Mandy
Análisis

Crítica de Mandy, la película extrema de Nicolas Cage

Por Raquel Hernández Luján

Nícolas Cage se suelta la melena en esta crítica de Mandy, el largometraje de Panos Cosmatos con el que ha ganado en Sitges el premio al mejor director. Llega a los cines el 31 de octubre

Si ha habido una película que haya generado revuelo en los últimos tiempos, esa es Mandy, que se estrenó en España en el marco del Festival de Cine de Sitges y cosechó el premio al mejor director para Panos Cosmatos, el realizador italo-canadiense responsable del proyecto que nos ha traído de regreso al Nicolas Cage más histriónico y visceral.

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Vais a leer críticas muy diversas de esta película: a ciertos sectores de la crítica, la poética y lisérgica puesta en escena les ha cautivado, mientras que para los menos adeptos a la serie B y a las apuestas arriesgadas les va a costar encontrarle el encanto. Es fácil darse cuenta de esta dicotomía solo con ver dónde fue acogida con mayor frialdad, en Sundance, y dónde, por el contrario, ha hecho más ruido: en un festival como Sitges, donde casa como anillo al dedo.

La película Mandy parte de una idea sencilla que se desarrolla despacio: Nicolas Cage es en la ficción un leñador llamado Red Miller que vive con el amor de su vida, Mandy (Andrea Riseborough) alejado del mundo. Ella regenta una pequeña tienda y ocupa su tiempo pintando y leyendo novelas de fantasía, hasta que un fatídico día se cruza en el camino Jeremiah, el líder de una peligrosa secta, que se obsesiona con ella.

Decidido a poseerla, él y sus incondicionales seguidores invocan a una terrorífica banda de motoristas infernales que la raptan mientras dejan maniatado a Red, pero Jeremiah no queda satisfecho y decide deshacerse de ella. Red queda destrozado y con ansias de venganza, así que decide ir tras ellos con toda clase de armas pasa castigar su pecado.

La corrupción del alma y el duelo

Mandy es una película que está dividida en dos segmentos muy diferentes entre sí, por más que ambos tengan en común una mirada muy esteticista en la que priman la saturación del color, una variada paleta cromática, una banda sonora electrónica en la que resuenan ecos ochenteros para ambientar la historia y cierta obsesión con los primeros planos que nos podría hacer hablar de una suerte de neoexpresionismo.

Lo psicótico se hunde donde lo místico flota

Rara vez las palabras son las protagonistas de un relato que se desenvuelve entre la excentricidad y la poesía que destilan las imágenes y que incluye incluso algunos interludios oníricos plasmados en animación 2D.

Mandy póster

Red baja a los infiernos para que los captores de Mandy paguen sangre con sangre en este relato enclavado en la América rural que tiene tanto de trágico-cómico como de romántico-crepuscular. Un cóctel explosivo en el que no faltan anticipaciones a la orgiástica violencia que veremos desencadenarse en pantalla, desde la aparición del cervatillo muerto en el bosque y el relato intimista del recuerdo macabro de las crías de los estorninos.

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Se presiente que el mal está cerca desde el comienzo y lo que sucede no es más que una excusa para crear una ambientación y una sensación desasosegante en el espectador, que que a merced de la sonoridad y el color que se despliega ante él mientras se funden referencias que nos traen a la cabeza Suspiria, Hellraiser y hasta Mad Max... Erotismo, fantasía y una angustiante mitología conviven con lo esotérico y lo irracional elevado a la enésima potencia y Cage se entrega al desenfreno sin reservas, consciente de que la película solo podrá calar en un público minoritario.

No, Mandy no es la mejor película del año, ni el rol de Nicolas Cage en ella el papel de su vida (ya sabéis que a día de hoy parece que todo es blanco o negro: la peor mierda o una maravilla sin mácula). Si vais con esas infladas expectativas al cine, solo podéis salir decepcionados, pero sí encontraréis una interesante pugna entre el orden y el caos; el Bien y el Mal y una dantesca historia que se desarrolla en clave de colocón de LSD. La sensorialidad prima sobre la narración: es más importante la forma que el fondo, así que nuestra recomendación es que cuando se apaguen las luces del cine, simplemente os dejéis llevar y puede que os sorprenda descubrir el cuerpo que se os queda. La indiferencia no es una posibilidad, ni por asomo.

Una hora con Nicolas Cage

Un grupo privilegiado de prensa y fans tuvo acceso a la Masterclass de Sitges con Nicolas Cage en la cual el intérprete recorrió toda su carrera comenzando con sus obsesiones de juventud entre las que estaban series como The Twitlight Zone o The Outer Limits o el cine de Ray Harryhausen hasta alcanzar la madurez artística en la que se sigue declarando un seguidor incondicional del cine oriental en general.

En el caso de Mandy, dijo haberse implicado desde el comienzo del proyecto, cuando aún estaba en fase embrionario en plena escritura de guión y no sentirse apabullado por papeles que requieran una especial implicación por su parte. Si por algo se caracteriza es por darse en cuerpo y alma a sus papeles, algo que ha vuelto a hacer en esta película.

En estos dos reportajes os damos las claves de por qué mola Nicolas Cage y por qué no mola... Ahora, haceos vuestra composición de lugar y decidid si le dais una oportunidad a su nuevo trabajo. Lo que está muy claro es que tiene a sus espaldas una filmografía que le permite trascender más allá de sus memes.

Valoración

El segundo largo de Panos Cosmatos sorprende con una fotografía y una banda sonora realmente alucinantes: Mandy no se parece a nada que hayas visto antes, es toda una experiencia cinematográfica.

Hobby

73

Bueno

Lo mejor

Es tan loca y bruta como nos contaron pero también, a su modo, poética, y no veíamos a Nicolas Cage en un rol tan extremo desde hace años.

Lo peor

La historia es bastante simple, el encanto de la película reside en el "cómo" más allá del "qué". No es apta para todas las sensibilidades.