Crítica de Manual para señoritas: las vicisitudes de una carabina en la época de Galdós

Crítica de Manual para señoritas, la nueva comedia romántica de Netflix producida por Bambú Producciones y protagonizada por Nadia de Santiago y Álvaro Mel. Estreno el 28 de marzo de 2025.
La plataforma de streaming Netflix no afloja el ritmo y, tras estrenar bombazos del calibre de Adolescencia o La residencia, lanza este mismo viernes, 28 de marzo, la serie de ocho episodios Manual para señoritas, con una clarísima inspiración en Los Bridgerton o Buccaneers, pero con un aire decididamente diferente y un trasfondo humorístico.
¿En qué se traduce eso? En que es más que probable que sea fácil de exportar. Los espectadores de todo el globo están ya familiarizados con la fórmula: comedia romántica con toque picante y una enorme vistosidad.
Desde los primeros impases de la narración comprobamos cómo nuestra protagonista rompe la cuarta pared con un doble objetivo: aligerar la historia dirigiéndose de manera directa al espectador y generando hilaridad con sus comentarios, en los que arremete contra el narrador y contra una audiencia a la que señala como cómplice y a veces aviesa compañía que disfruta de su padecimiento. Y así es.
Para que esto funcione, es obvio que el reparto tiene que acompañar y la elección de Nadia de Santiago (Las chicas del cable) con su pícaro semblante es ideal. Se presenta como la protagonista de una historia de amor cuando en verdad, dada su profesión de carabina, debería ser más bien la artífice de satisfactorios enlaces matrimoniales.
Elena Bianda es una mujer muy práctica que ejerce como acompañante y confesora de las hijas de las familias más pudientes de una gran ciudad de finales del siglo XIX. Su cometido es el de servir a señoritas en edad casadera para conseguir enlaces duraderos y exitosos: salvar la honra de la estirpe sin dejar de escuchar las demandas de las jóvenes para procurarles felicidad.
Lo malo es que, cuanto mejor hace su trabajo, menos le dura, algo que le preocupa en especial en la medida en que se aloja en las casas de los señores a los que sirve. Cuando se presenta la oportunidad de fichar por parte de un viudo que tiene tres hijas, no se lo piensa dos veces. Se asegura el puesto (y el techo) para una larga temporada.
La prioridad es casar a la primogénita, Cristina, que tras la muerte de su madre está sumida en una enorme tristeza. Elena se convierte en su confidente y su fiel amiga, animándola a disfrutar de la vida, aconsejándola y guiándola en el proceso de encontrar un buen marido procurando su dicha aún a costa de la suya propia.
Los enredos no se hacen esperar a medida que descubrimos el pasado que dejó atrás Elena y amenaza con regresar en el momento menos apropiado. Pero, sobre todo, por el voluble carácter de Cristina, que no tiene claros sus sentimientos. Para colmo, su archienemiga Alicia tratará de quitarle el puesto a toda costa haciendo gala de las artimañas más arteras.
Toques gamberros
Gema R. Neira y María José Rustarazo son las creadoras de una serie en la que es tan importante el qué como el cómo. El diseño de producción de Manual para señoritas tira la casa por la ventana con un diseño de vestuario fastuoso, impresionantes decorados y localizaciones idílicas muy bien vestidas para lucir en pantalla. de maravilla.
La fotografía, asimismo, busca resaltar al máximo la paleta de colores pastel, casi omnipresente, y se decanta por una hiperluminosidad que a veces llega a quemar los fondos en pro de una imagen elegante, naif incluso, que casa muy bien con la idea principal.
Por lo demás, Manual para señoritas se aleja de los estándares gracias a sus constantes juegos con el espectador. Desde los títulos de los episodios, cada uno de los cuales parecen consejos que van a ser contravenidos uno tras otro, los juguetones créditos iniciales, sobreimpresiones de rótulos, apartes constantes de nuestra protagonista y música pop y rock cuando pega (extradiegética siempre).
Es otra serie, como La vida breve, que sabe también sacarle partido a nuestro patrimonio histórico, afilad el ojo para ver cómo se han trabajado algunas de los monumentos que han servido de sede de rodaje pero también los jardines y espacios abiertos en los que se generan verdaderos cuadros en movimiento que nos desplazan en el tiempo.
Hay espacio incluso para alguna tibia y siempre desenfadada reivindicación de los derechos de la mujer, de la diversidad étnica y sexual, así que no deja de lado un discurso social muy definido. Queda en el lado del "debe" meter algo más de contexto histórico.
La duración de los episodios que rondan los 40 minutos duración hace factible una maratón y el final abierto, con un claro "continuará" nos emplaza a una segunda temporada que ya está en desarrollo. Es un gol por la escuadra porque se deshace de las ínfulas y la melaza de otras series parecidas y aporta más humor, haciendo que sea más digestiva. Nada que envidiar a otros proyectos, por tanto.
Valoración
Nota 70
Manual para señoritas tiene claro el público al que se dirige y la forma que quiere darle al relato para refrescar el género: ingeniosa y elegante, sabe mantener el interés y despertar una sonrisa.
Lo mejor
El tono desenfadado de la narración, el carisma de la protagonista y el esfuerzo del diseño de producción.
Lo peor
Algunos eventos levantan una expectación que no germina como la sesión de espiritismo.
