Análisis

Análisis de PayDay 2 para PS3, 360 y PC

Por Rafael Aznar
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PayDay 2, la secuela del sorprendente título de payasos atracadores, ya está entre nosotros, presta a limpiarnos los bolsillos mientras hacemos su análisis. Podrían enriquecerse a base de sobresueldos ilegales o indemnizaciones en diferido, pero Dallas, Wolf, Chains y Hoxton prefieren ir de cara, aunque ésta esté enmascarada, y reventar cualquier caja fuerte que se les ponga por delante.

Los atracos a punta de pistola son uno de los actos delictivos más atractivos si se trata de hacer recreaciones virtuales en las que nadie salga herido. Son muchas las películas y los videojuegos que los han explotado. ¿Quién no recuerda la apertura de El Caballero Oscuro, con los secuaces del Jóker limpiando la cámara acorazada de un banco? Aquellos malandrines iban disfrazados de payasos, igual que los protagonistas del juego que nos ocupa, que es la secuela directa de un título descargable que apareció en PlayStation 3 y PC a finales de 2011. En vista de su éxito, el estudio Overkill y 505 Games han optado por publicar en formato físico esta continuación, que, además de a las dos plataformas citadas, llega también a Xbox 360.

En este particular “día de cobro”, toca integrarse en el seno de un grupo de delincuentes de Washington DC, dedicado a perpetrar grandes robos. Sus integrantes son cuatro: Dallas (un mafioso que tuvo que huir a Chicago y ahora ha regresado), Wolf (un antiguo emprendedor cuya empresa quebró), Chains (un exmilitar) y Hoxton (un tipo que ya delinquía cuando no era más que un imberbe adolescente). Así, el único objetivo es dar siempre el mayor golpe posible, con el ilícito objetivo de engrosar las cuentas bancarias que tienen en paraísos fiscales, abiertas, seguramente, a instancias de Luis Bárcenas, un experto en guardar tesoros.

Expoliando en primera persona

PayDay 2 es, a grandes rasgos, un shooter en primera persona. Podemos elegir a cualquiera de los cuatro protagonistas, aunque no hay diferencias jugables entre ellos. No hay un modo Historia como tal, sino una veintena de encargos sueltos que podemos realizar en cualquier orden y repetir todas las veces que queramos, ya que la disposición espacial de algunos elementos varía en cada partida.

Al principio de las misiones, empezamos como un mero transeúnte, para poder dar una visual al escenario del robo en ciernes, sin levantar sospechas. En seguida, hay que ponerse una máscara de payaso y atracar el establecimiento que se preste: tiendas de barrio, joyerías, clubes nocturnos, bancos… El objetivo prioritario es localizar la caja fuerte, poner a funcionar un taladro sobre su cerradura y esperar a que ésta ceda. Mientras, hay que defender la posición de la visita masiva de guardias de seguridad, policías, agentes del FBI o SWAT. Una vez reducido a migas el cerrojo, hay que entrar en la cámara, coger el botín y cargarlo al hombro hasta una furgoneta, para darse a la fuga.

Por lo general, nos vemos obligados a actuar a la fuerza, pero, si somos hábiles, podremos acometer los hurtos en silencio. Para ello, hay que prestar atención a las cámaras de seguridad, a los rehenes y a los empleados de los establecimientos. Si una cámara nos ve, un vigilante dará enseguida la voz de alarma, a menos que la pirateemos o lleguemos hasta el guarda para reducirlo. Del mismo modo, si no atamos a los rehenes, puede que salgan corriendo y avisen a la policía.

Lo cierto es que casi todas las misiones siguen ese mismo patrón, que tiende a hacerse un poco repetitivo. En especial, resulta cansino tener que esperar hasta cinco minutos a que las cajas fuertes se abran, teniendo incluso que reactivar el taladro que las está perforando, que se atasca muy a menudo. Por suerte, hay varios encargos que son más largos y que se suelen dividir en varias submisiones. Por ejemplo, hay una misión en la que debemos robar unos cuadros para hacer un trato ilegal con un político y luego visitar su apartamento y colocarle unas falsas pruebas incriminatorias. Otro ejemplo es el de transportar un alijo de cocaína hasta una lancha motora.

