Análisis

Análisis de Fast Racing Neo para Wii U

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: Wii U

El análisis de Fast Racing Neo para la eShop de Wii U llega a 1.000 km/h. El estudio alemán Shin’en Multimedia nos propone unas carreras de naves que recuerdan enormemente a F-Zero, por su antigravedad, por su estética y por su endiablada dificultad. El Capitán Falcon estaría encantado de montarse en una de estas máquinas del futuro.

Fast Racing Neo arranca sus motores esta semana, y aquí está el análisis de su estilo de conducción antigravitatorio. El juego, desarrollado por el estudio alemán Shin’en Multimedia, estará disponible para descargar en la eShop de Wii U desde el 10 de diciembre, a un precio de 14,99 euros. Se trata de una secuela de Fast Racing League, un título que vio la luz en la Consola Virtual de Wii allá por 2011, y que se enmarca en el género de las carreras de naves futuristas, como un heredero contemporáneo de Wipeout y, especialmente, F-Zero. Esta última es una de las sagas más queridas de la historia de Nintendo, pero llevamos sin ver una nueva entrega desde 2003, cuando se lanzaron los estratosféricos GX y AX, para Gamecube y recreativas, respectivamente, desarrollados por Amusement Vision, un estudio de Sega, tras la conversión de ésta en ‘third party’. Pues bien, aunque el juego que nos ocupa no tiene la denominación de F-Zero, bien podría pasar como tal, pues su estilo es muy similar y la calidad tampoco es moco de pavo.

Velocidad futurista

Fast Racing Neo es un arcade de velocidad con todas las de la ley. No se complica en sus postulados jugables, pero, al mismo tiempo, es tremendamente estratégico. Tenemos un botón para acelerar y otro para frenar, así como otros dos para ladear la nave, al margen del imprescindible movimiento con el joystick. A la hora de elegir nave, hay que tener en cuenta que cada una tiene unas características de velocidad, aceleración y peso, lo que influye notablemente en su manejo. Se puede jugar tanto con el Gamepad como con el mando Pro, de modo que el primero permite el uso del giroscopio para maniobrar, si se desea, pero la respuesta es bastante imprecisa.

Hasta ahí, nada especial. Sin embargo, hay dos tipos de turbos que hay que saber explotar para poder llegar a la meta en primera posición. Por un lado, a lo largo de los circuitos, hay desperdigadas diversas esferas de energía que conviene recoger para poder recargar la barra de turbo de la nave, que se puede descargar cuando se quiera, con el añadido de que, al activarlo, se puede placar a los rivales y hacerlos trompear (no hay objetos de ataque). Esas bolas no siempre están en la trazada ideal, y desaparecen si las coge alguno de los pilotos que llevemos por delante, así que hay que estar al loro. Por otro lado, hay ciertas alfombras impulsoras distribuidas por las pistas: unas son azules y otras, naranjas. La nave puede cambiar su tipo de energía entre esos dos colores con sólo pulsar un botón, de modo que, si pasamos por encima de una alfombra con el color correspondiente activado, experimentaremos un acelerón. Por el contrario, si pasamos con la tonalidad errónea, nos veremos muy ralentizados. Además de las citadas alfombras, también hay saltos que nos catapultan y portales que se alimentan de ese código cromático. Este simple detalle, a priori insignificante, hace que cada carrera sea una montaña rusa.

Por si eso fuera poco, los dieciséis circuitos que hay son ratoneras llenas de peligros que hay que saber sortear. Por ejemplo, hay numerosos elementos dinámicos que pueden jugarnos una mala pasada, como meteoritos que se estrellan, gusanos gigantes, géiseres de fuego, máquinas enormes, contenedores móviles, balancines… Algunos de esos obstáculos, como estalagmitas o vados de agua, se pueden superar rápidamente con el turbo, siempre que tengamos energía en la reserva, claro. Por supuesto, no faltan las bifurcaciones en las que dudar de qué camino puede ser el más beneficioso. En general, todo funciona muy bien, aunque algunos aterrizajes tras grandes saltos pueden ser un poco problemáticos: si vamos muy al límite y contactamos con el suelo justo al lado de una mediana, por ejemplo, puede que veamos explotar la nave sin razón aparente, para nuestra desesperación, pues perder unos segundos aquí es, prácticamente, despedirse de la victoria.

