Análisis

Análisis de los puzzles de Mario y DK

Por José Luis Sanz
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Tantas veces como ha pasado por las consola de Nintendo, tantas veces que nos ha deslumbrado. Y no precisamente por su puesta en escena, profundidad de juego o complejidad general sino, precisamente, por todo lo contrario: la saga Mario vs Donkey Kong es de las más simples, originales y divertidas que hemos disfrutado jamás...

Eso sí, si te subiste al carro de Mario vs Donkey Kong hace poco, con la función empezada, que sepas que han cambiado mucho las cosas desde sus primeras incursiones en Game Boy Advance. Entonces la cosa era mucho más cooperativa, más de usar a cada personaje según sus habilidades (en plan The Lost Vikings), por lo que extraña el bandazo que pegó la serie tornándola en una especie de Lemmings... pero sin suicidios de por medio.

En Mario vs Donkey Kong ¡Megalío en Minilandia!, los minimarios (¡¡madre mía cuánto mini!!) andan solos por la pantalla y nosotros tenemos que facilitarles el camino para llevarlos sanos y salvos hasta la salida. Se supone que Donkey Kong está detrás de todas las trampas del escenario por lo que... ¡¡oh, noticia!!, el mono más famoso de los videojuegos vuelve al papel de villano que le vio nacer en las recreativas de hace mil años.

Sencillo como el mecanismo de...

Como ocurre siempre que Nintendo anda por medio, el juego no es un paseo y a medida que vamos avanzando se añaden nuevos artilugios y obstáculos que harán a los minimarios pasarlas canutas. Así que tendremos que tirar de rapidez mental, analizar el escenario y ver por dónde podemos llevar a los miniyos de Mario sin palmar.

Tenemos en pantalla una especie de contador de segmentos que nos indican la cantidad de plataformas que podemos fabricar bajo los pies de los minimarios. Como podréis imaginar, nunca nos dan tantas como necesitamos por lo que tendremos que irlas borrando a medida que los personajes pasan por ellas. De ahí mucha de la tensión que vamos acumulando en cada una de las pantallas ya que, si jugamos en una DSi XL, tendremos que asignar un ojo a cada tarea: uno a los minimarios y otro a las trampas.

A medida que vamos avanzando en Mario vs Donkey Kong ¡Megalío en Minilandia!, tenemos que pensarnos mucho más las cosas y ya se complican los puzzles un poquito. Hay cañones que lanzan a nuestros personajes por los aires, o plataformas móviles, o tubos que aspiran todo lo que pasa por ellos, o escaleras que nos llevan hasta pequeños enemigos...


¡¡Ahh, se nos olvidaba!! Mario tiene que rescatar a la princesa de las garras de Donkey Kong, por si acaso alguno de vosotros tenía la duda existencial de qué andaría haciendo el fontanero entre Super Mario Galaxy y Super Mario de 3DS...

Pequeños suspiros de diversión

Cada fase es un puzzle que hay que resolver y, por suerte, nunca son extremadamente grandes por lo que podremos echarnos un Mario vs Donkey Kong ¡Megalío en Minilandia! sin tener que cancelar todas nuestras citas dominicales. Sólo hay que abrir la consola, entrar en la fase que lo dejamos y en poco tiempo (dependiendo de nuestra habilidad), nos llevaremos de paseo una dosis de entretenida diversión...


Por si fuera poco, le han metido un editor, para que nos construyamos nosotros mismos las fases y, si tenemos tiempo, conseguir todas las monedas y letras coleccionables en cada nivel, que nos servirán para desbloquear minijuegos (poco variados, eso sí), mundos secretos y herramientas para la Zona de Construcción.

¿Alguno de vosotros ya ha caído en las garras de Mario vs Donkey Kong ¡Megalío en Minilandia! o está a ver si lo hace? Yo, desde luego, sigo muy, pero que muy enfrascado en esta pequeña maravilla. ¡¡Vaya con Nintendo!!

Valoración

Si ya jugaste a las entregas anteriores, vas a encontrar más de lo mismo: cientos de puzles sencillos pero rejugables, gracias a un montón de trofeos y extras. Sobre esta sólida base, se erige un online casi interminable.

Hobby

82

Muy bueno

Lo mejor

El editor es muy fácil de usar y tiene algunas opciones online. Melodías muy nostálgicas.

Lo peor

La mecánica tiene limitaciones y se hace repetitivo. No hay muchas novedades.

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