Crítica de Mi gran amiga Ana Frank, la tibia adaptación de los relatos de Hannah Goslar, ya en Netflix

Ben Sombogaart trata de arrojar una nueva perspectiva al archiconocido relato de la tragedia de Ana Frank con su nueva película, distribuida por Netflix, que ya podéis encontrar en la plataforma.

Netflix ha empezado 2022 con un aroma muy de mediados del siglo XX, con películas como Múnich en vísperas de una guerra o la cinta que hoy nos ocupa.

Se trata de Mi gran amiga Ana Frank, una película holandesa dirigida por Ben Sombogaart que aborda la historia de Ana Frank durante la Segunda guerra mundial desde la perspectiva de su mejor amiga: Hannah Elisabeth "Hanneli" Pick-Goslar.

Profundizar en un género tan trabajado como el de los dramas basados en el Holocausto judío, basados o no en hechos reales, es una apuesta arriesgada, aunque sigue teniendo un nicho de mercado con seguidores muy interesados en los hechos históricos.

Hoy en Hobby Consolas os traemos nuestra crítica de Mi gran amiga Ana Frank, ya podéis encontrar esta película en Netflix, por si queréis verla antes de continuar leyendo, aunque no encontraréis spoilers.

UNA PERSPECTIVA ALGO DIFERENTE

Como su premisa indica, Mi gran amiga Ana Frank no va a seguir a Ana Frank, como han hecho las numerosas adaptaciones en cine, televisión y animación a lo largo de las décadas.

En su lugar, la película de  Ben Sombogaart adapta Memories of Anne Frank: Reflections of a Childhood Friend, escrita por Alison Leslie Gold, quien recopiló los relatos de Hannah Goslar.

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Se trata de una película que nos contarán en dos tiempos diferentes, uno en 1942, ambientado en Amsterdam, y otro en 1945, ambientado en el campo de concentración de Bergen-Belsen.

Los relatos en dos tiempos funcionan bien en ocasiones, pero otras hacen pesado el ritmo de la película. Esta es una de esas ocasiones, con una cinta de apenas 103 minutos, Mi gran amiga Ana Frank no abusa, pero no acierta con estos saltos en el tiempo.

¿ESTAMOS INSENSIBILIZADOS?

Uno de los problemas que desprende Mi gran amiga Ana Frank es que, narrativamente, no es capaz de que empaticemos con las dos protagonistas

Pese al buen trabajo de Aiko Beemsterboer (Ana Frank) y Josephine Arendsen (Hannah Goslar), las fases de la película que deberían conseguir que empatizásemos con ellas, no cumplen su objetivo.

Esto se traduce en que Mi gran amiga Ana Frank no consiga evocar el sentimiento que pretende en su fase del campo de concentración. No es que genere indiferencia, pero tampoco logra remover conciencias.

En este punto es importante hacer un pequeño inciso para comprender que, a estas alturas, hemos visto tantas formas distintas de abordar el Holocausto que es complicado dar con la clave a nivel narrativo para que otra historia (conocida, además) sobre esta tragedia nos golpee con fuerza. Y ojo, que Taika Waititi atinó bastante con Jojo Rabbit hace unos años.

Con historias en la memoria como La lista de Schindler, La vida es bella, El niño con el pijama de rayas, El pianista, La ladrona de libros o las mentadas múltiples versiones de El diario de Ana Frank, La cinta de Netflix tiene poco que ofrecer, por no decir nada.

LE FALTA DESARROLLO

Mi gran amiga Ana Frank es una película correcta a nivel visual. Los cineastas europeos tienen maestría a estas alturas para recrear los escenarios de la Segunda Guerra Mundial.

En el ámbito de la fotografía tampoco tiene pegas, no es brillante, pero no desentona en absoluto. Y la banda sonora de Merlijn Snitker cumple su cometido sin problemas.

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Pero, siempre hay un pero, el gran error está en el desarrollo. La película nos advierte, tras una larga retahíla de logos de productoras, que se trata de una dramatización abreviada y/o modificada de los relatos de Hannah Goslar.

Posiblemente, al conjunto de la película le hubiera hecho falta algo de recorrido previo bien hilado con la amistad entre las dos jóvenes, porque en líneas generales, lo que vemos en la época de 1942 no motiva ninguna reacción en el espectador, como hemos dicho.

Al no haber leído el libro de Alison Leslie Gold no sabríamos decir cuánto se ha "abreviado" la historia, pero falta alguna pieza en el puzzle que nos haga comprender la lealtad casi ciega que Hannah Goslar profesaba hacia Ana Frank.

Si os gustan las películas ambientadas en esta época y empaparos de relatos o historias basadas en los hechos del Holocausto, hay muchas opciones mejores que Mi gran amiga Ana Frank.

No obstante, dado que se trata de una pieza, esencialmente, única con una perspectiva algo diferente de un relato largamente conocido, no perderéis el tiempo si decidís verla, una vez.

Valoración

Nota 63

Pese a estar basada en relatos reales de Hannah Goslar, la película no consigue que la historia evoque esa gran relevancia de la amistad que pretende transmitir. Se mantiene por su factura técnica, pero no por su desarrollo narrativo.

Lo mejor

Técnicamente no tiene grandes pegas. Aiko Beemsterboer y Josephine Arendsen mantienen bien el peso de la cinta.

Lo peor

Más allá de la perspectiva de la historia, no aporta grandes detalles. Narrativamente tiene fallos graves para generar empatía en el espectador.

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Javier Cazallas

Redactor

Javier Cazallas es redactor y crítico de HobbyCine desde 2016. Está especializado en cine y series, así como en todo lo relacionado con la cultura pop.

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