Un reto mayúsculo

Fast Racing Neo dispone de una buena oferta de modos de juego. En primer lugar, nos encontramos con Campeonato, que cuenta con cuatro copas que se desbloquean progresivamente. Cada una está formada por cuatro carreras, de modo que es imprescindible acabar en el podio final para poder pasar a la siguiente. En Contrarreloj, hay que batir los tiempos marcados por los desarrolladores. En ambos casos, las pruebas constan de tres vueltas, y hay tres niveles de dificultad, que también se desbloquean progresivamente: Subsonic, Supersonic e Hypersonic, equivalentes a novato, avanzado y experto. No es que la dificultad sea optativa, sino que, si se quiere completar el juego al 100%, hay que ir completando todos los eventos en todos los niveles de dificultad.

De hecho, eso es imprescindible para desbloquear el modo Héroe, cuyas pruebas introducen varias particularidades. La barra de turbo se convierte a la vez, en una barra de escudo, por lo que hay que tener mucho cuidado a la hora de descargarla, como si de un F-Zero se tratara, ya que la nave puede acabar desguazada, sin opción de reaparición. Asimismo, es obligatorio llegar en primera posición para poder desbloquear la siguiente prueba. Sin rodeos: FRN es un juego tremendamente difícil, incluso en sus niveles más bajos. La IA en las carreras es muy competitiva, mientras que, en las contrarrelojes, hay algunos tiempos disparatados.

El multijugador tiene tres vertientes. En primer lugar, hay soporte online para ocho jugadores. En segundo lugar, hay opción para cuatro personas a pantalla partida, en una misma consola, con la posibilidad de incluir pilotos manejados por la IA. Finalmente, hay rankings online en los campeonatos, en los que se compara el tiempo total empleado para superar cada copa con el de otros usuarios.

A la velocidad de la luz

Puede que Fast Racing Neo sea un juego indie, pero, técnicamente, es uno de los espectáculos más vistosos que se pueden ver en Wii U. Shin’en Multimedia ha hecho un trabajo impecable para ofrecer unas carreras con una sensación de velocidad vertiginosa, a 60 fps y sin fallos de ‘popping’. A eso, hay que añadir la ambientación de los circuitos, en junglas, desiertos, montañas nevadas, cañones, ciudades futuristas… Los entornos no sólo son bonitos, sino que influyen en las carreras, con condiciones climatológicas diversas (ojo a las ventiscas) y numerosos elementos dinámicos, que varían según el circuito. Lo único que echamos en falta es una mayor variedad en el diseño de las naves, así como un mayor número de cámaras, pues sólo hay tres y todas son exteriores.

Otra cosa que cabe reprocharle al juego en lo visual son algunos fallos de ‘usabilidad’ del interfaz, pues no hay un mapa del trazado que permita orientarse, ni tampoco referencias de tiempo respecto a los rivales. Asimismo, si bien el juego apenas tiene textos, éstos no se han traducido al español, lo que hace que también la velocidad se mida al estilo inglés, en millas por horas, en lugar de en kilómetros por hora. En el apartado sonoro, destacan la música ‘maquinera’ que acompaña a las carreras y la voz de Jack Merluzzi, que ya estuvo en F-Zero GX, lo que da cuenta del homenaje que ha querido hacer Shin’en Multimedia al mítico juego de Gamecube.

Una descarga de adrenalina digital

Fast Racing Neo es un gran arcade de velocidad. Sería exagerado decir que alcanza las cotas gravitatorias de un F-Zero, pero, desde luego, es uno de los mejores títulos que se han lanzado en la eShop de Wii U. Las carreras son un auténtico espectáculo, gracias a la fórmula de las alfombras impulsoras de colores y al diseño de los circuitos, llenos de trampas que obligan a estar siempre ojo avizor. La dificultad puede llegar a ser frustrante, pero Shin’en ha hecho un fantástico trabajo de ingeniería futurista.

Valoración

Un digno reemplazo para F-Zero en las pistas digitales de Wii U. Su vertiginosa fórmula de velocidad arcade es algo que ya no se ve hoy en día.

Hobby

87

Muy bueno

Lo mejor

Lo que dan de sí los dos tipos de turbos. El diseño de los circuitos. La sensación de velocidad.

Lo peor

La dificultad puede frustrar. Fallos de ‘usabilidad’ en el interfaz. Que sólo salga en digital.

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