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La opinión de
Javier Abad

Nintendapple

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Supongo que no soy el único que tras la muerte de Steve Jobs devoró con interés el aluvión de artículos sobre su figura y la trayectoria de Apple, la compañía que fundó y que se ha colado en la vida de todos nosotros… o de casi todos, porque a mis padres, sin ir más lejos, les hablas de Apple y el mundo digital y se creen que te refieres a comer una manzana a mordiscos. Lo que quería contaros es que mientras digería toda esa información, me venía a la mente la evolución de Nintendo en los últimos años, y no hacía más que encontrar paralelismos en la estrategia de ambas compañías.

Partimos de la base de que las dos se distinguen por liderar la innovación en sus respectivos campos. Ahora es cuando muchos se mosquean y me recuerdan que el reproductor MP3 ya estaba inventado antes de que Apple lanzara el iPod, o que el Eye Toy de PS2 ya reconocía nuestros movimientos antes de que Nintendo se sacara su Wii de la manga. Vale, pero ser líder significa que todo el mundo esté pendiente de la dirección de tus próximos pasos, aunque el camino que vayas a seguir ya estuviera abierto, y está claro que cuando Apple y Nintendo hablan, los demás escuchan (y toman apuntes por si acaso).

Este liderazgo no tiene solo que ver con la tecnología, sino también, y quizá más importante, con el diseño. Y es que hay que reconocer que si esta gente creara un zurullo, con perdón, les saldría un zurullo estiloso. Solo así se explican decisiones como la de Steve Jobs, que quiso que el primer iMac tuviera un asa, no por su utilidad, sino como símbolo de que cualquiera podía perderle el miedo a la informática transportando su ordenador como si fuera una simple maleta. Nintendo, por su parte, fue capaz de coger una caja angulosa y convertirla en GameCube, la que en mi opinión ha sido la consola más bonita de la historia… y que casualmente también tenía un asa.

Tomen las decisiones que tomen, Apple y Nintendo lanzan productos que son cool, guay, molan mazo o como queráis expresarlo. Y además también asumen su parte de riesgo. ¿Que les da por poner una letra absurda en todos sus nombres? Pues acabamos hablando de iPad, Wii, iPhoto o Mii sin acordarnos de lo ridículo que suena. ¿Que el blanco solo se utilizaba antes en lavadoras y neveras? Ellos se proponen demostrar, y lo consiguen, que los consumidores también pueden asociar ese color a la alta tecnología (que sí, que ya sé que Dreamcast también era blanca).

La sencillez en el manejo es otra máxima que comparten. Gracias a ello, una persona que no se haya acercado a un teléfono móvil ni a una consola en su vida (creedme, esta gente existe), podría descargarse una aplicación o echar una partida a cualquier juego solo cinco minutos después de su primer contacto con estos aparatos. Los usuarios de toda la vida podrán sentirse desplazados al verse invadidos por una tropa de recién llegados, pero atraer de esa forma a un consumidor que antes huía despavorido de todo lo que llevara un chip dentro es una proeza. En esa línea van los últimos inventos táctiles de ambas, que también guardan cierto parecido...

Al final, todo esto suma para construir una potente imagen de marca, y la mayor expresión de su éxito es esa guardia pretoriana de fieles seguidores que congregan a su alrededor y que no pierde ocasión de demostrar lo orgullosos que están de serlo. Más que usuarios, son auténticos embajadores de la marca, si se les mira con buenos ojos… o ridículos fanboys, si haces una búsqueda en Google y te salen fotos como estas.

Nos caigan mejor o peor, ellos son la viva imagen del éxito de Apple y Nintendo. Cuando tipos como estos se pasan horas haciendo cola delante de una tienda, nunca se sienten defraudados con lo que se llevan a casa, porque lo que persiguen son experiencias y estilos de vida asociados a la marca de sus amores, más que un producto en concreto. ¿Os hacéis idea de lo difícil y valioso que es lograr ese nivel de conexión con la gente?

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