Análisis

Crítica de Afterparty

Por Raquel Hernández Luján
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ARGUMENTO: En Afterparty conocemos a Carlos "El capi", un joven ídolo de adolescentes gracias a su papel protagonista en la serie "Campamento sangriento". Tras una noche de juerga en una mansión laberíntica amanece encerrado con un móvil al que van llegando perturbadoras imágenes de asesinatos.2013 - DIRIGIDA POR: Miguel Larraya - PROTAGONIZADA POR: Luis Fernández, Alicia Sanz, Ana Caldas, Andrea Dueso, Rocío León, Juan Blanco, David Seijo, Úrsula Corberó y Pilar Rubio. Ya en cines.

Tan escasa en metraje como en calidad, Afterparty pronto se revela como un "quiero y no puedo". No hay que ser un lince para darse cuenta de que lo que tiene en su contra esta película es una evidente carencia de mensaje, o, lo que es lo mismo, que poco tiene que contarle al espectador. Tanto es así que los 76 minutos que dura se revelan demasiados para tan pobre argumento (y aún más pobre desarrollo).

Podría ser perfectamente la trama de un episodio de La que se avecina y seguramente estaría rodado con más gracia: Carlos es el protagonista de "Campamento sangriento", una serie de misterio y amor adolescente cuyo último episodio se ha filtrado en Internet agitando a su masa de seguidoras. Pero él quiere pasar una noche de juerga, así que acude a una fiesta (con sus diez minutos de rigor videocliperos mostrando el desparrame). No sé a vosotros, pero a mí hace tiempo que ver a dos pavas dándose un morreo no me da ni frío ni calor... La búsqueda en este sentido de la imagen polémica es vergonzante.

Tras una noche en la que se muestra un profuso consumo de alcohol, porros, coca y sexo casual, Carlos (Luis Fernández) descubre que está encerrado en la casa y que su móvil ha desaparecido. En su lugar encontrará otro al que le irán llegando imágenes de asesinatos. Y para su asombro, quien los comete lleva la misma máscara que el villano de "Campamento sangriento"... Junto al resto de los juerguistas que han quedado en pie tras el fiestón, tendrá que tratar de encontrar una salida.

La idea de partida no es mala y podría habérsele sacado un gran partido sobre todo a la casa en la que está rodada la cinta: una enorme mansión de hormigón de 1.500 metros cuadrados. Pero nada parece profesional en Afterparty: ni las interpretaciones, ni el guión, ni la iluminación, ni el maquillaje, ni tan siquiera el ritmo que más bien se corresponde al de un telefilm hecho por encargo.

A medio camino entre una versión muy barata y amateur de Scream y un tibio slasher con escasa pimienta (poca sangre, poca intriga, pocas sorpresas) y con escenas de sexo tan explícitas y largas como injustificadas en el devenir de la narración, Afterparty evidencia la falta de experiencia de su equipo desde los primeros minutos del metraje llegando a sonrojar por lo pueril de su planteamiento en varias ocasiones.

Luis Fernández es el único de sus compañeros de reparto con recorrido en el cine acumulando varios papeles en largos como Tres metros sobre el cielo o Tengo ganas de ti, pero poco puede hacer para defender un personaje tan plano y estereotipado como el suyo. Entre las peores cualidades de Afterparty está el trazo grueso con el que se delimita la juventud y la poca elegancia con la que se describen las relaciones entre las series para adolescentes y la prensa rosa (de traca, vamos).

Poco más se puede decir porque poca chicha hay para rascar... (Supiros). Con la de buenas películas españolas que se quedan al año en el cajón...

Valoración

Insulso telefilm que ha llegado a carteleras de forma inexplicable. Carece de ritmo, las interpretaciones dejan mucho que desear y tiene poco de original que aportar. Muy prescindible.

Hobby

25

Malo

Lo mejor

Que dura 76 minutos.

Lo peor

Sobre todo la torpeza en la crítica a las sinergias entre las series y la prensa rosa.

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