Un desarrollador especializado en recuperar clásicos explica las dificultades: limitaciones técnicas, costes y problemas con las licencias

El CEO de Implicit Conversions, una compañía especializada en clásicos, detalla los retos que supone recuperar estos juegos: desde los costes hasta las problemas técnicos.
En pleno auge de remakes, remásters y ports, se da por hecho que cualquier clásico puede regresar: basta con ver la afluencia de estrenos de Nightdive Studios o Limited Run Games.
Sin embargo, para los estudios que se dedican a esto, el proceso está muy lejos de ser así de sencillo; y es algo que en Implicit Conversions conocen de primera mano.
El estudio ha recuperado títulos como Fear Effect o varios de los juegos de Mortal Kombat Legacy Kollection; y ahora su CEO ha querido detallar los retos que ofrecen este tipo de conversiones.
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El CEO de Implicit Conversions explica los riesgos de recuperar clásicos
Bill Litshauer, CEO Implicit Conversions, ha explicado en el canal de YouTube Mystic los obstáculos que plantea crear versiones actualizadas de juegos clásicos.
A menudo, las editoras revisan su catálogo histórico y buscan a un especialista, capaz de convertir un juego de hace 20 o 30 años en un producto funcional para Nintendo Switch, PlayStation, Xbox o PC.
El desarrollador recibe un título concreto, una fecha límite y una lista de funciones, que van desde añadir pantalla panorámica hasta integrar rebobinado.

El segundo modelo es el acuerdo de ingresos compartidos. Aquí el equipo elige qué juego quiere rescatar, estudia su potencial comercial y presenta un dossier al dueño de la licencia.
Si la editora no tiene presupuesto para revivirlo (o no quiere tenerlo), puede aceptar un trato en el que el estudio paga el desarrollo y luego recibe una parte de las ventas.
Suena bien… hasta que entra en juego la matemática dura: si un título solo vende unos pocos miles de copias y cuesta 10 euros, los meses de trabajo no salen a cuenta.
Cada decisión dispara el presupuesto, incluyendo los gastos de control de calidad, y las tasas asociadas a cada plataforma. Más de un juego con potencial comercial ha sido descartado por la suma de estos “extras”.
Los problemas técnicos son otro muro. Implica reconstruir el código, suplir funciones que ya no existen y reinterpretar sistemas.
Incluso con los emuladores, cada título plantea retos únicos. Muchos clásicos requieren tantas horas de ingeniería que se convierten en proyectos inviables, antes incluso de comenzar.
Para Litshauer, el gran enemigo son las licencias fragmentadas: la música pertenece a una agencia, las voces a otra, o incluso existe un anexo legal perdido en un cajón desde los noventa.
Según el CEO, existen juegos terminados que no vieron la luz porque un único elemento (una canción, un logo, un personaje secundario) no podía relanzarse.
A todo esto se suma que no todas las plataformas interesan por igual. El estudio centra sus esfuerzos en la PlayStation original, que sigue siendo la más demandada, mientras construye una tecnología para PS2.
La idea de emular PS3 está sobre la mesa, pero no como prioridad real: la inversión solo tiene sentido si el mercado lo pide con fuerza, algo que no ocurre todavía.
Pese a todo, el desarrollador insiste en que la comunidad es clave a la hora de recuperar clásicos, y su opinión es determinante. “Si se hace el ruido suficiente, hay posibilidades”, concluye.