Payasada cooperativa con cierto lastre

El mayor encanto de PayDay 2 reside en su modo cooperativo para cuatro usuarios, que permite acometer las misiones desde una perspectiva táctica. Las misiones son las mismas offline que online, pero ganan mucho si las compartimos con tres humanos. Así, cualquier usuario se puede unir a cualquier partida en todo momento, aunque ya esté empezada. Mientras la persona accede, la acción se detiene momentáneamente. Como en la mayoría de juegos cooperativos, si un compañero es abatido, podemos acercarnos y levantarlo antes de que se desangre. Incluso si es detenido, podemos intercambiarlo por un rehén para que vuelva a la acción.

El problema del juego es que, al margen de ese cooperativo, que no admite la pantalla partida, no pasa de ser un shooter bastante corriente. La variedad de armas se limita a fusiles de asalto, escopetas, pistolas, ametralladoras y minas, con un control bastante limitado, ya que, por ejemplo, no podemos acostarnos en el suelo. A falta de un argumento que guíe la acción y le ponga un comienzo y un final, casi todo el interés reside en obtener experiencia y progresar a lo largo de cien rangos, a base de repetir misiones. Eso sí, gracias a los puntos de habilidad, podemos comprar mejoras divididas en cuatro árboles de evolución: mente maestra (especialización en curación), sicario (armas y munición), técnico (minas, torretas y similares) y fantasma (sigilo). Del mismo modo, podemos crear máscaras para personalizar nuestra imagen.

Al jugar en solitario, nos encontramos con que la IA de los compañeros es deplorable, hasta el punto de que, a veces, los veremos deambular entre los enemigos como si la cosa no fuera con ellos. Los enemigos están cortados por el mismo patrón de clarividencia: a menudo, se quedan mirándonos antes de decidirse a apretar el gatillo. Para poner la puntilla, están los civiles, que gustan de quedarse quietos de pie o aparecer, repentinamente, de la nada.

Un chaleco lleno de agujeros de bala

El apartado técnico del juego es otra de sus losas. El aspecto general no es para tirar cohetes. Podría pasar por normalito, pero, en cuanto se dan cuatro pasos, empiezan a romperse las costuras. La palma se la lleva el “clipping”, pues podemos atravesar a los compañeros como si fueran incorpóreos y el cañón de las armas no tiene reparos en “traspasar” muros. Nuestro colmo ha sido llegar a ver la cabeza de un enemigo a través de una pared y que, encima, nos disparara.

El “tearing” también es muy frecuente en los escenarios interiores, donde los típicos cortes horizontales en la imagen resultan muy frecuentes. También hay algún que otro tirón, que se traduce en fenómenos como ver a algunos civiles caminando a trompicones, al más puro estilo de Chiquito de la Calzada. En algunas escenas nocturnas, la iluminación nos invita a quedarnos cegatos. No acaba ahí la cosa. Los escenarios, si bien son relativamente variados, no están bien delimitados: en vez de colocar recursos visuales como barricadas o paredes en los extremos de las fases, hay zonas por las que aparentemente deberíamos poder caminar… hasta que un muro invisible nos lo impide.

El apartado sonoro tampoco es mucho mejor. Las voces están en inglés (los subtítulos sí están en castellano) y la banda sonora es una sucesión de sonidos machacones.

¿Por qué tan serio?

PayDay 2 es una buena propuesta de juego, pero arrastra importantes debilidades. El cooperativo para cuatro usuarios es estupendo y puede alargar la duración durante muchas horas. El problema es que no hay modo Historia, la IA no está pulida y hay fallos gráficos a mansalva.

Si el Jóker, el verdadero mandamás del gremio de payasos atracadores, viera en acción a Dallas, Wolf, Chains y Hoxton, les preguntaría por qué Overkill no se ha esforzado un poco más para hacerles protagonizar el atraco perfecto. En este día, no habrá paga para los malvados.

Valoración

Es un shooter bastante corriente y falto de pulimento. Su modo cooperativo le da un pequeño plus, pero no compensa las múltiples carencias técnicas y narrativas. Habrá que esperar a GTA V para ver atracos de postín.

Hobby

68

Aceptable

Lo mejor

El cooperativo para cuatro jugadores. Algunas misiones largas, que tienen un desarrollo más variado.

Lo peor

Hay lastres por doquier: fallos gráficos, una IA floja, mecánicas tediosas, ausencia de argumento...

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