Análisis

Del juego al cine: BloodRayne the Third Reich

Por Daniel Quesada
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ARGUMENTO: en 1940, los nazis están experimentando con los vampiros aprovechar sus ventajas en la guerra. Cuando descubren que Rayne posee lo mejor de los chupasangres y los humanos, intentan obtener su sangre para inyectársela al mismísimo Hitler. 2010 - DIRIGIDA POR Uwe Boll - PROTAGONIZADA POR Natassia Malthe, Brendan Fletcher, Michael Paré y Clint Howard.

Meter a nazis y vampiros en una misma película no suena descabellado. Se dice que Hitler estaba obsesionado por las artes oscuras y todo lo sobrenatural, ya que eso podría darle la ventaja definitiva en la guerra. La ficción siempre ha jugado con esa idea: desde el Arca de la Alianza de Indiana Jones hasta los supersoldados de la saga Wolfenstein, el ejército de la esvástica no ha parado de buscar los secretos más oscuros de nuestro mundo. El primer juego de BloodRayne se ambientaba en esa misma época. La vertiente cinematográfica ha necesitado tres entregas para alcanzar ese terrible etapa de nuestra historia.

Pero al fin, Rayne ha llegado a su duelo contra los nazis. Unida a la resistencia, se enfrenta a varios de estos soldados pero, ¡ay, despiste! Pega un bocado a uno de ellos y lo convierte en un vampiro superior a la media. Ahora, este kommandant (Michael Paré) y sus secuaces quieren atrapar a la protagonista, pero ella usará sus armas y sus artes marciales para detenerlos. Si el aburrimiento no lo hace antes...

Vampira reincidente

Natassia Malthe vuelve al papel de Rayne, que tan buen resultado (ejem) le dio en la segunda parte. En aquélla, el personaje era sensual, pero pasaba toda la película hablando y disparando. En esta nueva entrega, Rayne vuelve por los fueros del primer BloodRayne: le gusta más el sexo que a un tonto un lápiz. No lo decimos por su provocativa vestimenta (seguramente, diseñada por un teenager desaforado), sino por la facilidad que tiene para liarse con todo el que pilla por delante. En concreto, esta peli nos regala una escena lésbica que deja muy poco a la imaginación y, probablemente, es la más larga de todo el metraje. Ya casi al final, cuando va atrapada en un carro con uno de sus compañeros, camino de una posible muerte, debe de pensar "para lo que me queda en elconvento..." y se lía a saco con su compi. Eso sí es gratuito y no el ketchup del MacDonald´s.

Su look tampoco es para tirar cohetes. Su ya mencionada ropa tiene pinta de baratuza (esa gabardina, esos pantalones), sus cuchillas vuelven a parecer hechas de papel maché y su pelo pasa de ser pelirrojo a moreno con mechas rojas. Vamos, que podría pasar por una extra de Princesas de Barrio.

Entre el resto de los personajes hay ideas interesantes. El doctor Mangler (Clint Howard), suponemos que inspirado en Mengele, está obsesionado con descubrir el vampiro perfecto. Se presenta en una secuencia en la que está torturando a un no-muerto para probar los límites de su resistencia. Esos segundos son bastante extremos y alimentan la esperanza de que encontraremos un secundario retorcido y maquiavélico, pero en el resto de la película baja la intensidad progresivamente.

En cuanto al kommandant, pasa de puntillas por toda la película. Mata a un par de tipos por el camino bocado mediante, pero a la hora de la verdad cae antes de que pueda lanzar dos puñetazos bien dados. Así pues, ningún personaje, ni la propia Rayne, resulta interesante en ningún momento. Se nota que Uwe Boll intenta dar algo de profundidad a la vampira con algunas voces en off que venden la idea de que ella es una cazadora. El problema es que intenta concentrar tantas ideas molonas en 75 escuálidos minutos que no da tiempo a desarrollar ninguna. El director dijo que hubo problemas de presupuesto y de tiempo para grabar. Si es así, ¿para qué gastar tanto metraje en unas escenas de sexo que están fuera de lugar a todas luces?

Vente pa Alemania, Rayne

No vamos a volver a entrar en lo mal representado y grabado que está todo. Si habéis leído las críticas sobre las dos películas anteriores, ya tendréis asumido que Uwe Boll es incapaz de evitar que todo parezca de baratillo. Lo que realmente nos mosquea en esta película es que promete mucho y no llega a cumplir nada. El propio kommandant es lo más decepcionante. En sus últimos momentos en pantalla, comienza a gritar que es el ser más poderoso de la Creación, que nada podrá detenerlo. Entonces llega Rayne, le estrella un pedrusco en la cabeza y listo. Fin del malo. ¿En serio? ¿No hay duelo apocalíptico, ni lucha emocionante? Todo termina antes de empezar.

¿Y que hay de ese proyecto de convertir a Hitler en el vampiro definitivo? Pues sólo da de sí en una pesadilla que tiene Rayne, en la que elmismo Hitler (bueno, un señor con bigote, porque el parecido es mínimo) va a clavarle los colmillos. Está tan mal hecho que provoca la risa floja. ¿Era tan difícil encontrar a alguien que se pareciera un poco al detestable führer? Al final de la película, Rayne y los rebeldes llegan a un cuartel nazi, la prota grita "guten tag, motherfuckers" y se lanzan a la pelea. The End. ¿Cómorllll? ¿No nos vais a mostrar ese enfrentamiento? Da la sensación de que, mientras Uwe estaba emocionado grabando eso, llegó alguien, le puso la mano en la espalda y le dijo "va, Uwe, déjalo, si no va a ningún lado". Y decidieron poner los créditos. Vamos, el anticlímax.

Intentamos buscar algo bueno de este film y quizá lo sea el hecho de que es el más fiel al videojuego original, lo cual puede atraer a los fans (¿hay alguno por ahí?). Pero poco más tiene sustancia. Es una de las películas más malogradas de Uwe Boll y con eso lo decimos todo. Una pena, pero a la vez una alegría... ¡porque ya no nos quedan más aventuras de Rayne que criticar! Hell yeah!

Si queréis conocer las partes anteriores o los otros films basados en videojuegos, entrad en nuestro especial Del juego al cine. Humor asegurado.

Valoración

Las universidades deberían estudiar esta película como ejemplo de cómo convertir en aburrido una idea que parece divertida desde todas las perspectivas. Sólo Uwe Boll podría hacerlo. En ese sentido, es un genio.

Hobby

30

Malo

Lo mejor

El "momento Hitler": es tan cutre que resulta genial.

Lo peor

Que nos promete algo muy divertido que nunca llega. Es doblemente decepcionante.

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