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Muerte en Salisbury
Análisis

Crítica de Muerte en Salisbury, la serie basada en hechos reales de la BBC que puedes ver en Movistar+

Crítica de Muerte en Salisbury (The Salisbury Poisonings), la serie basada en hechos reales de la BBC que puedes ver en Movistar+ a partir del 30 de octubre de 2020.

Se acerca Halloween y siempre es preceptivo estar al tanto de la programación especial de las plataformas digitales para pasar un rato terrorífico pero no es menos cierto que la realidad nos provee de otros ejemplos de situaciones escalofriantes en las que no median brujas, fantasmas ni casas encantadas. Eso sí, se pone en juego la salud de miles de personas por parte de una amenaza invisible como sucede en Muerte en Salisbury. Decidme si no da miedito esto.

Fiel a su audiencia, la BBC ha entregado otra miniserie basada en hechos reales que no puede ser más oportuna a raíz de lo que estamos viviendo en plena segunda ola de una emergencia sanitaria mundial que está cabalgando en estos momentos por toda Europa.

Y de la que tenemos mucho que aprender, por cierto, ya que además de mostrar el comportamiento de las autoridades competentes explora también a la perfección las fricciones entre distintos departamentos con intereses encontrados, la implicación personal de aquellos con más responsabilidades y con más humanidad hacia sus congéneres, la actitud de los civiles golpeados por la situación y el impacto económico que supone la contención de un grave riesgo sanitario para los negocios locales y las arcas públicas. ¡Es todo tan familiar!

Muerte en Salisbury nos desplaza, como decíamos, a un pasado reciente para recuperar un hecho que tuvo una gran repercusión mediática y diplomática. En 2018 se produjeron en la ciudad británica de Salisbury una serie de envenenamientos perpetrados con "novichok", comenzando por un hombre llamado Sergei Skripal y a su hija Yulia, que aparecieron inconscientes en el banco de un parque.

Dicha sustancia, altamente tóxica, está considerado como uno de los agentes nerviosos de origen sintético más letales para el ser humano y fue desarrollado en la URSS entre los años 1970 y 1980. 

Pocas horas después de dirigir el examen forense de la vivienda de los Skripal, el detective inspector Nick Bailey comenzó a encontrarse mal. Mientras la policía llegaba a la conclusión de que se trataba de un intento de asesinato con un objetivo político, varios rastros de este veneno eran hallados en distintos puntos de la ciudad, sumiendo a la población en una situación de alerta sanitaria e incertidumbre.

El caso pronto desbordó las oficinas de Salud Pública, desde donde Tracy Daszkiewicz, directora del área, trató de garantizar la seguridad de los ciudadanos y gestionar una situación que se les escapaba de las manos por su complejidad.

Puede que Muerte en Salisbury no sea una serie fácil de ver en estos momentos, no lo vamos a negar. Muy pegada a la realidad y documentada con esmero, recoge incluso declaraciones de la clase política en los medios de comunicación y trata de valerse de una concepción muy verosímil de las relaciones entre los personajes que pueblan la historia y que nos llevan a conocer la situación desde distintos puntos de vista.

Tras un primer episodio de gran impacto en el que se empieza a atisbar la letalidad del novichok y su prácticamente nula capacidad de degradación con el paso de los años, la serie va in crescendo en lo que a tensión se refiere. En pocas palabras, lo que parece un ataque selectivo muy dirigido y que en principio podría haber tenido un corto alcance, se revela como una amenaza en el largo plazo y en un radio perimetral mucho más grande de lo estimado en un principio.

A lo largo de los cuatro episodios de aproximadamente una hora de duración de los que consta esta miniserie vemos cómo la precaución, la ejemplaridad y el esfuerzo personal consiguen salvar vidas, eliminar focos de contaminación y hacer evolucionar la crisis a una situación de relativa normalidad. Y decimos relativa porque, de hecho, al ser una sustancia creada ex profeso para ser indetectable puede que haya depósitos que a lo largo de los años salgan a la luz de la peor forma posible: segando vidas.

Olvidaos de fanfarrias y artificios, Muerte en Salisbury no es una serie morbosa ni estridente (interpretaciones como la de Rafe Spall, que son las más duras por la gravedad de su envenenamiento, no son el foco principal de atención) sino que trata de ser fiel a unos hechos que convulsionaron a nuestros vecinos británicos y a la comunidad internacional. Por ello y por lo que nos enseña (para bien y para mal) debería ser de obligatorio visionado. No la dejéis pasar.

Valoración

La BBC cumple una vez más analizando desde la ficción un hecho real y reciente que puso y aún pone a día de hoy en peligro la salud de cientos de personas en Reino Unido. Hay mucho de lo que aprender aquí que puede servirnos para el momento actual que estamos atravesando.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

La actualidad de la crisis sanitaria, que ahora, apenas dos años después y por el impacto del COVID vemos de una manera muy distinta.

Lo peor

Hay algunas tramas secundarias que no resultan tan apasionantes como la principal y le restan un poco de impacto.

Y además