Análisis

Cine de ciencia ficción: Mad Max 2, el guerrero de la carretera

Por Adrián Álvarez
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CRÍTICA DE: Mad Max 2, El guerrero de la carretera (Mad Max 2: The Road Warrior) - DIRIGIDA POR: George Miller - PROTAGONIZADA POR Mel Gibson, Bruce Spence, Michael Preston, Vernon Wells y Kjell Nilsson. 1981 De aquellos barros, estos lodos: la Tercera Guerra Mundial ha convertido el mundo en un páramo radioactivo. La gasolina se ha convertido en lo más importante del mundo, capaz de provocar enfrentamientos y emboscadas en las peligrosas carreteras de Australia. Y así se alza Max, el guerrero de la carretera, que ayudará a una pequeña población rica en petróleo a escapar del temible Lord Humungus, ayatolá del rock and roll.

Lo creáis o no, tenía cuatro años cuando vi por primera vez Mad Max 2. Como corresponde a un niño de esa edad, no comprendí la historia, pero sí que se me quedó grabado el mundo perdido que representaba y el niño salvaje cuyo bumerán metálico podía cortar dedos. Cuando volví a ver el filme, a una edad en la que pude aprehender todo lo que muestra, descubrí que la historia no era tan importante como la capacidad de emocionarme con su contenido. Mad Max 2 es una historia mitológica y una experiencia visceral, y ahí radica su maestría.

El futuro era esto

Se habla muy mal de las segundas partes, pero en muchas ocasiones son las mejores. El problema de la primera entrega de cualquier saga es que tiene que presentar a los personajes principales y sus motivaciones, mientras que el resto pueden centrarse más en la acción y multiplicar los peligros. Mad Max 2 no funciona como secuela al uso: desviste a la historia y a los personajes de cualquier elemento accesorio, dejándolo en su pura esencia; tanto es así, que no hace falta haber visto la primera entrega para disfrutar ésta.

George Miller, cabecilla y director de la saga, concibió esta segunda parte como expiación, quizás al comprender todo aquello que no funcionaba en la anterior entrega o lo que no pudo representar por falta de presupuesto. Max, interpretado por Mel Gibson, no necesitaba tanto un trasfondo que manejar como una amenaza contra la que batirse, al igual que Clint Eastwood en la Trilogía del Dólar de Sergio Leone. Así, en un mundo después de una guerra nuclear, la gasolina escasea y Max se limita a recorrer el páramo neutralizando sus amenazas. Cuando descubre un poblado que extrae y refina su propia gasolina, se propondrá ayudarles, a su cínica manera, del temible Lord Humungus (Kjell Nilsson), el ayatolá del rock and roll.

¡Coge a ese maldito camión!

Hay tantas escenas destacables dentro de la película que sería imposible describirlas todas. Algo tan sencillo como un forajido que sube a su vehículo, para perseguir el camión conducido por Max, consigue pegarte a la butaca. Todas las secuencias de acción tienen un portentoso ritmo y siempre están planificadas con esmero: Miller se esfuerza en no repetir los hallazgos, de tal modo que es imposible predecir lo que va a ocurrir a continuación, pero siempre acierta.

Y no sólo acción: sin apenas diálogos, Miller es capaz de transmitir sentimientos con sólo un guiño. Max apenas dice un centenar de palabras, pero la soberbia interpretación de Mel Gibson, y su sobrado carisma, consiguen que sepamos qué pasa por su cabeza en todo momento y lo que siente por los personajes que le rodean. En el lado de los antagonistas destaca Vernon Wells, que interpreta a Wez (el punki de la primera foto): exagerado y salvaje, consigue hacer sombra a Humungus como villano de la función.  

Lo único negativo, y que se ha quedado viejo, es el uso de la cámara rápida o como me gusta llamarlo, Efecto Benny Hill, de forma más que discutible. Se puede entender en algunas de las persecuciones, como una forma de mejorar la sensación de velocidad de los vehículos; hacerlo en algunas de las acciones del niño salvaje bordea el ridículo.

El legado de Mad Max

Pero la influencia de Mad Max 2 va más allá del cine de acción. Sin ser la primera película, mucho menos la primera expresión artística, que representa un mundo postnuclear, sí que es la que ha conseguido condicionar todo lo que se ha hecho después. Esta mezcla de forajidos del oeste, vestuario sado, estilismo punki y vehículos macarras ha sido una influencia capital, por poner un ejemplo, en la saga Fallout, donde no dudaron en homenajear a esta película incluyendo a un perro que pudiera seguirte. Otro ejemplo sería la saga Borderlands.

Tampoco se puede obviar la música que Brian May, compositor australiano fallecido hace diecisiete años. Su música no sólo acompaña a la perfección lo que ocurre en pantalla, puntuando cada una de las acciones, sino que añade matices que engrandecen el resultado final, como la escena donde Max presencia el intento de escape de dos miembros de la refinería: hay un crescendo en la tensión hasta que son alcanzados por los salvajes, y una breve cuña  marca el instante en que Max deja de observar y actúa. Abundan los sonidos tribales y metálicos, con una aspereza propia de un mundo donde, paradójicamente, el único hombre honesto es Mad Max.  ¿Y su relevancia? La música de Alf Clausen para los Simpsons recurre al trabajo de May para algunas escenas de acción, y Michael Giacchino debió tenerla muy en cuenta para los temas más salvajes de Perdidos.

Mad Max 2 es algo más que un clásico de la ciencia ficción: es una historia mitológica que de no existir el cine, nos contaríamos los unos a los otros frente al fuego. Puede que a tu pareja no le guste, o que a ti mismo te escame que sea una película de vaqueros con caballos de potencia, pero su vigencia y su atemporalidad la sitúan en lo más alto. 

Punto límite: el futuro

Puede que las carreteras se llenen de polvo, último vestigio de una civilización que se esfuerza por sacudirse las cenizas del desastre, pero siempre nos quedarán caminos por recorrer, tantos como mundos pueda imaginar el ser humano. Visita nuestro especial de ciencia ficción y haz turismo a lugares (y épocas) que apenas podemos describir. 

Valoración

Un auténtico clásico del subgénero de mundos postnucleares y del cine de acción en general. Sin sobreactuaciones, Mel Gibson se erige como un icono y George Miller le dirige con pulso y buen ritmo.

Hobby

91

Excelente

Lo mejor

La historia, las escenas de acción, Mel Gibson, Humungus.

Lo peor

No gustará a los que evitan el western.

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