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Análisis de Brothers A Tale of Two Sons
Púrpura

La Magia de un Viaje

Cuando llevas mucho tiempo leyendo los análisis de Hobby
Consolas acabas comprendiendo su baremo y, personalmente, siempre he estado en
sintonía con su criterio. Cada individuo acaba siendo afín a un medio u otro.
Pero, por supuesto, existen esos casos contados en los que discrepas (a fin de
cuentas, imagino que hasta en sus filas los redactores también discreparan
entre ellos). Son muchos años bebiendo del manantial de este medio para decidir
qué compro y qué no o qué merece la espera de una rebaja. Y ahora me encuentro
en otra de estas escasas situaciones en las que choco contrariamente con el
análisis del juego del que hoy quiero hablar: Brothers: A Tale of Two Sons. Allí donde se ven flaquezas yo veo
grandeza. Desde luego, analizar un juego nunca es una ciencia exacta.

 

Aunque yo vaya a contracorriente de la opinión dada aquí
sobre el juego, no creo que estemos ante uno de esos casos en el que tan
gratuitamente se suelta esa típica frase de “es un juego que amas u odias”, porque
hay juegos que realmente merecen esa descripción y Brothers no es el caso. Es
más, punto por punto, coincido en todos los apartados mencionados, pero todo
depende desde qué lado lo mires. Al final todo acaban siendo percepciones y
cada jugador percibe las sensaciones que le transmite un juego a su manera.
Vale, sí, eso es algo que podría aplicarse a cualquier título y Brothers no es
diferente en eso, pero a veces venimos influenciados por los vientos que soplan
de forma consciente o inconsciente y nos olvidamos de lo más esencial, la
diversión, la cual debería imperar por encima del contenido.

 

Dentro del ciclo de vida de esta industria, supongo que
soy un abuelete, pues llevo viciado en este fascinante mundillo desde los 8 bits,
e incluso en plataformas de conocimiento no tan convencional en las masas como
podía ser el Commodore Amiga. Y a veces pienso que es una suerte haber podido
experimentar juegos en cada época, ampliando mis puntos de vista a medida que
todo esto evolucionaba evitando convertirme en un corto de miras que defiende
compañías a ultranza y echa pestes a la competencia (aunque reconozco que me ofendo
si atacan a una máquina a la que pueda tener especial cariño). Pese a ello,
tengo claro que mi visión es retrógrada a más no poder y aplico mis propios
baremos (¿No lo hacemos todos?), y los avances que ha sufrido el videojuego han
llevado a unos criterios que a veces me resultan incomprensibles. Y es que si
vemos a Brothers desde una perspectiva más arcaica, estamos ante una auténtica
maravilla.

 

No por ello (después de contaros esta historia de zagal),
tacharía a Brothers de ser un juego de la vieja escuela por no seguir los
cánones de actualidad, pero sí me atrevería a decir que es un juego que basa su
simpleza en el concepto más primitivo y fundamental que solía verse en otros
tiempos, diversión minimalista.

 

Brothers ha significado para mí uno de estos misterios en
el videojuego que aparecen en pocas ocasiones, de estos en los que se esconde
pura magia. Allí donde muchos han arraigado en las creencias de que las
dificultades son inversamente proporcionales a la diversión, o que mil y un
objetivos, rellenos y contenidos son los que fijan el valor de un juego porque
alargan la vida de éste aunque sea de forma insustancial, la obra de Starbreeze
Studios se mueve por otros derroteros y simplemente nos invita a dejarnos
llevar por un viaje cautivador y brutalmente bello en el que te puedes divertir
a grandes niveles sin necesidad de recurrir a intrincados mecanismos y mil
acciones jugables.

