La isla de las mentiras
Análisis

Crítica de La isla de las mentiras, drama inspirado en el "Titanic gallego"

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de La isla de las mentiras, drama inspirado en el "Titanic gallego" que supone el debut en el largo de Paula Cons y cuenta en su reparto con Nerea Barros, Darío Grandinetti, Aitor Luna, Victoria Teijeiro y Ana Oca. En FilmIn desde el 24 de julio.

Algunas películas centran su interés en recrear pasajes olvidados de nuestra Historia, incluso aunque puedan resultar relativamente recientes. Es el caso de La isla de la mentiras, que nos lleva a redescubrir la isla de Sálvora, habitada a comienzos del siglo XX por unos colonos que se encargaron de labrar aquellas tierras y proveerse de lo que extraían del mar, además de mantener el faro, aunque a costa de tributar para el marqués.

Nos situamos en la madrugada del 2 de enero de 1921, momento en el que el buque Santa Isabel, que marchaba con unas 260 almas en su interior rumbo a Buenos Aires, se hundía frente a la costa de la isla gallega.

Con el guarda en paradero desconocido y los hombres embarcados para pescar y llevar provisiones a Sálvora, son las mujeres las que tienen que tomar las riendas de la situación y tratar de rescatar a cuantas personas pueden con sus escasos medios.

María (Nerea Barros), Josefa (Victoria Teijeiro) y Cipriana (Ana Oca), consiguen sacar de las aguas a un puñado de personas, un acto heroico que, sin embargo, despierta muchas suspicacias. Los homenajes en Vigo y las recompensan pronto se suspenden cuando se extiende la sospecha de que el hundimiento del buque ha sido provocado y no fruto de un accidente fortuito con la finalidad de robar.

La isla de las mentiras se inspira libremente en estos hechos reales trágicos e intenta dramatizarlos aún más introduciendo algunas subtramas que abundan en las viciadas historias personales de los habitantes de Sálvora: "pueblo chico, infierno grande", dice uno el personaje de Darío Grandinetti (Hierro) que da vida a un periodista argentino empeñado en desentrañar lo sucedido.

Tengamos en cuenta que este naufragio está considerado como la mayor tragedia marítima de la historia de Galicia, con 213 personas fallecidas de las 268 que viajaban en el barco de vapor y que, por ello, se conoce como el "Titanic Gallego" o "Titanic de Sálvora".

En el trasfondo encontramos desde intereses económicos hasta los miedos propios de los súbditos a los que se amedrenta con leyendas populares como la de la Santa Compaña. Una mezcla cruzada de supersticiones, barreras sociales y conflictos territoriales y monetarios.

Es la desigualdad entre las clases altas y las bajas la que define todo lo sucedido a lo largo de una noche terrorífica que la película recrea de una forma muy particular, dando cuenta del exiguo presupuesto con el que Paula Cons ha tenido que realizar su ópera prima. Así, la película nos escamotea gran parte de lo sucedido durante la operación de rescate, envolviendo a las protagonistas en niebla y gritos sofocados por las olas del mar. Es un recurso interesante, porque le permite al espectador "rellenar los huecos" y elucubrar sin llegar a ponerse completamente de su lado (cómo podría, sin haber visto lo que han hecho), pero también hace que el homenaje a esas tres valientes mujeres sea muy endeble.

No es una casualidad que los valores de producción no se hayan volcado en el esfuerzo de recrear el hundimiento en sí y el inmenso drama humano que se vivió en aquel paraje pontevedrés: La isla de las mentiras tiene por el contrario dos objetivos muy claros. El primero de ellos, lo consigue a la perfección y es es mostrar, como decíamos, las relaciones entre los personajes y todo lo que ocultan. Hay un interés casi antropológico en retratar los espacios, los atuendos, los afectos, las pasiones, las cuitas internas y la mordaza impuesta por los secretos que van minando la convivencia. También la forma en la que la propia abrupta orografía de la isla se corresponde con el carácter de las gentes curtidas por condiciones de vida muy duras. Magníficas, en este punto, tanto Nerea Barros (ganadora del Goya a mejor actriz revelación por La isla mínima) como Victoria Teijeiro y Ana Oca, que saben mimetizarse con sus personajes al punto de que parecen fotografías andantes de las mujeres del lugar de la época, escondiendo sus miradas de las cámaras de fotos, remangándose los faldones para poder trabajar el campo y cubriéndose con tocas de lana de los ojos de los hombres.

El segundo, por desgracia, queda fuera del alcance del metraje: es resarcir la memoria de esas valientes mujeres que batallaron con la mar para sacar de ella a cuantos pudieron sin perecer en el intento. Con el afán de alimentar el thriller, el guión incorpora elementos ajenos a la realidad que introducen elementos de profundidad en las motivaciones de los personajes. Así, resultan más ricos y complejos, pero también es más difícil para el espectador empatizar con ellas.

Respecto a la fotografía no se le puede poner un pero a la película: las vistas de Sálvora son preciosas y el tratamiento de la luz incide en la recreación de lugares abruptos e inmensos a la par que otros pequeños y asfixiantes, subrayando desde el plano estético la historia narrada.

En suma La isla de las mentiras es un viaje recomendable, no fidedigno en su totalidad por la cantidad de información incluida en un guión ficcionado coescrito por la directora y Luis Marías, pero que supone un debut para Paula Cons muy interesante. Ojo, la película participará en la 23ª edición del Festival Internacional de Cine de Shanghái (SIFF), el único festival de China de clase A y el primero en celebrarse tras el estallido de la pandemia. 

Valoración

La isla de las mentiras es un curioso thriller que se desarrolla en un lugar con unas condiciones de vida muy particulares. Mantiene el interés del espectador en todo momento, recreando la sociedad de 1921 de un lugar tan remoto y las desigualdades de clase que lastran la convivencia.

Hobby

75

Bueno

Lo mejor

La ambientación y la fotografía. La crudeza de las condiciones de vida en la isla de Sálvora, bien retratadas con un estudio casi antropológico.

Lo peor

Se nota la falta de medios a la hora de mostrar el naufragio: está resuelto con imaginación, pero podría haber sido más espectacular.

Y además