Crítica de Poquita fe 2, una nueva temporada aún más descacharrante

Crítica de la segunda temporada de la serie de humor Poquita fe creada por Pepón Montero y Juan Maidagán para Movistar Plus+ con Raúl Cimas y Esperanza Pedreño al frente.
Si buscas una serie con la echarte unas carcajadas y que no sea particularmente exigente, Movistar Plus+ te pone en bandeja la posibilidad de disfrutar de la segunda temporada de su comedia Poquita fe. Ocho episodios de unos 20 minutos de duración que se ven en un suspiro y saben sacarle partido a cuestiones que parecen triviales pero son las que componen nuestro día a día.
Creada por Pepón Montero y Juan Maidagán, sube el listón respecto a la primera temporada gracias, sobre todo, a un elenco muy inspirado encabezado por Raúl Cimas (nuevo colaborador habitual de Ilustres ignorantes en sustitución de Javier Cansado, por cierto) y Esperanza Pedreño, que empastan de maravilla como una pareja a la deriva en busca de piso por la imposible capital del reino.
Pero es que además en esta temporada adquieren más peso específico las andanzas de los secundarios que los rodean y están también sembrados: la madre de él (Marta Fernández Muro), los padres de ella (María Jesús Hoyos y Juan Lombardero), su hermana (Julia de Castro) y la galería de amigos a cuál más perdido... Chani Martín, Pilar Gómez, Enrique Martínez...
Poquita fe tiene varias virtudes indiscutibles: un formato muy asequible gracias a sus breves episodios que rondan los 20 minutos de duración, un coste bajo porque no requiere de grandes alardes técnicos y una temática tan universal que es de lo más exportable, de ahí que haya contado con alguna versión ideada para otros territorios.
Aunque lo más satisfactorio es que la segunda temporada tenga la frescura suficiente como para que la audiencia no tenga la sensación de dejà vu: hay elementos comunes (sigue la tónica de falso documental con montaje picado) pero las temáticas se multiplican gracias a lo coral del reparto y las posibilidades que ofrece.
En busca del piso perdido
La segunda temporada de Poquita fe se configura como una contrarreloj de 9 meses... aunque al principio no tenemos muy claro de qué se trata, tendremos que ir hilando para saber qué ha puesto en marcha el cronómetro.
Berta y José Ramón se quedan, literalmente, en la calle y no consiguen encontrar un piso asequible que se ajuste a sus necesidades así que no tienen más remedio que mudarse con los padres de ella. Esta solución temporal salta por los aires cuando la hermana de Berta rompe con su pareja y decide instalarse con ellos. Y con sorpresa incluida.
Esto hará que José Ramón tenga que buscarse la vida: primero con su propia madre, que está deseando librarse de él y después con sus compañeros de reparto, a cuál más roncador.
Por el camino conoceremos las vicisitudes de todos ellos: desde el compañero de trabajo que trata de vender su micropiso hasta el vecino que decide colarse en las tertulias de los teóricos de conspiración que se reúnen en el bar de la esquina.
Un mundillo de barrio muy reconocible y plagado de réplicas ágiles que hará que Berta y José Ramón vean su relación marchitarse, prosperar, estancarse, revivir y seguir evolucionando a cada instante.
Es un absoluto acierto y algo a celebrar que Poquita fe no caiga en lugares comunes y a la vez se asiente en lo cotidiano. Sorprende a veces por su sencillez pero también por tener un humor absurdo que no por ello es menos afilado.
Lo mismo pasa con el diseño de los personajes: aquí no hay estereotipos ni extravagancias que valgan. Encontramos a una mujer que se avergüenza del sombrero de su marido, una amiga narcisista, un tipo de mediana edad que se ha quedado calvo y se cruza con su ex un día de viento...
Vemos su comportamiento y conocemos sus pensamientos gracias a los apartes que ofrecen a modo de entrevistas como ya hicieran series como Modern Family pero en clave autóctona, rezumando verdad. Son todos sketches sacados de la vida misma en los que no hay dobleces, aunque sí una sorna muy saludable porque nos permite reírnos de nosotros mismos y de nuestras propias neuras.
En resumidas cuentas, ojalá las temporadas fueran más largas, porque es fácil encariñarse con unos personajes a los que les vemos tanto las virtudes como los defectos, tal y como nos veríamos frente a un espejo.
Valoración
Nota 78
La segunda temporada sube el listón exprimiendo el talento de los personajes secundarios y dotando a la aventura de Berta y José Ramón de un conflicto a la orden del día: encontrar piso en Madrid.
Lo mejor
Es una serie muy dinámica, breve y divertida que se consume del tirón sin problema gracias a su humor sanote basado en peripecias cotidianas.
Lo peor
A pesar de tener un hilo argumental principal, es una serie que tiende constantemente a la divagación y a saltar de un tema a otro.
