Jurassic World
Análisis

Crítica de la primera película de Jurassic World, de 2015

Por Raquel Hernández Luján

Veintidós años después de lo ocurrido en Jurassic Park, la isla Nublar ha sido transformada en un parque temático, Jurassic Wold, con versiones domesticadas de algunos de los dinosaurios más conocidos. Cuando todo parece ir a la perfección y ser el negocio del siglo, un nuevo dinosaurio de especie todavía desconocida y que es mucho más inteligente de lo que se pensaba, comienza a causar estragos entre los habitantes del parque. Repasamos la primera película de Jurassic World, que revitalizó la dinomanía en 2015.

Jurassic World te hará volver a ilusionarte, te hará reír y te hará disfrutar así que, a grandes rasgos, Colin Trevorrow conseguió filmar la mejor secuela de Parque Jurásico hasta la fecha, si bien hay que decir que El mundo perdido (Jurassic Park II) y Parque Jurásico III no se lo habían puesto demasiado difícil. Lo que no consiguió fue emocionar, más allá de los recuerdos que evoca de la magia desplegada por Spielberg en 1993, cuando hizo realidad el sueño de ver caminar a los dinosaurios entre los hombres por primera vez.

En gran medida, el diagnóstico que realizan los laboratorios InGen es aplicable al mercado cinematográfico: 22 años después de que los genetistas consiguieran ejemplares viables de dinosaurios, el público está hastiado y necesita algo más. Exactamente igual que le sucede al espectador. Ya no se conforma con ver gallimimus, T-Rex o velocirraptores para maravillarse o quedar aterrado, debe dar un paso más allá y ver un monstruo: más grande, más fiero, más atronador y, sobre todo, artificial. Justo los problemas que se le pueden achacar a esta película: todo espectacularidad, parca en significado. Un aspecto que la posterior Jurassic World: El reino caído ha sabido mejorar a varios niveles.

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Aunque Industrial Light and Magic hizo un esfuerzo que queda patente en el presupuesto de la película y el acabado final por combinar animatronics y efectos digitales, en la balanza salen ganando los segundos con algún cantado puntual. La integración es buena, pero es lo físico lo que nos conmueve.

Otra vez los humanos

Colin Trevorrow fue ambicioso, queriendo hacer muchas cosas en su película: recoger el testigo de la primera Jurassic Park con buenos enlaces (hasta la cadena de ADN de Hammond puede verse en el museo interactivo), retomar el punto de vista infantil esbozando un drama familiar, meter de soslayo una trama romántica y ofrecernos muchos y variados dinosaurios sujetos a los intereses económicos y estratégicos de los humanos.

Orquestar tantos elementos de una forma creíble y provechosa no es fácil y la primera Jurassic World presenta altibajos en su materialización. Imaginaos la utopía de Hammond hecha realidad: un parque temático familiar en el que puedes montar a tus hijos en pequeños triceratops, hacer piragüismo entre stegosaurios, pasear en giroscopio entre anquilosaurios, ver alimentarse a un enorme mosasaurio o visitar el nido de los archeopterix. En fin, una pasada.

La película te zambulle de lleno en una experiencia brutal, perfectamente montada para hacer dinero en torno a la recuperación genética de especies extintas que resulta muy realista y asequible a los tiempos en los que vivimos. Sin embargo, toda esa emoción que entronca con la esencia de la saga encuentra un enorme socavón en los humanos que pueblan la cinta. Y tiene narices que hasta sean más creíbles los dinosaurios que ellos y sus clichés (desde el niño llorando por el futuro divorcio de sus padres hasta ese Chris Pratt, haciendo de macho alfa de la manada postulándose a futuro Indiana Jones).

El Indominus Rex

La expectación máxima proviene de la curiosidad por saber cómo es ese Indominus Rex en cuyo diseño genético se han utilizado distintas especies animales y de dinosaurios. En general, aparte de ser más violento al matar "por deporte", más inteligente y estar dotado de cualidades que le permiten burlar a los responsables del parque, lo cierto es que se parece bastante al T-Rex.

Entre las novedades está el personaje de Owen. Chris Pratt se consolida como héroe un tanto trasnochado al que podríamos llamar "el hombre que le susurraba a los raptors" y se valdrá de su experiencia como adiestrador para valerse de ellos en su misión de devolver la paz al parque. Si Sam Neill fue el prototipo de paleontólogo con su pañuelo rojo, su camisa vaquera y su gorro de paja, ahora ya queda claro que lo que mola no es saber tanto de dinos sino ser capaz de controlarlos.

Respecto a los jovencitos: Ty Simpkins y Nick Robinson dan vida a Gray y Zach y es el primero quien acapara algo más de protagonismo, recordando a alguno de los personajes esbozados por Michael Crichton en sus novelas: inteligente, apasionado de los dinosaurios, observador y proactivo. Eso sí, ya sabéis que el guión de Rick Jaffa, Amanda Silver, Derek Connolly y Colin Trevorrow en esta ocasión es un salto sin cuerda que no se sustenta en ningún libro en particular sino que simplemente se inspira en el universo y los personajes del escritor.

De todas maneras, no os engañéis: la gran pregunta no es si logran sacudirse de encima al Indominus Rex, sino cómo consigue Bryce Dallas Howard pegarse esas carreras de campeonato con quince centímetros de tacón. Eso son efectos especiales, lo demás, un cuento.

Preguntas sin respuesta y un final atropellado

Jurassic World deja demasiados cabos sueltos, que van pesando a medida que sales de la sala de cine y empiezas a pensar la película. A decir verdad, da la sensación de que ninguna de las cosas que ocurren tienen demasiada trascendencia, La isla Nublar es un caos, pero... ¡No pasa nada! El lucrativo negocio del siglo se ha ido al carajo, pero... ¡No pasa nada! 

Así pues, no te queda más remedio que quedarte con la sensación de que ha sido todo un "quiero y no puedo". Y eso, a pesar de contar con secuencias gloriosas como la de la traca final (no os voy a spoilear).

Más violenta, con algún taco de por medio pero bien tamizada por el filtro pertinenente para llegar al gran público, la cuarta película de Jurassic Park se aseguró una entrada potente en la maltrecha taquilla veraniega de 2015. Parque Jurásico nos enseñó que el hombre no debe jugar a ser dios porque la naturaleza siempre se abrirá paso, en Jurassic World ni siquiera llegamos a recordar esa premisa, simplemente se habla de la imposibilidad de controlarlo todo. Espectacular pasatiempo, eso sí. Pero, sin duda, mucho menos asentada que el estupendo espectáculo que ha supuesto su secuela, Jurassic World: El reino caído.

 

Valoración

En su momento, fue la mejor secuela de parque Jurásico, aunque distaba mucho de la cinta original. Acierta en la forma en la que echa mano de la nostalgia, aunque le falta algo de miga.

Hobby

75

Bueno

Lo mejor

Los dinosaurios de ILM, la presentación del parque y los giroscopios.

Lo peor

Le falta emoción y un desenlace un poco mejor hilado, por más que sea una primera entrega.

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