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Análisis

Comanchería - Crítica de la última película de Jeff Bridges

Por Manuel del Campo
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Crítica de Comanchería (Hell or High Water), western moderno ambientado en la América profunda, dirigido por David Mackenzie y con Jeff Bridges y Chris Pine.

Cuando Comanchería (Hell or High Water en su título original, mucho más apropiado, algo así como "contra viento y marea") se entrenó en EEUU, en agosto de 2016, Donald Trump aún no había ganado las elecciones. No hay más que disfrutar de esta estupenda película para entender quiénes, en gran parte, votaron al nuevo presidente.

La América retratada con tanta precisión por el escocés David Mackenzie es la nación que ama Trump, esa en la que un grupo de ciudadanos armados hasta los dientes es capaz de perseguir a unos delincuentes que han robado un banco -con la bendición de la autoridad-, cuando un rato antes se habían alegrado del atraco porque ese mismo banco les lleva "robando" desde hace años. Donde un anciano reconoce, ofendido, que claro, lleva un arma encima. Esa en la que el racismo se asume con tanta naturalidad que incluso se bromea, con muy mal gusto, con él constantemente. Una América empobrecida y hastiada de un sistema abusivo e injusto, como en tantos otros lugares en el mundo; que justifica los actos si son fruto de la desesperación. El Salvaje Oeste trasladado al siglo XXI.

Comanchería
Jeff Bridges y Gil Brimingham

La historia de Comanchería no esconde sus ecos de las películas de los Coen (especialmente Fargo y No es País para Viejos) y, en cierta manera, especialmente en su estilo, de True Detective. Asumiendo que esa sensación de "ya visto" permanece durante todo el metraje, el gran mérito de este film es que consigue atraparnos con una puesta en escena sólida y elegante y un ritmo que no decae gracias a una perfecta combinación de acción y situaciones que flirtean entre lo cómico y lo extravagante, manteniendo el clasicismo de los códigos del western con inteligente sutileza.

David Mackenzie es un director semidesconocido por estos lares, que en su filmografía ha tocado (con más entusiasmo que acierto) muchos palos, desde la ciencia ficción apocalíptica (Perfect Sense), hasta el drama carcelario (Convicto) pasando por la comedia bobalicona (American Playboy). No es extraño que en esa búsqueda de identidad propia se haya lanzado con este western moderno desplegando sin pudor sus evidentes influencias para convertirlas en un ejercicio muy compacto de gran cine que se disfruta con enorme placer. Cierto es que el brillante guión de Taylor Sheridan (que ya se lució con el texto de Sicario) se encarga de aportar los matices justos para introducir cierta novedad a la trama de "dos peculiares criminales perseguidos por un no menos peculiar y descreído policía rural". En parte, gracias a algunas aristas argumentales interesantes, pero sobre todo por unos diálogos llenos de sarcasmo que diseccionan con inteligencia (y diría que con una mirada amable) un modo de vida que desde la Vieja Europa nos sigue descolocando, pero que en su esencia no nos resulta tan ajeno.

De hacerlos creíbles se encarga un reparto muy bien conjuntado, en el que destaca un Jeff Bridges pletórico, descomunal, que ya hace tiempo que no parece que interprete, sino que tan solo despliega sin esfuerzo su inmenso talento como el que exhala aire al respirar, y un sorprendente Chris Pine (Star Trek) que responde con generosidad al regalazo que le han hecho con este personaje. Sin duda su mejor trabajo hasta la fecha. Ambos recorren la historia como contrapeso a sus dos diferentes compañeros, el mestizo ranger en el caso de Bridges (que aguanta de mala manera las groserías racistas del veterano policía) y el hermano descerebrado y criminal de Pine, capaz de demostrar su amor fraternal llevándole a los infiernos. Son en esas dos extrañas y inevitables relaciones en las que se fragua el complejo y trágico poso emocional.

Comanchería
Chris Pine y Ben Foster

Mención muy especial requiere la sensacional banda sonora, compuesta en su mayoría por Nick Cave y su colaborador Warren Ellis. Además de unas melodías hipnóticas que parecen describir con adecuados acordes los áridos y hostiles parajes de Nuevo Mexico, a lo largo de la película se van incluyendo una serie de sensacionales temas country/rock que encajan, con naturalidad, en la narrativa, llevándonos en volandas de una secuencia a otra, actuando como esa refrescante brisa (que el ranger Jeff Brides menciona en un momento dado), antes de volver de nuevo a la poderosa tensión que exuda esa huída, aparentemente, hacia ninguna parte. La sentimos, la sufrimos, en una partida en el casino, o al repostar en una triste gasolinera. Todo parece que pueda saltar en mil pedazos en esos desolados escenarios.

Comanchería se suma, con todo merecimiento, a lo mejor de la nueva ola del western renovado, y nos invita a seguir la trayectoria de un director que se ha doctorado con esta obra, conjugando sus evidentes influencias con un estilo muy atractivo. No es extraño que la película esté nominada a tres Globos de Oro -Mejor Drama, mejor Actor de Reparto (Bridges) y mejor Guión-, y veremos lo que dicen los Oscar. Una vez más, os recomiendo que veáis la película en versión original para apreciar con toda claridad los acentos de la América Rural e impregnaros al máximo de esos campos de trigo, los sombreros de cowboy y el olor al T-Bone.

Comanchería
Jeff Bridges en Comanchería

 

Valoración

La América profunda, la América de Trump, retratada a través de un western actual, en el que destaca más el cómo que el qué. Aunque la historia la hemos visto en otros films, el director se encarga de estilizarla con un elegante cóctel de "True Detective y Hermanos Coen", apoyado en unas interpretaciones sensacionales y una gran banda sonora.

Hobby

86

Muy bueno

Lo mejor

El retrato de la América profunda. Jeff Bridges y Chris Pine. La Banda Sonora. Su ritmo y estilo hacen que se disfrute con gran placer.

Lo peor

La base argumental está algo vista, aunque aquí haya matices nuevos. Foster está por debajo de los otros protagonistas.

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