 

Estamos ante una aventura en su concepto más primario,
el de iniciar un viaje épico hasta un horizonte lejano. Todo ello lleno de
matices, envuelto en variados y majestuosos paisajes y vistas de ensueño,
coloridos mosaicos y lúgubres situaciones. A bote pronto, más de uno habrá
sentido algo similar en las obras de Team Ico (Ico, Shadow of the Colossus), en
Journey de forma reciente, y si me voy más atrás los Little Big Adventure
representan la magia del viaje y la aventura. Y no podemos olvidarnos de las
muchas gestas de Link en cualquier Zelda que tanto nos han embriagado. Cada uno
a su manera expone sus bondades. Pero lejos de querer examinar con lupa cada
detalle minuciosamente, la grandeza de estas obras radica en lo que hemos
experimentado disfrutando del concepto elemental de adentrarte en la aventura.

 

Eso
es lo que encontraremos en este periplo de dos hermanos que parten en busca de
una cura para su padre, el cual parece tener las horas contadas. Y digo parece
porque en este juego no hay un idioma que vayamos a comprender, se ha utilizado
un sistema a lo Fumito Ueda y su seña de identidad de idiomas inventados en sus
obras. Sin embargo, no hay lugar para la ambigüedad, ya que gracias a las
gesticulaciones de los personajes y a una comunicación simple en las que no se
buscan densas conversaciones, entenderemos todo lo que ocurre aunque nos pueda
parecer extraño en un principio.

 

E igual de extraña será esta experiencia al dar los primeros pasos, ya que
estamos ante un juego cooperativo para un jugador. A lo largo del juego
deberemos manejar a ambos hermanos trabajando juntos para sortear cada
adversidad que se presente en el camino. Para ello disponemos de un control
sencillo, con cada stick controlaremos  a
cada personaje y con cada gatillo realizarán una acción ahí donde puedan
interactuar. Podría decirse que la mitad del mando es para un personaje y la
otra mitad para el otro. Es muy probable que en algún momento nos hagamos un
lío al tratar de sincronizar el movimiento de los dos, pero no es un proceso
que afecte y merme la experiencia de juego, y la adaptación es rápida.

 

Así
pues, esa colaboración entre ambos hermanos se verá plasmada en sencillos
puzles de una lógica muy evidente pero satisfactoria, ligados también a las
facultades de cada hermano. Al ser uno el mayor y el otro el menor, sólo por su
envergadura, rápidamente veremos en que pueden servir de ayuda en cada
situación. Por ejemplo, el mayor podrá alzar al pequeño para llegar a una cornisa
elevada, mientras que el pequeño podrá meterse por huecos más estrechos para
alcanzar una palanca alejada, pero también encontraremos los momentos en los
ambos personajes deberán cooperar al unísono, así que siempre deben permanecer
juntos.

 

Sin
más pretensiones que esas, no es un juego que busque acción a base golpes, sino
recrear situaciones simples y originales que no frustran la riqueza de este
viaje. Un viaje elaborado de forma muy lineal, una palabra de mala costumbre
actualmente que para muchos resulta ser un cáncer y, a veces, razón no les
falta. Pero cuando la idea es clara y está bien hecha poco importa si es un
mundo lineal o abierto cuando hay maestría en ello. Y es que poco a poco nos
veremos inmersos en este cautivador folklore representado por extrañas
criaturas, peligros y misterios en un marco de auténtica fantasía, parajes
sorprendentes por su impresionante diseño y melodías extraordinarias que
fortalecen los momentos más emotivos del juego.

 

Aposté
por este título sin hacer caso a puntuaciones por la compañía que hay detrás
(Starbreeze), la cual nunca me ha dejado indiferente. De una más que
contrastada experiencia en el género del FPS, siempre habían demostrado ofrecer
algo más y diferente en este género tan manido y saturado. Lo podemos comprobar
en Las Crónicas de Riddick, The Darkness e incluso en el desafortunado
Syndicate (yo creo en la conspiración de EA). Es una compañía que trata de
ofrecer ese algo más en lo que hacen, y ahora los vemos en una faceta que no
conocíamos en ellos, dando forma a una obra que puede dar mucho de qué hablar y
donde han evocado un fuerte componente emotivo para tratar de tocar la fibra sensible
del jugador. Puede parecer un cuento de niños por sus vivos colores, craso
error, porque nos veremos envueltos en una historia que también demuestra drama
y crudeza, y os llevará a un final en el que, si habéis sabido vivirlo, estaréis
unos minutos buscando la moraleja.

