Análisis

Análisis de Drakengard 3 en PS3

Por Borja Abadie
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Versión comentada: PS3

Access Games y Square Enix vuelven a mostrarnos su lado más perverso con Drakengard 3, la última entrega de la saga, en exclusiva para PS3. No solo nos deleitan con una historia tan oscura y malvada como siempre, también nos mortifican con una jugabilidad igual de maligna.

Square Enix y Access Games vuelven a planear sobre PS3 con Drakengard 3, la última entrega de su peculiar saga, que mezcla combates al estilo Dinasty Warriors con momentos de vuelo al estilo del Ace Combat de Capcom. Claro, que aquí vamos montados en un cazador, no en un caza, un enorme dragón que escupe fuego y todo. Pero, desgraciadamente, eso no es lo único que diferencia al nuevo título exclusivo de Square de sus dos grandes influencias. Pero dejemos los cuchillos para luego.

El argumento es una precuela ambientada 100 años antes del Drakengard original de PS2. En esta tercera entrega numerada (no se tiene en cuenta el mediocre Nier que apareció en 2010) nos metemos en la piel de Zero, una "intoner", que traduciremos como "entonadora". Y la traducimos porque el juego llega con voces y textos en inglés. Podemos descargar un pack con las voces en japonés, pero no hay ni voces ni textos en castellano. En cualquier caso no es algo que arruine la experiencia de juego, ya que está mucho más centrada en la acción pura y dura que en contar una gran historia.

Pues, como iba diciendo, Zero es una entonadora, una de las semi-diosas que salvó al mundo en el pasado con sus poderosas canciones. Aunque parece una acción propia de una heroína de las de toda la vida, el caso es que ahora Zero no tiene otra cosa en la cabeza que asesinar cruelmente al resto de sus hermanas: One, Two, Three, Four y Five. Sí, amigos, me sé los cinco primeros números en inglés y además acabo de recitar los originales nombres de los personajes principales de Drakengard 3.

Directo a las tollinas

Drakengard 3 puede tener un elenco de personajes muy especial, un argumento entretenido y unos diálogos que en ocasiones consiguen hacernos reir, sobre todo las charlas entre la protagonista y su dragón, pero no es un juego narrativo, que digamos. Aquí lo importante es repartir espadazos a todo lo que se mueva. Para lograrlo contamos con todas las habilidades típicas de un juego de acción: fijar una retícula sobre los enemigos, esquivar sus golpes para situarnos en su retaguardia, bloquear ataques y, por supuesto golpear a nuestros rivales.

La "nada" despreciable cifra de dos botones de ataque se sobra y se basta para acabar con las hordas de enemigos a las que nos enfrentamos. Además, podemos equiparnos con 4 tipos de armas distintas: espadas, lanzas, mitones y chakrams (esa especie de cuchillas circulares que usaban como arma arrojadiza en la India, por lo visto).

Eso sí, tenemos que desbloquearlas al avanzar en la aventura. Lo malo es que conseguimos los 4 tipos de arma cuando ya no queda mucha aventura por recorrer, por lo que son muy pocas las horas de juego en las que disfrutamos del potencial de las batallas al completo, si es que tuvieran potencial. No podía faltar a la cita el clásico modo berserker; nos golpean a diestro y siniestro y vamos rellenando una barra y al activar el modo "mala virgen" arrasamos con todo lo que nos salga al paso.

Durante los combates contra los jefes finales, este modo bestiajo se vuelve imprescindible para salir vivos de los enfrentamientos. Son, sin duda, los mejores combates del juego, sin llegar a ser nada del otro mundo. Además, pierden el poco carácter épico que tienen sus mastodónticas criaturas al repetirse una y otra vez en fases posteriores.

A simple vista sí que son unos combates completos, pero todo queda arruinado por la horripilante cámara, mucho peor que cualquiera de las perrerías que hace Zero a sus enemigos y por el nefasto control, más cruel que las ejecuciones de la protagonista. La cámara se mueve rápido, quizás demasiado, lo que resulta muy útil a la hora de avanzar por los desolados escenarios pero muy poco a la hora de pelear. Otra de las costumbres favoritas de la dichosa cámara es la de colocarse, con demasiada frecuencia, ¿cómo lo diría? ¿Sabes ese punto del escenario desde el que no te enteras de absolutamente de nada de lo que pasa? Bueno, pues ése es exactamente en el que se coloca la muy...

El control también aporta su granito de arena a la locura jugable. Nuestros comandos no responden con la rapidez y precisión que exige un buen beat' em up. Hay combos, aunque el retardo entre pulsación de botones y los golpes en el juego hacen muy difícil llevar la cuenta de los golpes que llevamos. En honor a la verdad, tampoco es que Drakengard 3 pretenda ser rival de Devil May Cry (y si lo pretende es que están mucho más locos de lo que pensaba) ya que son enfrentamientos multitudinarios y sin control para pasar el rato. Las bajadas de frame rate y el tearing tampoco ayudan a entender lo que la cámara y el control están mostrando en la pantalla.

