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Vivo Netflix
Análisis

Crítica de #Vivo: los zombis surcoreanos se propagan en Netflix

Por Rafa Domínguez

Crítica de Vivo (#Saraitda), dirigida por Il Cho y escrita junto a Matt Naylor. Una nueva película de terror del subgénero zombi que cuenta en su reparto con artistas coreanos como Yoo Ah-in, Park Shin-hye, Hyun-Wook Lee y Chae Kyung Lee, entre otros. El estreno de Vivo en Netflix España es el 8 de septiembre de 2020.

Los zombis han regresado a Netflix. Después de disfrutar de títulos como Black Summer o las dos temporadas de Kingdom, en Corea del Sur se han vestido de Nostradamus para lanzar en este aciago 2020 una nueva película sobre el apocalipsis: Vivo, la cinta dirigida por Il Cho que ya está disponible en la plataforma. Una nueva aventura de supervivencia y terror zombi que se enfrenta a las innumerables convenciones del género para lanzar una apuesta humilde, con pocos fuegos artificiales y más espíritu independiente, siendo lo suficientemente correcta para el disfrute de los amantes del género.

Il Cho se estrena con este largometraje que pretende alimentarse del gran hito del género en Corea, Train to Busan, desde una perspectiva mucho más sencilla e intimista. La historia de la nueva película de Netflix comienza con Oh Joon-Woo, un joven gamer  —militante de la PC Master Race y, a buen seguro, lector de HobbyConsolas— que disfruta de una sesión de juego online con su grupo de amigos cuando se desata la locura en las calles: desde su ventana puede ver a cientos de personas huyendo en medio del caos, perseguidos por los salvajes infectados. El director coreano no se anda con rodeos en preparativos para lanzar el detonante de la acción, y se salta todo código temporal para poder contar la historia de supervivencia y soledad en el hogar con la que tan espeluznantemente podemos empatizar.

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La apuesta de esta película de zombis reside en la soledad del confinamiento en el hogar, la supervivencia física y, como es costumbre en el género, psicológica, en un mundo que se apaga a velocidad de vértigo sin contar con nuestra opinión. «Debes sobrevivir», apunta nuestro protagonista en un papel para recordarse a sí mismo las palabras de su madre. Vivo pasa de forma implícita por reflexiones metafísicas complejas, lo que lleva a sus personajes a experimentar la desesperación más extrema sin detenerse demasiado para construir ese sufrimiento. Aún así, el montaje consigue llevarnos por la película con bastante soltura, ofreciendo escenas de acción que funcionan, pero sin alejarse de la funcionalidad simplista que marca la dirección.

Los zombis coreanos no se arrastran, ni dudan, ni vagan lánguidamente por las calles esperando el próximo bocado. Éstos persiguen, trepan, se mueven en manadas y, en el caso de Vivo, hasta son capaces de abrir puertas y escalar edificios como si fuesen Adam Ondra. A lo largo de la historia del cine se nos han presentado infinitos modelos de zombi; hoy tenemos ante nosotros el arquetipo que repite patrones de comportamiento de sus vidas, pero esta vez también conservan algunas de sus habilidades e incluso rasgos de su personalidad. Los hay tan malhumorados que se ensañan con sus congéneres con un amor por la violencia que ríete tú del Conor McGregor zombi.

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Nuestro protagonista es un joven torpe, con unas habilidades sociales bastante reducidas, que se derrumba ante una realidad que lo supera con creces cuando se encuentra alejado del núcleo familiar que lo mantiene a flote. A nadie se le escapa que la trama escapa de todo alarde de originalidad y, por desgracia,. tampoco encontraremos sorpresas en su desarrollo, que se encalla una y otra vez con la misma piedra hasta convertirse en un patrón predecible y extremadamente anticlimático. Las soluciones narrativas que dan cuerda a la historia suceden por pura necesidad: la de terminar a los 90 minutos, sin detenerse, una vez más, en una evolución que dote de sentido y fuerza a las decisiones de sus personajes.

Sin embargo, cuando nos enfrentamos a un género tan manido como el de los zombis, todos esperamos pequeños despuntes de originalidad que siguen aumentando la cultura de los muertos vivientes. Como era de esperar en una película ambientada en el 2020, las nuevas apuestas llegan mediante la tecnología: drones, internet, móviles o referencias de lenguaje gamer. En esas píldoras se encuentran las ideas más interesantes de la película que, junto a la interpretación de Yoo Ah-In y Park Shin-Hye, consiguen aportarle el valor necesario como para convertirla en una película completamente disfrutable.

Vivo es una película de zombis para ilustrar el 2020: confinamiento, nuevas tecnologías, redes sociales y un ahogamiento psicológico por momentos superficial que cuadra a la perfección para los tiempos que corren. Sin grandes efectos especiales, con un gran trabajo de maquillaje y suficientemente dinámica como para disfrutar de su metraje, a pesar de los patinazos finales a los que solo podemos concluir con una recomendación: las mascarillas protegen vidas.

Valoración

Vivo apuesta por el lado íntimo del género zombi, sin ruido ni fuegos artificiales que puedan distraernos del estrés psicológico del confinamiento. Hay un par de ideas interesantes, pero las soluciones pero las soluciones a los desafíos narrativos no son lo suficientemente efectivas, llevando a la película a un clímax decepcionante.

Hobby

64

Aceptable

Lo mejor

La interpretación protagonista, el montaje y las pequeñas píldoras de originalidad tecnológica.

Lo peor

La falta de construcción y desarrollo narrativo nos conducen a soluciones predecibles y anticlimáticas.

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