 

Personalmente,
lo único  que puedo lamentar de esta obra
es que termine. Es un viaje y una aventura que desearías que no terminasen
nunca porque se disfruta y se hace inolvidable. Te diviertes aun con esa
sencillez tan aplastante en rompecabezas mientras quedas hipnotizado por cada lugar
que visitas y situación que experimentas en esta epopeya. Nada tiene
desperdicio. Pero acaba llegando el momento en el que todo termina, y mucho
antes de lo que querrías, ya que en unas 3 horas, un suspiro, termina esta
fábula. El único pecado de Starbreeze ha sido desarrollar este juego como algo
pequeño, un arcade de bazar/store con ese rancio aroma y de erróneo concepto de
que un indi es un juego pequeño (odio que se generalice ese concepto en ese
mercado) cuando pudo ser algo enorme digno de recordar durante años.

 

No
obstante, dada su simpleza, el resultado es sorprendente. Y aquí es donde
vuelvo al punto expuesto al inicio, de no entender estos criterios tan contemporáneos,
planteándome varias preguntas. ¿Cuándo ocurrió este cambio? ¿Cuándo nos hemos
olvidado de la diversión esencial de un juego para acabar justificando su valor
por su contenido secundario? ¿Es que una vez completadas las estadísticas del
juego al 100% nos olvidamos de él? ¿Nos hemos olvidado de jugar por gusto y ahora,
si no es porque queda algo pendiente por hacer, no volvemos a jugar? ¿Los
juegos convertidos en deberes? ¿No será que muchos juegos de actualidad,
incluidos algunos triple A, tienen un serio problema si tienen que apoyarse en
el relleno ya que su base no es suficiente?

 

Desde
luego cada uno tendrá su respuesta y su propia interpretación, no pretendo ser
demagogo. Pero lo que sí puedo decir, en mi opinión, es que con Brothers: A
Tale of Two Sons hacía mucho tiempo que no estaba frente a un juego que me
invitara a rejugarlo de nuevo por puro placer. Y todo gracias a un trabajo
sublime de unos fundamentos bien cuidados e ideados con elegancia, sin la
necesidad de enmascarar el resultado con contenidos artificiales que realmente
no significan más grandeza, ni más valor, ni más alicientes, especialmente
cuando se meten a la fuerza y son una burda copia del “blockbuster” de turno. Brothers
te atrapa por su propia naturaleza, experiencia y diversión limpia y básica,
como solía ser antes, sin la necesidad de recurrir a florituras ni sucedáneos. Quizá
soy demasiado romántico, pero yo a eso lo llamo magia.

90

Excelente

Lo mejor

Lo peor

Análisis de HobbyConsolas

    Análisis de Brothers: A Tale of Two Sons

    De un tiempo a esta parte, algunos equipos de desarrollo parecen estar obsesionados con una meta: emocionarnos. Divertirnos ya no es suficiente, tienen que hacernos llorar si es posible. Muchos desarrolladores independientes están explorando esta vía (Journey, The Unfinished Swan…) y cada vez estudios más grandes buscan tocarnos la fibra. Un claro ejemplo de esto es la nueva producción de Starbreeze, los suecos que nos sorprendieron en Xbox con la primera y sobresaliente aventura Las crónicas de Riddick. Aquí cambian de tercio en todos los frentes, desde el estético (mucho más colorido), al de juego (no es shooter subjetivo) o el argumental. Y es que Brothers: A Tale of Two Sons

    Hobby

    75

    Bueno

    Lo mejor

    El diseño de algunos puzzles. El fantastico mundo que visitamos. La música.

    Lo peor

    Es muy corto y lineal, sin alicientes para rejugarlo. Los personajes poco expresivos.

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