Análisis

Análisis de Binary Domain con bots

Por Óscar Díaz
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El protagonista de Binary Domain, un sargento de nombre Dan Marshall, comparte historia con un grupo variopinto de personajes. Unos que se llevan más carisma y estilo que casi todos los miles que han pasado por nuestras pantallas en lo que va de generación. Su forma de enfrentarse a los enemigos es todo un homenaje a lo que se puede considerar un héroe genérico. Un corte que se adapta a los tiempos que corren, donde inteligencias artificiales, redes instantáneas y nanorobots pueden ponernos las cosas muy difíciles.

Lo que ofrece este título de SEGA, ideado por el estudio de la serie Yakuza, es una amalgama de otros juegos. Todos con una característica concreta, que parten de la vista en tercera persona. Sin embargo, la forma en que Binary Domain nos coloca ante la acción se queda a medias en algunos aspectos. En concreto, la forma de reaccionar ante los elementos del escenario no llega a los mejores del género. Tampoco vemos que los entornos se aprovechen. Algo muy a nuestro pesar, porque algunos son una verdadera delicia, en la que apenas pasamos unos minutos y nos dejan con ganas de volver.

La alternancia de disparos y el uso de coberturas nos da algo más en lo que pensar cuando estamos en plena faena. Los puntos en que nos refugiamos son menos de los que parece a simple vista. Sin embargo, esto se compensa a veces con varios niveles, desde los que tenemos mejor ángulo para acabar con los contrarios. Unos que carecen, en general, de cualquier sentimiento. Se trata de robots operados desde una base remota. Unas fuerzas que tienden a estallar cuando acertamos en el lugar preciso o que se desmiembran poco a poco.

Precisamente, uno de los detalles más interesantes de Binary Domain es el daño localizado. Cuando más nos centramos en desmontar un enemigo, más créditos nos dará este. Otra posibilidad es acertar en la cabeza, con lo que los robots comenzarán a atacar a sus propios compañeros. Esto compensa lo monótonos que se hacen los diseños de muchos de ellos. Es cierto que nos encontramos con más de 30 enemigos diferentes y mecánicos, pero los más abundantes tienden a ofrecer poco más que oleadas finitas que tienen poco de original.

Personalización al estilo Binary Domain

Si hay algo que se sale de lo habitual en este juego, además de una historia para vivirla (si te la cuentan no tiene gracia) es que implementa un sistema de órdenes por voz. Estas funcionan, más o menos, tanto en PS3 como Xbox 360. Pero se quedan por detrás de otras opciones similares, a pesar de tener un repertorio bastante amplio y que incluye algo más que palabras bonitas. Lo cierto es que se echa de menos que aproveche tecnologías como Kinect, que están preparadas para esto.

De los puntos de experiencia también merece la pena hablar. Más que nada, porque no son tales, sino que el sistema económico se basa en piezas que se transforman automáticamente en créditos. Estos nos dan para añadir armas y munición a nuestro arsenal. Pero lo más interesante es que podemos hacer lo propio con nuestros compañeros de equipo. Aquí entran en juego también los nanorobots, que proporcionan mejoras que afectan al comportamiento del equipamiento. Velocidad, tiempo de recarga, potencia de fuego... todo llega con dos limitaciones: el presupuesto y cómo rellenemos las casillas donde se colocan los 'chiquitines'. Aparte de estas opciones un poco originales, en cuanto a forma, también tenemos otras más clásicas y que repartiremos entre los diferentes componentes de nuestro comando. Todo ello con la influencia de la suerte, porque no sabremos si un personaje en concreto estará con nosotros muchas misiones o hará apariciones esporádicas.


Precisamente, los compañeros nos van a dar muchos momentos buenos en Binary Domain. Un título que empieza a ponerse interesante cuando llevamos un par de horas de partida. Algunos giros en la trama y varias apariciones estelares invitan a seguir cuando las cosas parecían que el juego no daba para más. Algo incomprensible, porque esconde momentos memorables y que sólo un acabado técnico irregular consigue empañar.

Mutijugador pobre vs robots gigantes

La paciencia es la clave para disfrutar del juego. Si queríamos enemigos grandes, aquí los tendremos. Secuencias espectaculares, también las incluye. Incluso nos enfrentamos a algunos eventos predefinidos, en los que hay que pulsar botones o mover el 'stick' como indica en pantalla. Esto viene a confirmar la idea de que Yakuza Studio ha querido mezclar elementos de otros juegos y dejar la originalidad en manos de una historia que arranca despacio.

Como accesorio, que parece estar sólo por capricho y para aumentar las diez horas que nos puede durar la historia, también se ha añadido un apartado online. Uno que complementa unos extras descafeinados, que se limitan a poder leer notas perdidas por los escenarios y a ver fichas de enemigos y personajes. ¿Qué tienen esos modos multijugador? Pocas cosas nuevas. Por un lado, un puñado de escenarios tipo horda, con oleadas de enemigos que cada vez son más grandes. Algo que podemos jugar en solitario o cooperativo, pero que apenas ofrece recompensas, salvo la satisfacción de superarlo.

Es en estos modos multijugador donde más se aprecia una inteligencia artificial poco trabajada. Con enemigos que chocan contra objetos cuando no tienen un camino prediseñado que seguir. Un detalle que apenas se aprecia en el modo historia y que se puede achacar a que son robots... pero que hace menos divertido el multijugador. Por otro lado, también disponemos de un modo por equipo, en el que demostrar qué personaje es nuestro favorito y darlo a conocer al mundo. Uno que no parece preparado para Binary Domain, ya que apenas hay partidas en las que jugar. Así que, de lanzaros a por este título de SEGA y querer disfrutar de algo más que su excelente historia, intentad convencer a algunos amigos para que lo hagan al mismo tiempo, así tendréis la diversión más asegurada.

Valoración

Binary Domain tiene una historia que tarda en arrancar, pero que nos engancha como pocas. Sin embargo, su apartado jugable y técnico no están a la altura en demasiados momentos.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Una historia de robots, con personajes llenos de personalidad. Una delicia para los fans de Sci-Fi.

Lo peor

El control juega malas pasadas al salirnos de la rutina y, en general, se hace monótono.

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