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La opinión de
Sonia Herranz

¿Qué hace una chica como tú en un Tomb Raider como este?

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Estoy disfrutando como una enana con Tomb Raider. Con el nuevo, quiero decir. Con el otro, con el original, disfruté y sufrí a partes iguales y me gustó tanto que hasta tuve los… el valor, de volvérmelo a jugar en N-Gage (a lo mejor alguno se acuerda del fallido teléfono-consola de Nokia…).

Con este me lo estoy pasando muy bien, porque es emocionante, trepidante y variado. Porque no te atascas y superas los niveles sin demasiadas complicaciones. Y como tienes un botón para que te ayude si te pierdes… Pues eso, juegas con ritmo.

Me acuerdo de los disgustos que me llevaba con el primer Tomb Raider (y con el segundo, el tercero…) cuando me despeñaba en un salto por un milímetro de nada y me tocaba recorrer medio nivel otra vez… O cuando era incapaz de encontrar el interruptor de turno; o cuando me ahogaba en túneles inundados mientras me perseguía un cocodrilo con mucha hambre… ¡Qué tiempos! La de vueltas que le di al escenario hasta encontrar el rinconcito desde donde disparar al T-Rex sin que me usara de palillo de dientes. Y lo que disfrutaba experimentando con los movimientos de Lara… ¿Os acordáis de que era capaz de hacer el pino-puente?

Con este Tomb Raider la verdad es que no es lo mismo. Es difícil desorientarse en los escenarios, siempre sabes por dónde debes saltar y en cuanto te acercas a algo con lo que interactuar sale el cartelito avisándote, para que no pierdas tiempo buscando la palanquita… Ni tan siquiera tienes que apretar un botón para agarrarte a los bordes de las plataformas. Eso de los pasitos laterales para calcular el salto y ajustarlo al píxel perfecto pasó a mejor vida.

Con este Tomb Raider, con el de ahora, no me he sentido frustrada en ningún momento. Si acaso con las zonas de tiros. Yo soy más de saltar que de disparar. Pero, claro, tampoco he tenido el subidón que tenía con los originales cuando por fin encontraba el camino, el interruptor o la llave de turno… Era una sensación de lo más gratificante. Me hacía sentirme habilidosa, especial, y me daban ganas de decir: “miradme, ¡lo he conseguido!” (creo que alguna vez sí que grité algo parecido, pero menos fino…). Aquí os dejo un vídeo con las muchas maneras de morir que había entonces...

Sí, me lo estoy pasando bien. Lara es más creíble, los escenarios mucho más bonitos, los malos están mejor hechos y pasan un montón de cosas, más allá de saltar y buscar el camino… Hay más enemigos, hay más vídeos. También es verdad que sólo hay buenos puzzles, como los de antes, cuando entras en las tumbas secretas. Y no me queda más remedio que reconocer que por muy bien que me lo pase viendo la peli, estoy disfrutando más de los huevos de pascua: me obligan a pensar como en los primeros tiempos de Larita. (Y si tenéis problemas para encontrar coleccionables o tumbas, aquí está la guía)

La historia también me mola más. En los primeros juegos en realidad no le hacía mucho caso. Era lo de menos. Bastante tenía yo con los puzzles, los interruptores invisibles, los escenarios laberínticos, los bichos que salían de la nada… Buff, como para preocuparme de quién era el malo y quién no.

El caso es que, ahora que he recordado Tomb Raider, el de la Lara desproporcionada y de escasos polígonos, he sentido nostalgia. No creo que fuera capaz hoy día de volver a enfrentarme a sus frustrantes y gratificantes retos; no tengo tiempo para estar media hora perdida sin avanzar y la paciencia no me llega para saltar por donde no es y escalabrarme sin haber salvado… No, no podría. Estoy mal acostumbrada.

Eso sí, reconozco que cuando repaso las sensaciones, las de hace una década, descubro que eran bastante más satisfactorias que las de ahora… Generó en mí sentimientos más profundos la Lara muda, que la Lara parlanchina de ahora. Me lo estoy pasando muy bien, pero no sé si dentro de 10 años me acordaré de este Tomb Raider con la misma morriña…

Tendré que esperar dos lustros para saberlo. Aunque lo sí que tengo claro es que hay un tiempo para cada cosa y no es el tiempo de sufrir jugando. Hoy día los únicos que sufren son los héroes de los juegos. A los jugadores nos lo han puesto fácil para que no nos agobiemos, no nos atasquemos, no pasemos miedo... No sé qué pensáis vosotros, pero para mí era parte de la gracia. Quizá era así porque los juegos resultaban tan feos que nos tenían que enganchar con otras cosas, las cosas que de verdad importan.

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