El niño que pudo reinar
Análisis

Crítica de El niño que pudo ser rey - El Rey Arturo de 2019

Por Jesús Delgado Manzano

El niño que pudo ser rey es la nueva película de 20th Century Fox que reinterpreta la leyenda del Rey Arturo Pendragón de Camelot. Analizamos esta película juvenil, que hereda rasgos de clásicos del cine de culto de aventura.

El 15 de marzo llega a los cines de España El niño que pudo ser rey, la nueva película de Joe Cornish, director de Attack the Block y co-guionista de títulos como Ant-ManLas aventuras de Tintín: El secreto del unicornio. Este nuevo proyecto de Cornish apuesta por volver la vista atrás, recuperando el "pasado glorioso" de Gran Bretaña para los espectadores más jóvenes en un filme que es una carta de amor a la tradición artúrica.

El niño que pudo ser rey (The Kid Who Would Be King) es la historia de Alexander Eliott (Louis Ashbourne Serkis), un preadolescente que es objeto de bullying por parte de los matones del colegio. También lo es su mejor amigo, Bedders (Dean Chaumoo), quien nunca se separa de su lado. Una serie de acontecimientos harán que Alex descubra una espada incrustada en una roca y que, al igual que el mítico Rey Arturo, logre sacar el arma de la piedra.

Esto, desgraciadamente, también liberará un milenario mal que había permanecido dormido, en espera de que llegara su momento. El regreso de esta sombra obligará a Alexander a seguir los pasos de Arturo Pendragón, reunir un ejército y caballeros entre sus compañeros de clase y embarcarse en una misión que lo llevará a través del corazón de Inglaterra. De esta forma comienza El niño que pudo ser rey, una película de aventuras para toda la familia que pasamos a analizar en los siguientes párrafos. 

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Madera de película de culto

Posiblemente, El niño que pudo ser rey no pase a la historia como la película de aventuras del año. A pesar de que a nivel internacional las críticas le están siendo más o menos favorables, lo cierto es que los números de taquilla no acompañan al proyecto, que está siendo un fracaso de recaudación en sus primeras semanas de vida. Lo que sí creemos, es que, con el tiempo, esta cinta se convertirá en una película de culto entre los amantes del cine fantástico y juvenil.

Y es que, si bien el proyecto de Cornish no es nada novedoso o revolucionario (todo lo contrario, más bien) sí es heredero de una serie de películas y de una forma de entender los filmes orientados a público juvenil e infantil, propia del pasado siglo. Películas como Los Goonies, La Bruja Novata, Hook o, incluso, El mago de Oz de 1939 inspiran esta cinta, su formato y desarrollo.

Este rasgo es, en muchos sentidos, su principal punto fuerte, pero también su talón de Aquiles. En un momento tan cínico y descreído como el que vivimos, planteamientos tan "blancos" como los que ofrece esta película, hacen que el filme resulte anacrónico o fuera de su tiempo. Y es que, a día de hoy, es muy complicado llegar al público juvenil sin caer en lo complaciente, ni tampoco pasarse de la raya con chistes que solo entiendan los adultos. 

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Dicho de otro modo, El niño que pudo ser rey llega a estrenarse en los años 80 y hubiera sido una cinta que recordaríamos con nostalgia. Sin embargo, su estreno se realiza frente a unos espectadores cada vez más críticos y con unos analistas que son paulatinamente más exigentes. Tanto que, a veces, olvidan que una película infantil no tiene por qué reinventar nada y no por ello deja de ser perfectamente funcional y eficiente.

Desde este mismo punto de vista, podemos entender que sus actuaciones, sin ser profundas, son correctas; que ciertos giros de guión sean previsibles, pero del todo lógicos; que en ciertos aspectos sea condescendiente, para salvar la cara y recordarnos que esta es una película para todos los públicos; que sus efectos especiales aprovechan escenarios oscuros o de noche para aparentar mejor puesta en escena; y otros tantos detalles que perdonaríamos a películas de hace veinte años, pero que hoy son más criticables.

Además, esta película de aventuras juvenil también tiene algunos puntos positivos a tener en cuenta, que juegan a su favor si usted es un padre o madre que quiere llevar a la chiquillada a ver una película sana para los menores de edad. Recrea una serie de ideas básicas del género como el viaje del héroe, hace una exaltación de valores positivos a nivel universal y realiza un repaso bastante digno a ciertas ejes centrales de los mitos del Rey Arturo, que puede hacer que los niños y niñas se interesen por el trasfondo del filme.

Además, a modo de excusa para hacer "turismo desde la sala de cine" tampoco está nada mal. Sobre todo, gracias a excusa del road trip, que exhibe la campiña inglesa a imitación de los planos paisajísticos de El Señor de los Anillos de Peter Jackson.

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Sin embargo, ya basta de ejercer como abogados del Diablo, es cierto que El niño que pudo ser rey tiene defectos inherentes de forma y fondo. El primero de ellos es su discurso eminentemente británico, con una exaltación de los valores artúricos, el pasado mítico de la isla y de las figuras legendarias que conforman buena parte de la tradición cultural inglesa. Esto supone una barrera cultural a tener en cuenta. Sobre todo con ciertos chistes y humor, que es más propio de los británicos que del resto del mundo.

Paralelamente, la cinta se extiende demasiado y da la sensación de que le sobra, fácilmente una media hora de metraje. De hecho, aunque sigue la estructura de los tres actos, propia del cine actual, el tránsito entre el segundo y tercer acto es muy abrupta y bien parece que la historia se divida en cuatro partes en lugar de en las tres que establece el canon actual. Esta estructura implica una importante reducción de ritmo casi a la media hora de alcanzar el desenlace, lo cual implica que el espectador medio pierda interés llegado este punto y desee irse a casa, en lugar de seguir en la butaca.

Con todo, insistimos, es mejor verla con ojos inocentes y tomársela como lo que es: entretenimiento ligero e intrascendental, destinado a que los niños de la casa se sientan como reyes y reinas. Aunque solo sea por un rato. 

Valoración

Reinterpretación del mito artúrico con un tamiz moderno y actual. Su target, eminentemente infantil y juvenil, la hace algo condescendiente y anacrónica. Un entrentenimiento ligero al que no se le puede pedir más.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Los rasgos que adopta de películas del género similares. La premisa del viaje del héroe y el formato de road-trip por Inglaterra.

Lo peor

Es una cinta eminentemente británica y un poco reducida a esta nacionalidad. Su planteamiento y discurso son algo anacrónicos. Se extiende demasiado.