez aspectos que podrían leerse entre líneas gracias a la puesta en escena y el devenir de la historia en sí.

Como si temiera ser malinterpretado o, peor aún, incomprendido, hace a los personajes verbalizar sus propias palabras en un juego que termina por resultar poco eficaz para hacer llegar sus, por otra parte, muy legítimas preocupaciones. Redunda en una simplicidad que no es propia de él.

A la postre, La habitación de al lado resulta ser más interesante como ejercicio de estilo y como experimento que una de sus mejores películas, que siempre fueron más complejas y auténticas.

En ellas podíamos reconocernos y nos procuraron un gran impacto emocional, del que esta cinta no puede hacer gala, a pesar de tratar un tema tan delicado como una enfermedad terminal y la gestión de la muerte y el duelo.

El esteta está ahí, con todos sus elementos reconocibles de sello autoral (incluyendo la banda sonora de Alberto Iglesias), pero pisa terreno resbaladizo al alejarse de otros aspectos identitarios. Almodóvar, gracias por trabajar con intérpretes tan talentosas y narrar una historia de amistad y cariño entre dos mujeres, pero vuelve a España, por favor.

Valoración

Nota 70

La habitación de al lado es una película singular en la carrera de un director singular. Funciona mucho mejor cuando se ciñe a su premisa principal, pero tiende a una excesiva literalidad y a perderse en digresiones innecesarias.

Lo mejor

Tilda Swinton y Julianne Moore en estado de gracia. El Almodóvar director de actrices y esteta.

Lo peor

Los flashbacks no funcionan y son narrativamente vacuos.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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