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La revolución
Análisis

Crítica de La revolución, una producción francesa sorprendente y refrescante

Crítica de la serie de Netflix La revolución, una producción francesa sorprendente y refrescante que reimagina la Revolución Francesa con zombis sedientos de sangre. En la plataforma desde el 16 de octubre de 2020.

La revolución parte de una premisa de lo más particular que se exprime muy bien a lo largo de los ocho episodios que componen su primera temporada, que varían en su duración alcanzando algunas veces la hora y otras quedándose en cuarenta minutos.

La idea es que los libros de Historia nos han mentido respecto a uno de los conflictos sociales y económicos más relevantes de la Europa de finales del siglo XVIII que prendería la mecha del cambio y llevaría al continente al comienzo de la Edad Contemporánea. ¿Y si lo que inspiró la Revolución Francesa no fuera "solo" lo que nos han contado hasta ahora? ¿Y si al descontento por las desigualdades y la miseria se le hubiesen unido otros componentes borrados a propósito del relato oficial?

La revolución nos presenta a Joseph Guillotine, un joven médico que descubre una infección que afecta a los cortesanos de Versalles. Su sangre se torna de color azul y manifiestan una conducta violenta, además de otras modificaciones importantes como la de ser inmunes a los disparos y las heridas de arma blanca o la de tener unos sentidos mucho más agudizados. Lo peor: a pesar de que parecen estar muertos, tienen la capacidad de regresar a la vida, con un hambre voraz de sangre humana que les va consumiendo poco a poco.

La inspiración de esta serie la encontramos de forma muy clara en películas como Abraham Lincoln: cazador de vampiros. Terror, fantasía y pinceladas de Historia se dan la mano en un mix de lo más peculiar, si bien en el caso que nos ocupa las recreaciones de los espacios y de los ambientes son mucho más verosímiles y cuidadas.

El formato de serie permite además que cada episodio tenga un sprint narrativo final que nos deja siempre con la miel en los labios y con ganas de seguir viendo más y más. Se elide de la ecuación el sentido del humor y se busca un tono mucho más tétrico con abundantes guiños a conceptos o elementos representativos: desde quién, cómo y por qué inventó la guillotina, hasta el famoso lema de "libertad, igualdad y fraternidad" pasando por los colores que conforman la bandera francesa. 

Pero, por supuesto, también hay muchos elementos anacrónicos con los que se busca meterle algo de pimienta a la historia como looks bastante punks, tramas relacionadas con el vudú o unos conocimientos médicos que nada tienen que ver con los de la época. Todas esas licencias tienen una función, pero también el handicap de arrastrar con ellas la credibilidad del relato e incluso, en algunas ocasiones, cargarse la sensación malrollera y terrorífica que nos había estado envolviendo hasta ese momento.

Ni que decir tiene que no faltan las grandes dosis de hemoglobina y que la violencia es casi consuetudinaria a un género, el de los "zombis", sin el que no se entendería la amenaza sobrenatural.

Al ambicioso diseño de producción se unen grandes interpretaciones de actores como Doudou Masta (La comuna), Laurent Lucas (Crudo) o la magnética Gaia Weiss a quien recordaréis por su participación en Vikings.

La revolución nos deja a propósito en un momento climático, a la espera de una más que segura segunda temporada en la que terminaremos de componer un puzle que se queda a medias. Pide a gritos ser consumida en forma de maratón y es, por su originalidad y descaro, una bocanada de aire fresco. Que se abstenga la audiencia que busque precisión histórica: esto es otra cosa, más loca, más arriesgada y bastante curiosona.

Valoración

La revolución propone un universo alternativo que explica uno de los momentos más destacados de la historia europea en una clave muy distinta a la de la revuelta de las clases sociales más humildes contra la corte: resulta estimulante, imaginativa y ¡adictiva!

Hobby

75

Bueno

Lo mejor

Lo ingeniosa que es la vuelta de tuerca a la Revolución Francesa. La foto, la ambientación, la banda sonora y las interpretaciones.

Lo peor

Los momentos más punkis e histriónicos, que le restan efectividad a las escenas terroríficas.

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