Crítica de La última reina (Firebrand), el retrato de la luchadora Catalina Parr, esposa del letal Enrique VIII

Vértice Cine

Crítica de La última reina (Firebrand), el drama histórico dirigido por Karim Aïnouz que adapta Queen's Gambit de Elizabeth Fremantle contando con Alicia Vikander y Jude Law como protagonistas. Estreno el 21 de febrero de 2025.

Ya desde sus rótulos iniciales La última reina (Firebrand) advierte de la falta de información que ronda la figura de Catalina Parr y el hecho de que a veces haya tenido que recurrirse a cierto grado de invención para rellenar las zonas de sombra en su biografía. No era habitual transmitir los hechos desde el punto de vista de una mujer y menos aún si no mediaban guerras.

La película, basada en la novela Queen's Gambit de Elizabeth Fremantle ha sido desarrollada como guión por parte de las hermanas Henrietta y Jessica Ashworth (Tell It To The Bees), que además se han encargado de hacer todo lo posible para mantener cierto grado de verosimilitud histórica en un drama áspero y complicado que retrata a la reina en los últimos impases de la vida de su siniestro marido.

Recordemos que Catalina fue la sexta y última esposa del segundo monarca de la casa Tudor, aquejado de una úlcera en la pierna y una obesidad que lo pusieron en la cuerda floja con solo 37 años. En verdad, el mayor salto de fe, hay que darlo en el último tercio de la cinta, cuando ese enfrentamiento se sustancia en una secuencia del todo inconcebible.

Más allá de los asuntos de alcoba, de la legitimación del poder o de la relación del monarca con sus hijas, el foco de Firebrand se pone en el terreno de las creencias religiosas y su alcance a la hora de poner en jaque a una mujer inteligente y temeraria.

Enrique VIII (y sus sucesores en adelante) representaba la cúspide de la fe católica en tanto que Catalina Parr era reformista y simpatizante de Anne Askew, considerada una mártir protestante por su oposición a creencias como la de mantener la tradición del latín, la confesión o la transubstanciación.

Es decir, que sus ideas en torno a la liturgia en inglés, de la innecesaria función de los clérigos como intermediarios entre Dios y sus fieles y la consagración en la plegaria eucarística chocaban de frente con una concepción radicalmente opuesta que puso a la reina en aprietos en muchas ocasiones con encontronazos con antiprotestantes como Stephen Gardiner.

Pero la historia de los Tudor es intrincada y culebronesca hasta decir basta y La última reina no termina de darle el alcance necesario. Al querer centrarse y reivindicar la labor de Catalina Parr, no alcanza a señalar sus zonas más sombrías y tiende a pasar por alto las muchas barbaridades cometidas por Enrique VIII.

Independientemente de que "se quede corta" en el desarrollo argumental, bosquejando a penas a personajes de gran importancia como Thomas Seymour o Isabel, hijastra a la que Parr crió como si fuera su propia hija, al igual que a Eduardo, hay que decir que la recreación de la época luce espectacular.

El vestuario, los tocados, la peluquería y el diseño de producción suponen un verdadero alarde de talento. Hay planos que podrían considerarse cuadros y en general, hay una predisposición por conseguir una inmersión en la época.

Por otra parte, los intérpretes están entregados. Jude Law, que se ha encargado de Hook en Peter Pan & Wendy y próximamente se meterá en la piel de Vladimir Putin parece estar interesado en desarrollar ahora su carrera actoral en el plano de la villanía más despiadada... y le está saliendo bien la jugada.

Por el contrario, la talentosa Alicia Vikander, que tan poco se prodiga en pantalla, da la sensación de estar poco aprovechada, como si le faltara una secuencia de gran impacto en la que desatar todas sus posibilidades.

Por lo demás. los secundarios funcionan de lujo en sus respectivos roles: Eddie Marsan, Sam Riley y Simon Russell Beale, marcan bien su territorio, dejando clara la hostilidad, a veces manifiesta, a veces disfrazada de lealtad que le profesan a la reina... sobre todo si oponerse a ella es la única forma de conservar la cabeza sobre los hombros.

En resumidas cuentas, La última reina llega de forma muy tardía y cabía esperarse más del resultado final. Cumple, pero no despunta y sobre todo, da la sensación de que uno de los episodios más turbulentos de la monarquía inglesa se ha reescrito solo con la intención de validar una figura que era mucho menos idílica de lo que se muestra.

Valoración

Nota 68

Sobrepasar las dos horas le pasa factura a este drama en el que es la dialéctica entre el rey y la reina caída en desgracia la que agita las aguas de la contienda religiosa y la traición. El interés del espectador nunca decae, pero esta versión de Enrique VIII se queda corta.

Lo mejor

La ambientación, el vestuario, las interpretaciones y la recuperación (a veces ficcionada) de la figura de Catalina Parr.

Lo peor

Es una película correcta, sin más, a pesar de su perturbador argumento. Da la sensación de perder fuerza en su tercio final.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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