Crítica de Misión imposible: Sentencia final - McQuarrie y Cruise lo dan todo por el espectáculo

Paramount Pictures

Crítica de Misión imposible: Sentencia final, la continuación de Misión imposible: Sentencia mortal y octava cinta de la franquicia de acción liderada por Tom Cruise. Estreno en cines el 23 de mayo de 2025.

Misión imposible: Sentencia final es la octava entrega de la franquicia cinematográfica que se inició en 1996 como adaptación de la famosísima serie de televisión... pero es mucho más que la última en llegar a las pantallas de cine: es una apuesta decidida por elevar el listón y dejarlo en alto, suspendido de cara al futuro.

¿Podría haber más entregas? Desde luego que sí: ya sea a modo de continuación, de precuela o spin-off, el espíritu de la saga continúa intacto porque siempre habrá imaginación para articular una nueva aventura en la que los riesgos sean tan altos y las dificultades tan extremas que el logro lo experimentemos todos con verdadero regocijo.

Y, qué demonios, que le echen un galgo a nuestro amigo Cruise... nos da una paliza corriendo aunque nos saque unas décadas y ha dejado clarinete que piensa seguir rodando hasta los 100 años. Querer es poder, así que no hay más preguntas, señoría.

Lo que no volverá a pasar nunca más, porque a la vista está que comercialmente ha sido una mala decisión, es que vuelva a conformarse un argumento dividiéndolo en dos películas. No solo es decepcionante para el público, que se queda a medias y a expensas de largas esperas ,sino que no sale a cuenta.

Esta polémica idea le ha jugado una mala pasada al proyecto multiplicando costes y poniendo en serias dificultades el retorno de la abultadísima inversión. El presupuesto ronda los 400 millones de dólares siendo la más cara de la saga y va a requerir al menos 1.000 millones de recaudación, que son palabras mayores (la anterior costó 290 y recaudó casi 600).

También hay un evidente cambio de registro entre Sentencia mortal y Sentencia final. No es que se haya perdido por completo el sentido del humor, pero las dos horas y 50 minutos de metraje de esta última entrega ya nos permitían vaticinar un sentido de cierre y por tanto un tono más oscuro y trascendental.

Pero es que de manera adicional añade un problema más: peli más larga, más difícil programar pases, más complicado mantenerse en salas en el largo plazo. Veremos. Lo que nos toca juzgar aquí es cómo lucen esos millones en pantalla.

Vaya por delante que esto es espectáculo (¡a eso vamos al cine!) y que el tándem McQuarrie-Cruise sigue muy bien engrasado, pero dejemos claro que cuando lucen músculo de verdad, uno tras la cámara y otro delante, en dos momentos estelares de la película: las secuencias del submarino y las de las avionetas... Muy especialmente éstas últimas con un montaje paralelo de infarto.

Por lo demás, le cuesta arrancar. No le queda otra que "hacer los deberes" recordando los momentos estelares de la saga y refrescando la entrega anterior, de 2023 (sí, dos añazos han pasado ya), para hacer que fluyan las explicaciones y comprendamos la estrategia de Ethan Hunt para derrocar a la Entidad.

Entre medias hay un batiburrillo importante, engalanando de sofisticación conceptos físicamente inconcebibles.

Punto de partida

Toda película que se precie de Misión imposible debe empezar justamente con una misión, en un formato autodestructivo cinco segundos después de haber sido transmitida.

El agente Ethan Hunt tiene en su poder la llave cruciforme que podría darle acceso al código fuente del omnipotente programa de IA conocido como la Entidad, cuyo poder se ha ido extendiendo por todo el globo creando un estado de paranoia general, alimentando un culto apocalíptico y amenazando en última instancia los arsenales nucleares de las potencias más letales.

Para él y su equipo el crono se pone en marcha en una peligrosísima cuenta atrás en la que la meta será pararle los pies a Gabriel antes de que consiga apropiarse de la Entidad o que ella misma se haga con el control de las armas que podrían exterminar la vida en la Tierra.

La grandilocuencia de la premisa alcanza proporciones estratosféricas y el encumbramiento de Hunt como héroe del que pende toda la diatriba (a mayor gloria de un Tom Cruise cuyo ego no conoce límites y en buena hora que así sea) hace que todo tenga el encanto habitual de la saga. ¿Increíble? Sí, claro, como debe ser, de otro modo no lindaría con lo imposible.

El guión de Bruce Geller, Erik Jendresen y Christopher McQuarrie tiene sus puntos fuertes y débiles. Por un lado se nota que le han dado muchas, muchísimas vueltas. Que ha habido regrabaciones, alteraciones en los planes originales y mucho debate acerca de la capacidad del público para reconocer personajes, pillar guiños y referencias y contextualizar la aventura.

No se les puede reprochar demasiado: han pasado casi 30 años desde la primera entrega, así que han tirado por la calle de en medio: los flashbacks. Y no son pocos. Tradicionalmente cortan el ritmo de la narración y es buena idea medirlos para utilizarlos como recurso en el menor número de ocasiones posibles. Aquí se valen de ellos con profusión hasta el punto de resultar repetitivos.

El montaje del comienzo es uno de los defectos de la película más claros: el argumento llega a enrevesarse tanto y las explicaciones son tan necesarias como agotadoras y hay planos que no casan del todo entre sí. Compramos la propuesta por la brillantez de lo que está bien hecho, que es mucho, pero no podemos dejar de señalar lo que funciona peor.

Tampoco habría estado de más sacarle lustre a muchos de los intérpretes que se han sumado a la función. Destacan Hannah Waddingham, Nick Offerman, Angela Bassett, Holt McCallany o Tramell Tillman. Todos están fabulosos y defienden personajes molones y todos nos dejan con ganas de más, como si su trabajo no tuviera espacio para respirar.

Misión imposible: Sentencia final no es tan redonda como nos habría gustado contaros y no es porque no asuma riesgos o porque no le hayan dado vueltas. Quizás es porque, a veces, lo que prende la mecha es la sencillez y aquí la ganas de amarrarlo todo le han restado fuerza al concepto central y han estirado demasiado las partes narrativas menos apabullantes.

Nadie echará de menos los momentos emotivos, la acción, ni los buenos sentimientos que hay detrás del héroe en simbiosis con su equipo (nuevo equipo, casi en su totalidad) pero sería una hipocresía no admitir lo que se echa de menos a Ilsa Faust, el color, el desparpajo y la liviandad. El peor de enemigo de la película es haber tenido entregas más directas y contundentes.

Pero, con todo y con eso, ¿se disfruta? Oh, vaya que sí. Las sobradas de Ethan Hunt son delirantes y hay momentos dignos de aplauso. De verdad que pocas películas alcanzan a ofrecer un espectáculo tan loco y tan de la vieja escuela. Los enamorados de la acción y de las acrobacias en el aire no pueden perderse esta cita con Misión imposible: Sentencia final. Final... por el momento.

Valoración

Nota 78

Misión imposible lo da todo en una octava entrega en la que hay una voluntad expresa de dejar cerradas muchas tramas, recuperar personajes y aportarle un tono de oscuridad y gravedad extra a la propuesta. No es perfecta, pero al menos arriesga.

Lo mejor

Las secuencias aéreas de las avionetas son magníficas así como el manejo de la tensión en el tercio final de la película.

Lo peor

Al comienzo es cuando más se aprecian pequeños problemas de montaje y mucha carga explicativa para refrescarle la memoria a la audiencia.

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Título original

Mission: Impossible - The Final Reckoning

Lenguage original

Inglés

Presupuesto

400.000.000,00 $

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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