Objeto Volador No Identificado

Pero vamos a ver, ¿no era un juego con dragones? Efectivamente, el OVNI del que hablo no es otro que Mikhail, nuestro querido dragón. Podemos aprovechar su fuerza de dos formas distintas: montados en él o cada uno por su lado. Solo en determinadas zonas y en determinadas batallas podemos colocarnos sobre un círculo en el suelo desde el que pedir ayuda a nuestro dragón, que quemará a los rivales con su poderoso aliento.

También podemos subirnos a su montura para controlarlo nosotros mismos. Esto también sucede solo en determinados momentos y zonas de un nivel, no podemos elegir a nuestro antojo si ir a pie o sobre Mikhail (no como sucedía en Drakengard 2, en donde podíamos montarnos sobre nuestro drágon en casi cualquier momento). Generalmente, protagoniza fases de disparos al más puro estilo shooter, pudiendo incluso fijar la retícula sobre varios enemigos para lanzarles proyectiles de fuego. Incluso hay zonas y enfrentamientos en los que lo controlamos con total libertad. También podemos esquivar ataques haciendo un rizo a lo 1943, lanzar bolas de fuego o tirarnos a por un enemigo de cabeza. Además, si vamos andando con el dragón también podemos lanzar una larga ráfaga de fuego que calcina a montones de enemigos al mismo tiempo. 

Una vez más suena muy completo, ¿verdad? Nos imaginamos la película en la cabeza y parece de las buenas pero, otra vez, cogemos el mando y la magia desaparece. Los problemas del control y de la cámara son igual de molestos en los momentos de vuelo, por lo que la mayor parte del tiempo tenemos que hacer un esfuerzo por comprender y controlar lo que sucede en la pantalla.

Un buen juego de PS2 

Al menos si nos centramos en lo gráfico, claro. Y es que, como os comentaba, el frame rate y el tearing son nuestros compañeros de aventura. Pero eso no es lo único. A las animaciones parece que le falten unos cuantos frames por segundo, los modelos de los personajes son muy simplones y los escenarios están más vacíos que la nevera de un soltero. Las texturas, si es que puedes llegar a apreciarlas también están tremendamente anticuadas. No sería un problema si el resto del juego fuese original, sorprendente o simplemente correcto.

Supuestamente, el género de Drakengard 3 es rol de acción. Como diría un querido colaborador que no mencionaré: "si subes de nivel es un juego de rol". Bueno, yo más bien diría que si no subes de nivel, puede que no sea un juego de rol. Y es que no siempre subir de nivel es sinónimo de rol, o de lo que yo entiendo por rol, claro. Y a las pruebas me remito. Subimos de nivel, sí, pero no tenemos un árbol de habilidades en el que podamos elegir qué queremos de aprender.

Qué demonios, ni siquiera hay habilidades que aprender. Aumentar de nivel solo sirve para incrementar nuestra barra de energía, ahí lo llevas. Eso sí, podemos mejorar las armas que vamos desbloqueando gastando nuestro oro, que ya es algo. Para mí, si no puedo elegir entre distintas habilidades, opciones, caminos, personalidades, etc... no es un juego de rol.

Las misiones, que escogemos desde un menú y no desde el propio mundo de juego, se repiten hasta la saciedad. Básicamente se resumen a: asesina a todos los memos que vienen como patos de feria a por tí. Eso sí, es bastante rejugable, ya que al terminar la historia desbloqueamos otras ramificaciones de la historia que nos llevan a distintos finales (un clásico dentro de la saga).

La historia, los diálogos, el tono general de la trama (con mucho humor, sadismo y perversiones) tiene su gracia. Además, ofrece un buen número de situaciones distintas, pero se queda cojo en casi todo. Como juego de acción es peor incluso que los Dinasty Warriors, como arcade de vuelo no le llega ni a la suela de los zapatos a Flappy Bird (es broma, aunque al menos controlas lo que sucede en pantalla) y como juego de rol es tremendamente incompleto. Si te van los juegos de acción sin complicaciones, las historias locas y distintas, los dragones y todo eso, los gráficos de nuestra querida PS2 o los controles fallidos y las cámaras más locas a este lado del Misisipi, Drakengard 3 es tu juego. Si no, ya sabes. 

Valoración

La historia y su mezcla de géneros puede encandilarnos, pero la alegría se nos pasa al agarrar el mando y descubrir que la cámara, el control y el apartado gráfico son un completo desastre.

Hobby

65

Aceptable

Lo mejor

La historia y los personajes tienen su punto. La mezcla de géneros.

Lo peor

La cámara va a su aire, los controles responden fatal y parece de PS2.

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