Análisis

Análisis de LocoCycle para Xbox One

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: Xbox One

LocoCycle es uno de los primeros juegos descargables de Xbox One, la consola de nueva generación de Microsoft. La velocidad, los mamporros y el humor son la gasolina de este explosivo título, cuyo protagonismo corre a cargo de IRIS, una motocicleta parlante, y Pablo, un mecánico muy acostumbrado a arrastrarse por el suelo. Todo es tan surrealista como suena en esta creación de Twisted Pixel Games.

El ámbito de los juegos descargables es muy receptivo a las propuestas alocadas. Ya desde el primer día, el catálogo digital de Xbox One ha empezado a labrarse un recorrido, y uno de sus primeros exponentes es LocoCycle, un disparatado arcade de acción y velocidad, en el que concurren turbos, disparos y coreografías de saltos y tortazos a partes iguales.

El argumento del juego nos traslada hasta Norteamérica, donde Big Arms, una empresa armamentística, acaba de presentar en sociedad dos motocicletas de nueva generación, blindadas, inteligentes y autosuficientes. Sin embargo, una de ellas, IRIS, no está por la labor de servir a sus fabricantes, así que, cuando ve anunciado en la televisión el Rally de la Libertad, un festival motero que se celebra en Scottsburgh (Indiana), decide lanzarse a la aventura. La máquina se da a la fuga justo cuando Pablo, un pusilánime mecánico, está bajo ella haciéndole una revisión, de modo que, sin comerlo ni beberlo, el pobre hombre acaba enganchado a la rueda trasera. A partir de entonces, se inicia un largo viaje, con IRIS muriéndose de ganas por arribar a su destino y Pablo arrastrándose por el asfalto, dando tumbos y clamando por su libertad. Como se deduce de todo esto, el surrealismo está a la orden del día.

Una motocicleta que, en realidad, es bicicleta

LocoCycle consta de un prólogo, un epílogo y cinco capítulos, divididos por secciones, al final de las cuales recibimos una puntuación. A grandes rasgos, se trata de un arcade de acción que aúna velocidad y beat’em up. Así, conducimos por diversas carreteras mientras nos salen al paso decenas de enemigos, a los que podemos derrotar con tres tipos de acciones: disparos, golpes de chasis y golpes con el cuerpo colgante del coprotagonista humano. Los combos son una parte esencial del control, aunque, cuando cogemos a un enemigo por banda, el sistema tiene más de machacabotones de que de otra cosa: como muestra, valga decir que hemos llegado a hacer un combo de mil golpes sin despeinarnos. Hay jefes finales, pero casi ninguno se resiste demasiado. Del mismo modo, la conducción es muy limitada: podemos utilizar turbos y hacer girar la moto, pero no hay botón de freno ni derrapes. De hecho, la moto acelera sola. No se trata, por tanto, de un arcade de velocidad, aunque pueda parecerlo.

Hay que destacar que, pese a lo básico del sistema de control, las situaciones son relativamente variadas. Mientras vamos por la carretera, nos abordan enemigos con jet packs, moteros armados con palos, pistoleros montados en vehículos, científicos a bordo de esferas rodantes… También hay algunos QTE, en los que toca pulsar las combinaciones de botones que correspondan, pero son tremendamente básicos y facilones. Hay incluso tramos por mar y aire o un combate que pretende homenajear a los juegos de lucha en 2D, aunque todo resulta bastante simplón.

El apartado gráfico, con un estilo de dibujos animados, es bastante limitado. Es cierto que hay zonas variadas y no se aprecia “popping”, pero el grado de detalle general es paupérrimo. Por lo general, la cámara siempre se sitúa detrás de la moto, pero, de cuando en cuando, se coloca en diagonal, lateralmente o en la parte frontal, lo que aporta algo de variedad estética. Los enemigos humanos tienen todos la misma cara, los efectos de las explosiones no son gran cosa, no hay efectos lumínicos llamativos… En definitiva, el gran problema es que el juego no justifica el hecho de haberse lanzado en Xbox One. Podría pasar, perfectamente, por un título de 360, plataforma para la que se ideó inicialmente y a la que, de hecho, llegará en 2014… IRIS tiene más de bicicleta que de motocicleta.

