Todo el día y una noche
Análisis

Crítica de Todo el día y una noche, del guionista de Black Panther

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Todo el día y una noche (All Day and a Night), una película escrita y dirigida por Joe Robert Cole, guionista de Black Panther, y protagonizada por Jeffrey Wright y Ashton Sanders.

¿Cuáles son los engranajes de la violencia? ¿Cómo es posible que en las calles siga reinando la ley del Talión? ¿A quién beneficia eso? ¿Hay escapatoria de un sistema que "no quiere escuchar", que se desentiende de las partes que lo forman?

Estas reflexiones están en el germen de Todo el día y una noche, una película dirigida y escrita por Joe Robert Cole, guionista de Black Panther, que aborda temas como el del ostracismo social o el racismo desde un género como es el drama urbano.

Cuenta para ello con dos actores principales bien conocidos por la audiencia como son un casi irreconocible Jeffrey Wright (Westworld) en el papel JD y Ashton Sanders (Moonlight) como su hijo Jakhor. Están, por cierto, en las antípodas, el primero desatado y el segundo muy contenido. Y lo que la película trata de dejar claro es que queda esperanza para el ser humano siempre que esté dispuesto a "desaprender".

No vamos a engañaros y a deciros que Todo el día y una noche es una obra maestra, porque de base tiene un problema que no se esfuerza en ocultar: es muy poco original en su planteamiento narrativo y abusa de la voz en off del protagonista para tratar de solventar el hecho de que no es capaz de contar con imágenes lo esencial, de modo que necesita sobreexplicar las situaciones verbalizándolas.

Si a eso le unimos el hecho de que los flashbacks te alejan aún más emocionalmente del protagonista consiguiendo el efecto contrario al que buscan, queda claro por qué dista de la perfección.

La película arranca presentándonos a Jahkor en el momento previo de cometer un doble asesinato, cantando en su coche. Ni que decir tiene que esto hará que acabe dando con sus huesos en un penal para asumir la cadena perpetua, en el que por cierto también cumple condena su padre, que es el espejo en el que se mira.

El guión de Todo el día y una noche es algo burdo a la hora de señalar los problemas de convivencia de una sociedad que reivindica el uso de las armas como derecho fundamental y que tiene un concepto de la sexualidad femenina bastante cavernario. Intenta en todo momento mostrar el ghetto en el que se mueve el protagonista que viene a ser un laberinto que le lleva una y otra vez al mismo sitio: para salir adelante hay que delinquir, no hay forma honrada de ganarse la vida sin recibir un desprecio lacerante que le lleva de estallido de ira en estallido de ira.

La otra cara de la moneda la pone otro personaje que simboliza todo lo contrario: nunca se ha salido de los raíles pero su vida ha sido destrozada tras pasar por el ejército. Lo dicho: o pisas o te pisan, pero hagas lo que hagas el futuro es indefectiblemente traumático. Así lo deja claro el repaso que hace por las muchas caras conocidas de la cárcel: "padres, tíos, hermanos que desaparecieron del barrio poco a poco".

Cuando sabes que no te espera nada bueno, que el esfuerzo no obtendrá recompensa, ¿para que invertir tiempo e ilusión en nada? Las aspiraciones musicales de Jahkor es otro de los "argumentos" en favor de esta demoledora premisa. Tiene talento, pero su audiencia es nula.

La diferencia está entre vivir y sobrevivir, pero por más que la historia de los Estados Unidos sea para poner a más de uno colorado, que un muchacho nacido en los noventa nombre la esclavitud haciendo de esa vivencia algo suyo es para que él mismo se sonroje. Ahí es donde la película peca dando por hecho cierta ingenuidad por parte del espectador. 

Y en la premisa inicial, muy diluida por un nudo argumental repetitivo y un final algo abrupto en el que se encadenan varios puntos de giro, se queda "la chicha" de la historia: la de un hombre que tiene todo el tiempo del mundo para comprender qué le ha llevado a la cárcel, hasta qué punto su retorcida historia paterno-filial en la que el maltrato y la violencia verbal y física fueron parte de su proceso de maduración determinaron su destino. 

Lo más importante: hasta qué punto decide desligarse de ese legado incluso para cambiar las tornas con su mentor y enseñarle al propio JD a transitar el camino de la no-violencia. Ese es el mensaje que hace que valga la pena el visionado, aunque llegue tarde y apenas se desarrolle.

¡Por cierto! No me despido sin recomendaros que veáis Todo el día y una noche en versión original: la traducción es a veces bastante libre en los subtítulos pero teniendo en cuenta la jerga que se gastan los personajes, son tan imprescindibles para comprender en líneas generales los diálogos como lo es el audio original para ver el trabajo de Wright y Sanders para transfigurarse en sus marginales personajes.

Valoración

Este drama urbano no destaca por ninguna singularidad estética o narrativa, si bien sí sabe trasladar a la perfección que la violencia se retroalimenta y genera monstruos.

Hobby

67

Aceptable

Lo mejor

La transformación de Jeffrey Wright para dar vida a JD y la premisa principal: si tuvieras la perpetua para pensar sobre tu vida, ¿qué harías?

Lo peor

Los flashbacks en los que se muestra al pequeño Jakhor no funcionan y la película solo coge comba en su media hora final, al desvelar el meollo.

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