Análisis

Análisis de Ni No Kuni: La ira de la Bruja Blanca

Por David Martínez
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De la unión de dos talentos como Level-5 y Studio Ghibli nace un juego de belleza extraordinaria y enorme sensibilidad, que nos devuelve a las raíces del rol japonés.

La historia de Oliver funciona casi como una pieza musical.  Los primeros compases son movimientos suaves y ascendentes; un argumento con la “firma” del Studio Ghibli (en que se dan cita elementos muy personales, como la pérdida de un ser querido o la existencia de otro mundo dentro de éste) y un estilo visual detallado, que respeta las normas del mejor anime, nos abren la puerta a un juego de rol largo y muy profundo.

 

La batuta se agita entre momentos de exploración –con un mapa gigantesco, ciudades llenas de vida y mazmorras- y combates, que se desarrollan con un sistema híbrido entre turnos y tiempo real (nosotros ejecutamos los ataques desde un menú, y debemos respetar los “tiempos” antes de actuar). Y además, Ni No Kuni: La ira de la Bruja Blanca incorpora elementos de otros juegos del género. En particular, la colección de criaturas llamadas únimos, producidas por la pureza de nuestro corazón, a los que debemos criar.

 

 

Cada personaje del grupo (Oliver, Estela y Jairo) puede llevar a tres de estos únimos, que tienen características especiales. Podemos hacer que luchen en nuestro lugar, equiparles con amuletos y armas, alimentarlos con chucherías y hacer que evolucionen a formas más poderosas. Este aspecto, del que no tenemos pleno control hasta bien avanzado el desarrollo, le da mucha “vidilla” a la estructura clásica de puntos de experiencia y niveles de nuestro protagonista.


Pero es que, además, Oliver es un mago, y posee un libro de hechizos que no para de crecer. Al principio solo contamos con ataques y curaciones, pero pronto nuestro vademécum se llena con portales para viajar entre el mundo real y el secreto, puentes que aparecen en lugares estratégicos, la posibilidad de que los objetos crezcan o retrocedan en el tiempo, etc.

 

 

Ya hemos hablado de la belleza de los escenarios, cuyo único defecto es que pecan de ser “convencionales”. Volvemos a visitar lugares comunes del género: bosques encantados, desiertos, mazmorras de fuego… que cuentan con su propia fauna y pequeños puzles que dificultan nuestro avance.


Después de jugar durante unas horas, da la impresión de que todo Ni No Kuni se ha ejecutado “siguiendo el manual”. Y aquí es donde radica su principal defecto; tratándose de una producción tan ambiciosa, cuesta encontrar elementos diferenciadores con otros J-RPG. Pero no os precipitéis, porque la experiencia mejora considerablemente a medida que avanzamos. Y aunque al principio parezca un juego fácil, os adelantamos que los guardianes de cada mazmorra nos hacen "sudar tinta".

 

 

El arranque resulta un poco lento, como en Dragon Quest VIII (uno de los mejores juegos de la compañía), y el desarrollo no nos atrapa hasta la sexta o séptima hora. Algo parecido ocurre con la trama: aunque apela a nuestra sensibilidad desde el primer momento, la verdad es que tarda en alcanzar los tintes épicos propios de los juegos de rol. Por suerte, los personajes, en particular el duende Drippy (que lleva un candil en la nariz y protagoniza los diálogos más divertidos) sí que nos enganchan, y lo mismo ocurre con la línea visual en tonos pastel y la banda sonora orquestal de Joe Hisaishi (el compositor habitual de las películas de Ghibli, como La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro).

 

El resultado es un juego que nos llega al corazón. La ira de la Bruja Blanca es una muestra de que el género del rol japonés aún tiene mucho que ofrecer, especialmente si está elaborado con esta exquisitez en los apartados artísticos. Aunque puede que su orientación más infantil e intimista, o un estilo de juego mucho más "dirigido" por el argumento causen rechazo a los fans de la espada y brujería de estilo más occidental.

Valoración

Se nota que Ni No Kuni está realizado con cariño. No se ha descuidado ni uno de sus aspectos (gráficos, música e historia son brillantes) y respeta el desarrollo de los J-RPG. Sólo se le puede reprochar la lentitud inicial, y la falta de doblaje.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

El diseño artístico y musical, a la altura de las mejores películas de Ghibli.

Lo peor

El ritmo es un poco lento, y no arranca hasta que llevamos 6 ó 7 horas de juego. No está doblado.

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