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La opinión de
Javier Abad

La felicidad de los roleros

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Seguro que vosotros también lo habéis notado. La mayoría de la gente camina por la calle con el semblante serio y la mente puesta en los asuntillos del día a día: la prima de riesgo, la calificación de la deuda soberana, la familia de la señora Merkel… Sin embargo, de vez en cuando te cruzas con una especie de marciano que lleva puesta una sonrisa de oreja a oreja. Si veis a alguien así, no lo dudéis: es un aficionado a los juegos de rol. Y es que a estos afortunados les sobran los motivos para ser felices: se llaman Skyrim, Mass Effect 3, Reckoning, Final Fantasy XIII-2… Son títulos que tomados individualmente marcarían un hito entre los RPG, pero es que encima han concentrado sus fechas de lanzamiento en apenas unos meses, de aquí a marzo. ¿Entendéis ahora por qué la felicidad le rebosa del cuerpo a estos roleros?

Recuerdo que hace varios lustros el panorama era bien distinto. Primero, porque la producción japonesa era la gran dominadora. Y segundo, porque la información llegaba con cuentagotas y estaba rodeada de un aura misteriosa que escondía un montón de incógnitas: ¿llegará a España? ¿cuándo? ¿vendrá traducido? Eran los tiempos de los Secret of Mana, Chrono Trigger… y de Final Fantasy, claro, que se convirtió en el gran referente del género hasta llegar a su séptima entrega, que todavía hace que muchos entren en éxtasis cada vez que se acuerdan de ella.

El paso de los años nos ha traído varios cambios. Ahora todo tiene una escala global, de forma que cualquier gran lanzamiento se juega casi a la vez en Tokio y en Villanueva del Pardillo (es un ejemplo puesto al azar, no es que en ese pueblo tengan línea directa con ninguna desarrolladora). Y ha sido esa misma globalización la que ha provocado que los grandes estudios japoneses se empeñen en adaptarse a los gustos occidentales, sin comprender que lo que los fans de fuera de su país adoraban era precisamente ese inconfundible sabor japonés que desprendían sus juegos.

El caso más paradigmático seguramente es la propia saga Final Fantasy, que además de haber sido exprimida hasta dejarla casi exhausta, ha visto como cada entrega del tronco principal ha ido adelgazando hasta quedarse en el esqueleto. El caso más reciente fue FF XIII, con un avance más lineal y excesivamente centrado en la acción. Por contra, sagas occidentales como Mass Effect o The Elder Scrolls le han ido comiendo el terreno a base de crecer en amplitud y posibilidades hasta resultar casi inabarcables. Para muestra, Skyrim, un juego capaz de acabar con la vida social de cualquiera (se cuenta que un tipo le dijo a su mujer “cariño, configuro mi personaje y te cuelgo las cortinas”. Tardó tres días y le costó el divorcio, claro).

Ahora estamos a punto de recibir FF XIII-2, y parece que en Square-Enix han comprendido el mensaje y se han puesto las pilas para atender las sugerencias/críticas de sus fans. Mi compañero Borja Abadíe ya le ha echado varias horas y, (abro cuña publicitaria) según cuenta en el reportaje que publicamos en el número 243 de Hobby Consolas (cierro cuña publicitaria), se han potenciado la libertad de acción, las misiones secundarias, los puzles… Acabo de ver que en la revista nipona Famitsu le han cascado una puntuación perfecta de 40 sobre 40. Una gran alegría (otra más) para los fans del rol… y una pésima noticia para sus parejas.

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