Crítica de Leer Lolita en Teherán, una adaptación cinematográfica que sigue despreciando Irán

Crítica de Leer Lolita en Teherán, la película de Eran Riklis que adapta las memorias de Azar Nafisi, una maestra iraní que se negó a dejar de dar clase según sus valores.
Enseñar, como cualquier acto, es político, según nos muestra Leer Lolita en Teherán. En el ámbito de la educación, hay un cariz particular, puesto que se está formando a una nueva generación, pudiendo hacerlo desde dos perspectivas distintas.
Una más acomodada que se amolde a lo que exige la programación, y por tanto el sistema, u ofrecer un punto de vista único que provoque tener un pensamiento crítico sobre la sociedad que se habita, tal y como hace la maestra Azar Nafisi.
Azar Nafisi nació y vivió sus primeros años en Irán, para luego estudiar en territorios como Inglaterra o Estados Unidos, y terminar regresando a su tierra natal donde empezó a impartir clases en inglés que desafiaban los ideales de un país que cada vez se volvía más estricto con sus leyes.
Aquí es donde arranca la película, en el año 1979, cuando Azar Nafisi regresa a Teherán para convertirse en profesora de universidad, poco antes de que ascienda al poder un nuevo líder político, Ruhollah Jomeiní, quien reforzó la censura y le arrebató derechos a la mujer, entre otras cosas, haciendo que el hiyab pasara a ser obligatorio.
Incapaz de seguir impartiendo clases con normalidad, la protagonista de Leer Lolita en Teherán comienza a organizar idílicas clases particulares en su casa -en la que nunca faltan té, frutas y pastas- para un grupo selecto de alumnas que están deseosas por aprender sobre esa literatura que está vetada en el mundo exterior.

Con títulos como El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, Lolita de Vladímir Nabokov, Daisy Miller de Henry James u Orgullo y prejuicio de Jane Austen, el largometraje se estructura en cuatro capítulos como si de una novela se tratase.
Estos vienen acompañados por un salto temporal y una breve introducción a la situación que se está viviendo en el momento, prosiguiendo con la elaboración de los ejes centrales que se quieren tratar sobre cada obra durante los encuentros.
De manera independiente a la época o el país, las reuniones clandestinas siempre han existido como refugio para grupos excluidos en la sociedad, que no pueden expresar de manera abierta cómo se sienten, y que encuentran en estos espacios un lugar de libre expresión para conectar con personas que comparten ideales semejantes.
Quizá no sean un entorno pensado para iniciar una gran revolución, pero consiguen algo más importante: construir un espacio seguro y una red de apoyo para quienes tienen el valor de seguir asistiendo, por muchas trabas que encuentren.

La cinta acierta en su reflejo de los distintos puntos de vista que experimentan sobre todo los hombres en este contexto, al enseñarnos que entre quienes se posicionan de forma radical en una u otra dirección, también hay una amplia gama de grises:
Desde un alumno que apoya a Azar Nafisi con “peros” hasta un marido que sólo es capaz de mantener la libertad dentro de las paredes del hogar.
En el retrato femenino también encontramos ejemplos variados de mujeres que han sufrido situaciones muy diversas y hallan un punto en común, por eso la película se centra en enseñar la voz más inconformista en ellas -aunque cada una lo viva de una forma diferente, acorde a sus posibilidades y deseos- en lugar de reflejar asimismo el conservadurismo.

Leer Lolita en Teherán ha tardado 20 años en llegar
La cinta cierra en el año 2003, cuando Azar Nafisi tiene en sus manos la primera edición de la autobiografía que da nombre a esta adaptación cinematográfica de Eran Riklis, que escribe Marjorie David.
Han pasado más de 20 años desde su publicación original, y la novela todavía no había recibido una versión para la gran pantalla porque a su autora nunca le habían ofrecido una propuesta con la que estuviera satisfecha, hasta que llegó Eran Riklis.
El cineasta israelí incluyó en el elenco de su largometraje a actrices iraníes como Golshifteh Farahani o Zar Amir Ebrahimi, vetadas por el régimen islámico debido a su participación en películas occidentales.
En la actualidad, las obras que enseña Azar Nafisi a lo largo de los 108 minutos de metraje, siguen estando prohibidas en Irán y Leer Lolita en Teherán aún se enfrenta al desprecio del país.
En su día, la novela no fue bien recibida allí, siendo tachada de sionista, unos argumentos que se han continuado repitiendo tras el estreno de la película, y a los que también se suman las acusaciones hacia su “visión violenta, anticultural, antiartística y antihumana de Irán”.

El estudio de novelas ilegales se convierte en un marco muy atractivo para los temas de la cinta, puesto que cada escrito es susceptible de tener múltiples interpretaciones. Las más evidentes son las superficiales que recoge el régimen para su censura.
Pero al caer en nuestras manos, los libros adoptan un nuevo significado, diferente al que le quiso dar la persona que lo escribió, diferente al que tenga cualquier representante político, convirtiéndose en un posible objeto de debate y reflexión, un reflejo de las circunstancias propias que puede ayudar a comprender la situación que se atraviesa.
Leer Lolita en Teherán se estrena en cines españoles el próximo jueves 24 de julio.
Valoración
Nota 72
Leer Lolita en Teherán tiene un mensaje fácil de transmitir y se presenta en un envoltorio atrayente para conectar con las audiencias de todo el mundo gracias a su propuesta como biografía en clave feminista.
Lo mejor
Las reuniones clandestinas y la lectura de obras prohibidas son dos temáticas potentes con las que empatizar.
Lo peor
Habría sido interesante ver el punto de vista de mujeres contentas con los cambios implantados.