Crítica de Me he tragado un extraterrestre (Head Space), animación familiar más que digna

Crítica de Me he tragado un extraterrestre (Head Space), la película de animación dirigida por Paul Meyer y Gerhard Painter que reivindica el talento sudafricano.
Vercine estrena Me he tragado un extraterrestre (Head Space) en España para inaugurar su recorrido internacional. Estamos ante una película de animación creada en Sudáfrica, de modo tal que es una pequeña rareza en el panorama audiovisual, fruto de un gran esfuerzo conjunto.
La productora es Luma Animation, un estudio de animación de renombre con sede en la ciudad de Johannesburgo. Y para pulir la técnica y el resultado han contado con el apoyo de The Ergo Company como productores, el respaldo de la Corporación de Desarrollo Industrial de Sudáfrica y la financiación y distribución de Indigenous Film Distribution.
Los directores de la película, Paul Meyer y Gerhard Painter, reivindican con esta animación el talento sudafricano en el género, por el que llevan apostando veinte años y del que hemos sido testigos también gracias a la última tanda de cortos de Star Wars Visions en el que había una pieza creada por otro estudio, Triggerfish, que dejó el listón alto.
Ellos definen así su proyecto: "es como una versión amistosa y familiar en el espacio de La invasión de los ladrones de cuerpos. ¡Es una película de adolescentes en el instituto con aliens y zombies! Y con un montón de acción".
¿De qué trata la peli?
Max es un muchacho soñador que está convencido de que existe vida inteligente más allá de la Tierra. Trabaja en una tienda de cómics dando rienda suelta a su imaginación y trata de encajar en su instituto, a pesar de tener un perfil bastante freak que le pone las cosas cuesta arriba.
Por su parte, Gus, Sophie y Max, son los integrantes del equipo de la Fuerza de Protección Espacial que lucha contra el crimen en el universo y en concreto contra Zolthard, un megalómano villano que quiere conquistar la galaxia entera con su ejército de drones.
Cuando están tratando de culminar una misión de ataque, sufren un accidente en su nave microscópica y se introducen por un agujero de gusano que les lleva directos a nuestro planeta. Concretamente, al refresco de Norman, porque su tamaño respecto a los humanos es diminuto. Así que son absorbidos y tienen que comunicarse con Norman... desde dentro.
Tras ellos, Zolthard, que terminará introduciéndose en la cabeza de la directora Witherington, donde implementará sus habilidades de control mental para manipularla y tratar de comunicarse con su nave nodriza. Norman, sus amigos y los alienígenas deben librar una lucha intergaláctica entre el bien y el mal sin que el instituto lo sepa. ¡Y entre tanto, siguen teniendo deberes que entregar!
Fuentes de inspiración muy familiares
Los referentes de la película Me he tragado un extraterrestre son muchos: desde los clásicos de aventuras de Pixar como Toy Story o Buscando a Nemo, cintas de corte familiar de finales de los ochenta como El chip prodigioso o Cariño, he encogido a los niños o pelis animadas como Planet 51. Hasta tiene algo que recuerda a Paranorman en lo referente al diseño de los personajes.
Por lo demás, la película desarrolla valores muy afines con el público infantil y juvenil al que se dirige: la amistad, el trabajo en equipo, la aceptación en el grupo y, claro está, la lucha contra la injusticia. Puede que el villano sea algo formulario, así como lo son sus secuaces, simples zombis a los que maneja a su antojo, pero cumple su cometido de darles un propósito conjunto a los demás.
También hay que señalar que Me he tragado a un extraterrestre sigue una narrativa muy clásica, sin meterse en demasiados líos: no resulta estridente en ningún aspecto, pero también tiene dificultades para diferenciarse. No resulta ni en exceso divertida, ni dramática o reflexiva: no despierta grandes emociones ni termina de despuntar por la brillantez de su guión.
Con todo y con eso ofrece un entretenimiento blanco, agradable y que cumple con las expectativas, especialmente con el acabado visual final, en un género tan exigente como es el de la animación. Es un buen plan cinéfilo para cerrar el verano con los pequeños de casa.
Valoración
Nota 67
Sencilla pero funcional, colorista y simpática, esta película de animación se dirige a un público joven sin dejar de apelar a la nostalgia de la audiencia más madura. Es un buen cóctel, al que quizás le falta un pelín de chispa, pero que funciona.
Lo mejor
La calidad de la animación, el diseño de los personajes, la iluminación... Es un proyecto de gran acabado técnico.
Lo peor
El guión es bastante sencillo y no levanta grandes pasiones: ni es desternillante, ni apelando a la emoción.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