La delgada y peligrosa línea entre el humor y el ridículo

El desarrollo en sí cumple bien la papeleta, con una duración de unas cuatro horas y media, pero uno de los grandes problemas de LocoCycle es el estrambótico envoltorio de serie B que lo recubre. En primer lugar, el argumento está narrado con escenas de vídeo que saltan antes de cada capítulo y que están protagonizadas por actores reales. No es que la idea sea mala, pero la ejecución deja bastante que desear. ¿Habéis visto alguna vez a una moto comiéndose un helado o una hamburguesa? Aquí, lo veréis.

En segundo lugar, el doblaje y las interacciones entre los personajes son de juzgado de guardia. Ya no es sólo que el argumento sea más o menos absurdo, sino que, cada vez que IRIS y Pablo abren la boca, aflora la vergüenza ajena. La moto, con su robótico acento (en inglés), no para de recordarnos, cada dos minutos, su deseo de llegar a “Scottsburgh, Indiana”,  a lo que se añaden sus comentarios totalmente aleatorios y sin gracia alguna, capaces de enervar al más pintado. Su supuesta inteligencia artificial brilla por su ausencia. Es un sucedáneo fallido de GlaDOS, la genial IA de Portal.

Para poner la guinda, está Pablo, un personaje que habla un español macarrónico a más no poder. Aquí van algunas de sus perlas, que podrían hacer revolverse en su tumba al mismísimo Miguel de Cervantes Saavedra: “Quieres que seas despedido”, “es loca”, “*destrás”, “ustedes no saben lo que es capaz”, “los humanos no pueden conducirse así”, “no se puede hacer esto a mí”, “nosotros dos son *los víctimas aquí”… Son sólo algunos ejemplos de los patadones que le mete a la gramática el actor Freddy Rodríguez, que es quien le pone cuerdas vocales a Pablo. No se sabe muy bien si el personaje pretendía ser algún tipo de guiño a la comunidad hispanoparlante de Estados Unidos o si todo está hecho a sabiendas, pero el resultado es realmente ridículo, de los de pedirle uno a la tierra que le trague sin el más mínimo miramiento. Y sí, la moto habla en inglés, mientras que Pablo lo hace en “español”.

Otro aspecto negativo del juego es que se ha lanzado a precio de oro, a la friolera de 19,99 euros. Quizás Microsoft debería darle una vuelta de tuerca a ese aspecto del catálogo digital, pues también Killer Instinct, pese a sus geniales combates y su versión “free to play” básica, se ha visto envuelto en la polémica monetaria. El juego de Twisted Pixel dura sólo cuatro horas y media, y no hay grandes motivos para rejugarlo, más allá de obtener puntos de experiencia para comprar todo el material conceptual (fotos, escenas del rodaje, sonidos).

LocoCycle es una apuesta que puede resultar simpática y que, de hecho, tiene algunas ideas originales, pero la ejecución no ha acabado de ser del todo buena. No sólo no saca un gran partido al hardware de Xbox One, sino que se pierde en medio del surrealismo y lo absurdo de algunos de sus ingredientes, capaces de causar irritación hasta a la persona más paciente.

Valoración

LocoCycle es un arcade de acción que contiene buenos planteamientos, pero éstos se diluyen en medio del surrealismo general, que pone a prueba la paciencia y la vergüenza del usuario.

Hobby

55

Regular

Lo mejor

La mezcla de velocidad y combos de golpes. Hay variedad de situaciones.

Lo peor

Los 19,99 euros que cuesta. Podría ser de 360. Las irritantes voces. El tono de serie B.

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