Análisis

Del juego al cine: crítica de BloodRayne

Por Daniel Quesada
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ARGUMENTO: Rayne es una vampira mestiza que vive enjaulada en un circo. Cuando consigue escapar, busca vengarse de su padre, el temible Kagan (ejem). Para ello, deberá buscar unas reliquias que le otorguen poder. 2005 – DIRIGIDA POR Uwe Boll – PROTAGONIZADA POR Kristanna Loken, Michael Madsen, Matthew Davis, Michelle Rodriguez y Ben Kingsley.

Una película de vampiros es una golosina para cualquier director. Tienes una enorme mitología construida por defecto y sabes que hay una buena cantidad de público dispuesta a ver casi cualquier film que incluya colmillos y almas torturadas.

Dracula de Bram Stoker (Bram Stoker´s Dracula, Francis Ford Coppola, 1992) y Entrevista con el Vampiro (Interview with the Vampire, Neil Jordan, 1994) recuperaron el interés de la audiencia general por estos seres eternos y Blade (David S. Goyer, 1998) añadió las artes marciales a la mezcla. Cuatro años después, el videojuego BloodRayne (PS2, Xbox, GC y PC) trasladó esa idea de "comillos y patadas" a nuestros pads. El software no se hizo especialmente popular, pero su protagonista, Rayne, resultaba muy atractiva: era una vampira sexy, chulesca, experta luchadora... y pelirroja, que siempre suma puntos.

Nuestro amigo Uwe Boll ya se había estrenado en el cine de videojuegos con The House of the Dead y Alone in the Dark, así que le había cogido el gusto a esa mecánica. Siendo como es tan aficionado a la acción y la sangre, un juego como BloodRayne debió de encenderle la bombilla para un próximo film. "¿Vampiros, peleas y sexo? Muy mal lo tengo que hacer para que mi próximo proyecto no mole", debió de pensar Uwe. Y sí, muy mal lo hizo. Fatal, vamos.

Un sarao despistao

La elección de Kristanna Loken como Rayne parecía de lo más acertada. Había saltado a la fama con su papel de Terminatrix en Terminator 3: la Rebelión de las Máquinas (Terminator 3: Rise of the Machines, John Mostow, 2003). Era una chica joven, sexy y llena de energía, justo lo que necesitaba el personaje. De hecho, ella es de lo poco que se salva en esta película. Su look convence, ella se deja la piel gritando de dolor cuando toca e intenta hacerlo lo mejor posible en las numerosas coreografías de combate. El problema es que ni tiene líneas de diálogo interesantes, ni peleas elaboradas en las que lucirse.

El resto del elenco incluye muchos rostros conocidos (¿cómo haces para convencerlos, Uwe?), que parecen tener más claro que en una producción así no merece la pena ni esforzarse. Ana Lucía, digo Michelle Rodriguez (Resident Evil), tiene el piloto automático puesto en su papel de la cazavampiros Katarin, Michael Madsen (Species, Kill Bill 2) no busca matices a su aventurero Vladimir, Ben Kingsley (Prince of Persia, La Lista de Schindler)... ¡Ay, Ben Kingsley! ¡Con lo que tú has sido! Está absolutamente ido en su papel del malvado Kagan (probablemente, se tiró todo el rodaje pensando en descuartizar a su agente).

Vampiros mellados

La peli se ambienta en el siglo XVIII (mientras que el juego comienza en el periodo de entreguerras) e intenta ahondar en esa atmósfera erótico-decadente que es tan común en la imaginería vampírica: mujeres rendidas a los encantos sobrenaturales de los chupasangres, las cuales que no dudan en entregar su cuerpo y su alma; lúgubres prisiones en las que se esconden secretos; y, por supuesto, siniestros castillos donde las trampas mortales esperan en cada esquina. Todo eso está en la película, pero pasado por el filtro cutre de Uwe Boll. El pobre no sabe dónde colocar la cámara, en qué momento cortar cada plano para enlazar con el siguiente o en qué sitio de los actores han de colocar el aspersor de sangre para cuando reciban un espadazo.

Y es que en esta película hay gore a espuertas. Los extras son cercenados, descuartizados y rajados de mil formas posibles. Por supuesto, sueltan hemogoblina como para llenar una piscina olímpica, pero a veces esa sangre sale desde donde no corresponde (directamente desde debajo del actor, por ejemplo) y las "víctimas" ponen tan pocas ganas en sus estertores que más parecen tener un resfriado que un corte mortal. La cutrez de la producción también alcanza a los efectos digitales, que se usan para mostrar el exterior del castillo de Kagan o unas cuchillas que atacan a Rayne. Todo ello está mostrado con un detalle (terribles texturas y resolución) indigno de una producción de 2005 (o de 1995, la verdad) y ayuda a que nos salgamos aún más de la película.

Mostrando cacha

Boll no se olvida de la vertiente erótica. Se muestran bastantes desnudos, pero el culmen llega en el escarceo sexual de Rayne con el cazavampiros Sebastian (Matt Davis). Apenas habían cruzado dos palabras y de repente están dale que te pego, con la única excusa de que Loken enseñe teta. No puede ser más forzado.

Y es que si algo se le da mal a Uwe Boll es dar la continuidad y el ritmo correctos a las historias. El mejor ejemplo se ve al principio del metraje. Primero, Rayne está enjaulada en un circo. Después, la vemos corriendo, cubierta de sangre. Para explicarnos lo sucedido, comienza un flashback, el cual hace alusión a un enfrentamiento ocurrido un minuto atrás. El flashback dura lo mismo que si se estuviera contando algo en presente, por lo que no sirve ni para ahorrar tiempo, ni para aportar tensión dramática. Vamos, un absurdo.

La película acaba con una escena en la que Rayne recuerda todas y cada una de las muertes que hemos visto en la película. No se explica por qué. El espectador está esperando un plano que cierre el film de una vez, pero en lugar de eso, vemos un carrusel de casquería (incluso hay retales que no recordamos haber presenciado en la película) que se alterna con un plano de Rayne mirando a cámara. Tenemos dos teorías al respecto: o bien Uwe quería decirnos "eh, mirad todas las muertes chulas que hemos grabado" o bien se trata de un venazo de cine de autor que le dio a última hora y que no alcanzamos a comprender. Sí, debe de ser eso último. Seguro.

¡El festival no acaba aquí! Si queréis ver las otras adaptaciones al celuloide de videojuegos, visitad nuestro especial Del juego al cine. Buena suerte...

Valoración

A diferencia de otras pelis de Boll, aquí hay base para crear una aventura llamativa y oscura. Pero la absoluta falta de cuidado en cada uno de sus aspectos (sobre todo en los diálogos) convierte el interés en sopor.

Hobby

35

Malo

Lo mejor

Kristanna Loken está muy sexy caracterizada de Rayne.

Lo peor

Los diálogos son de vergüenza ajena, los efectos de chiste y las coreografías de pena.

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