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La opinión de
Manuel del Campo

Ley Sinde

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Escribo esto cuando en el día de hoy se ha rechazado en el Congreso de los Diputados la aprobación de la llamada Ley Sinde, la que según cuentan muchos "enfrenta el derecho fundamental de la libertad de expresión con el menos importante de la propiedad intelectual". Y lo hago con un grado de indignación que roza el cabreo mayúsculo.

Los que habéis tenido la amabilidad de leer alguno de mis blogs sabréis de sobra cuál es mi posición con respecto a la piratería. Por si alguien está leyendo este blog por primera vez (gracias, por cierto) hago un escueto resumen: el hecho de distribuir o adquirir ilegalmente ("por la cara" para entendernos) cualquier producto o contenido (película, música, videojuegos, libros, periódicos o revistas) supone una agresión gravísima contra el trabajo y el esfuerzo de todas las personas que han participado en ello (y eso incluye no solo a los creadores de esos productos o contenidos sino también a los que colaboran en su realización, edición, transporte, distribución, etc) y nunca he tenido problemas en equipararlo a la categoría de robo. De todos modos, en el post que escribí hace unos meses lo expliqué con más detalle.

Después de que un gobierno se haya tomado por fin un poco en serio está cuestión y hasta haya redactado una Ley que es la que hoy se ha rechazado en el Congreso, asisto, como decía al principio, con estupor a un debate que me parece delirante, disparatado, egoísta e interesado.  Puede que la Ley en cuestión no sea todo lo clara que nos gustaría. Que tenga algunas cuestiones de forma y procedimiento que se pueden mejorar. Pero la reacción de algunos colectivos o grupos políticos (unos interesados en seguir con el "todo gratis" y otros buscando ganar votos) me deja estupefacto.

No voy a entrar en que si la famosa SGAE la cagó con su canon (que la cagó). Que si Ramoncín (que tiene narices que se le siga mencionando) resulta más o menos simpático (que a mí no me lo parece). Una vez más lo único que pedimos los que sufrimos la salvaje afrenta de la piratería (y me incluyo tanto porque la piratería masacra al sector en el que trabajo -los videojuegos- como porque incluso las propias revistas son pirateadas) es que se persiga y se castigue a quienes contribuyen a que se nos niegue un derecho que si no es fundamental, seguro que al que se lo "tocaran" se rebelaría de la misma forma: el derecho a que nuestro trabajo sea remunerado (recomiendo leer este artículo de Antonio Muñoz Molina al respecto).

Y alucino cuando además se alega que esta Ley vulnera el derecho a la libertad de expresión. Vamos a ver, a menos que mi capacidad de razonamiento me esté jugando una mala pasada (que todo es posible), si esta ley decide cerrar una web que se dedica a distribuir ilegalmente películas, videojuegos o lo que sea, ¿dónde se vulnera el derecho a la libertad de expresión? Por esa misma razón, tampoco deberían cerrar aquellas webs que proporcionan fármacos ilegales o pornografía infantil, ya que se les vulnera ese derecho, ¿no?

Nadie ha hablado en ningún momento de que se vaya a atacar a las nuevas formas de distribución como Spotify o Netflix. Solo a las que distribuyan o incluyan contenidos sin la autorización de sus creadores o autores. Nada tiene que ver con la libertad de expresión. Y, por favor, que nadie me tome por imbécil. Ningún gobierno es tan estúpido para ponerse a cerrar webs a diestro y siniestro porque han colgado una foto sin permiso. Todos sabemos que se trata de acabar con los portales que permiten cientos de miles de descargas ilegales (de lo que sea) causando un perjuicio gravísimo a muchas personas (en España casi un millón trabajamos en los sectores afectados -y solo alguno vive en Miami- y supone un 4% del PIB). 

¿Qué no tiene que hacerlo una Comisión que depende del Ministerio de Cultura? Tal vez, aunque si no he leído mal el texto, la última palabra la tiene un juez de la Audiencia Nacional, con todas las garantías constitucionales y escuchando a todas las partes implicadas, lo que tampoco parece tan descabellado. Y si alguien quiere molestarse en leer el texto y corregirme, encantado.

Y ya sé que hay temas más complejos, como el "intercambio de archivos" (un eufemismo, porque si se realiza a gran escala se traduce en piratería igualmente, ya que el perjuicio es el mismo), que si hay ánimo de lucro o no, que si se trata de un tema contencioso-administrativo o mercantil, y etc, etc. Yo, sinceramente, sigo sin encontrar ningún argumento sólido que no sea el de "quiero seguir teniendo todo gratis" por parte de quienes protestan contra el objetivo básico de esta ley, más allá, repito, de cuestiones menores que desde luego pueden discutirse. Lo demás es pura demagogia. En algún sitio he leído que la clave está en revisar y redefinir lo que es propiedad intelectual, dado el vuelco que ha sufrido la situación con internet. Pues que se haga. Aún así, aquí os dejo la argumentación de alguien que parece actuar como portavoz de quienes se oponen a la ley, para que nadie me diga que no les doy voz en este blog. A mí, desde luego, no me convence.

En fin, vuelvo a recurrir a la comparación que más me gusta. Si a alguien en su negocio o trabajo le estuvieran birlando por la cara el fruto de su esfuerzo, seguro que vería las cosas de la misma forma que los que sufrimos esta lacra. A mí me encantaría que la ropa o los coches fueran gratis, pero entiendo que haya que pagar por ellos. Pero claro, es lo que tiene esta sociedad, que a mucha gente le importa un bledo lo que les ocurra a los demás mientras obtengan algún beneficio.  Eso sí, lo suyo, que no se lo toquen.

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