El reverendo
Análisis

Crítica de El reverendo, con Ethan Hawke y Amanda Seyfried

Por Raquel Hernández Luján

El reverendo (First Reformed) es una película escrita y dirigida por Paul Schrader (el guionista de Taxi Driver) y protagonizada por Ethan Hawke y Amanda Seyfried, entre otros. En cines a partir del 28 de septiembre.

Hay filmes que te mueven de tu eje gravitacional y consiguen desplazarte de él como si te dieran una sacudida eléctrica, transformándote por completo aunque percibas el impacto como una bofetada con la mano abierta. Tal es el caso de la película El reverendo, que tiene un comienzo en apariencia inocente, pero que poco a poco nos va sumiendo una crisis existencial tan profunda que la culpa que acarrea solo parece tener una desesperada vía de expiación. O no.

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La película, escrita y dirigida por Paul Schrader, nos presenta al reverendo Ernest Toller, el párroco de una pequeña iglesia del Estado de Nueva York. Divorciado de su esposa tras la muerte de su hijo en la guerra de Irak, este exmilitar trata de llevar una vida recta y solitaria, cuidando de su pequeña congregación, informando a las visitas de la historia del edificio y comenzando un diario que considera "otra forma de oración" en el que quiere plasmar sus pensamientos a lo largo de un año, aunque no sabe si lo hace como ejercicio o penitencia.

Un buen día, Mary (Amanda Seyfried) acudirá a él en busca de su consejo preocupada por su marido, cuya deriva depresiva le parece alarmante. El reverendo accede a visitarles y descubre así que está por completo obsesionado con que a la humanidad no le queda ningún futuro por delante y que, por tanto, no desea que su esposa siga adelante con su embarazo puesto que teme el mundo que podría heredar su futuro hijo.

Toller trata de darle argumentos para que no se venga abajo, pero su entrevista le quita la venda de los ojos y le lleva a darse cuenta de la podredumbre que le rodea, lo que acelera su progresivo proceso de autodestrucción.

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Contar algo más sobre el argumento de El reverendo sería un pecado, pero sí que es de obligado cumplimiento hablar de la profunda carga filosófica y moral de una película que consigue hilvanar con hilo muy fino ideas derivadas de la prostitución de la fe, la preocupación medioambiental, el peligro que puede llegar a suponer el extremismo ideológico y a la vez el que entraña la indolencia institucional y la desidia de quien detenta el poder con el ánimo de perpetuarse en él. 

En suma, pone en contexto al hombre con su medio y con su jerarquía social y aquí es donde entra en juego todo un despliegue de imágenes sugerentes y metafóricas en las que nada es baladí: ni las crepusculares luces exteriores, ni la sobria puesta en escena ni por supuesto las líneas de expresión de un reflexivo e iracundo Ethan Hawke en uno de los mejores papeles de su carrera.

Puede que la única conclusión razonable que puede extraerse es que el ser humano es el único que merece una extinción masiva y que darse cuenta de ello es tan demoledor como liberador, al fin y al cabo.

En busca del orden natural y la comunión con el Cosmos

Pero El reverendo, a pesar del afilado escalpelo que maneja Schrader, no es una película ceniza. Sí autoconsciente, sí muy metafórica y brutal, sí impactante por su mensaje y por la forma que escoge para hacérnoslo llegar; pero también con uno de los finales más bellos y subyugadores que se pueden llegar a imaginar: incluso cuando todo parece desmoronarse y conducirnos a una debacle incontestable.

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Siendo una película muy reflexiva e intimista, con largos diálogos y largos silencios guarda importantísimos paralelismos con Taxi Driver hasta el punto de que tal y como él mismo ha declarado en diversas ocasiones ambos protagonistas representan a una figura singular con "la enfermedad del alma de Kierkegaard".

Nada es casualidad en la puesta en escena en la que el descenso a los infiernos del protagonista se revela como el calvario de Cristo y en la que los primeros planos de luces crudas y tonos áridos revelan el mapa de la mente que se va forjando con el paso de los años en el rostro de los personajes. Hay que volver a decirlo: no veíamos a Ethan Hawke en un papel tan impactante y bien construido desde hace años ni símiles visuales tan certeros como ese retrete atrancado en la casa de Dios.

Valoración

Paul Schrader firma una película existencialista completamente hipnótica en la que el espectador solo puede aplaudir a un Ethan Hawke magnífico.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

El desgarrador argumento y la forma en la que la narración te atrapa desde ese primer amanecer que nos deja pegados a la pantalla.

Lo peor

No es una película fácil, exige atención y reflexión posterior al visionado. Puede resultar desconcertante y en exceso pausada.