Análisis

¿Quién engañó a Roger Rabbit? ¡Crítica doble!

Por Jesús Delgado
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ARGUMENTO: En unos alternativos y fantásticos años 40, en los que los dibujos animados son seres vivos, Eddie Valiant es contratado por unos estudios de Dibulliwood para investigar un caso relacionado con una de sus estrellas: Roger Rabbit. Sin embargo, nada es lo que parece, y lo que comienza como un turbio caso de faldas se acaba convirtiendo en una compleja trama política y empresarial que pretende acabar con el mundo de los "Dibus".  1988 - DIRIGIDA POR Robert Zemeckis y Richard Williams - PROTAGONIZADA POR Bob Hoskins, Christopher Lloyd, Joanna Cassidy,  Kathleen Turner, Richard LeParmentier, Mel Blanc. 

Con el triste anuncio de la muerte de Bob Hoskins no podíamos dejar pasar la oportunidad de recordar una de sus películas más emblemáticas. Y no, antes de que lo digáis, no nos referimos a la adaptación cinematográfica de Super Mario Bros (1993), sino a ¿Quién engañó a Roger Rabbit?

¿Cómo, que no sabéis todavía a qué película nos referimos? Sí, hombre, la mayor parte de vosotros la conoceréis por "la película esa de Disney que mezcla actores con dibujos animados". Y, oye, aunque esa es una forma muy directa y muy digna para definirla, si queréis profundizar acerca de ella, ¿por qué no nos acompañáis en los siguientes párrafos y os contamos algo más acerca de esta mítica cinta?

Lo primero de todo, y que quizá no sepáis, es que ¿Quién engañó a Roger Rabbit? no es una película con un guión original. ¡Para nada! Esta cinta se basa en libro escrito en 1981 y que se titulaba ¿Quién censuró a Roger Rabbit? La historia de la novela era ligeramente diferente, siendo Roger Rabbit la víctima de un asesinato que daba píe a la posterior investigación y no uno de los protagonistas de la trama. Esta trama se centraba en un mundo irreal en el que los seres humanos compartían espacio con dibujos animados vivos, que se comunicaban mediante bocadillos de dialogos. Así estos "dibus" eran más celebrities protagonistas de cómics que estrellas de cine. 

La idea de esta novela, tan original y rompedora en su momento, dio lugar a que ese mismo año Walt Disney Pictures comprara los derechos de la obra para adaptarla a película. Sin embargo, habría que esperar a 1988 para verla en cine. ¿El motivo? Cambios de dirección, negociaciones de presupuestos, revamps del guión original... Un caos, vaya, que llegó en plenos años 80, una de las épocas más negras para la historia de los grandes estudios de animación. 

Sin embargo, Jeffrey Katzenberg, presidente de Disney en aquel entonces, predijo que aquel proyecto podía ser la solución a los problemas de la industria. Una película con actores y personas podía ser precisamente lo que volviera a atraer al público a los cines. Para ello se pensó a lo grande y puso toda la carne en el asador.

Se contactó con Steven Spielberg y Amblin Studios (lo mejor de lo mejor en materia de producción cinematográfica de la época) y éste a su vez negoción con Warner Bros. y otras productoras para que sus personajes pudieran aparecer en esta cinta, que reuniría a todos esos entrañables personajes: los cartoons de siempre. 

Huelga decir que semejante proyecto necesitaría directores. El trabajo de Robert Zemeckis al frente de Regreso al Futuro en 1985 le había consolidado como un cineasta de moda, y era un candidato que ya sonaba desde 1982. De ahí que su elección fuera algo casi cantado. Pero Zemeckis no iba a trabajar solo. Para dirigir las escenas de animación contaría con un compañero que se encargaría de ellas. Éste sería el veterano animador Richard Williams, una de esas figuras geniales pero más maltratadas por la industria de Hollywood. Tristemente, Williams ha pasado a ser prácticamente un desconocido por el gran público muy a pesar de su trabajo en la cinta de la que hablamos hoy, así como el realizado en otras tantas obras animadas.

¿Pero y el resultado de su trabajo? ¿A dónde iban de viaje Disney, Warner, Spielberg y Zemeckis, como si de un chiste se tratara? La respuesta es obvia, era hora de regresar al pasado. 

La época dorada de los dibujos animados y del cine

Si los 80 eran el ocaso de los "dibus", entonces Disney lo tenía muy claro: había que volver al momento en el que sus personajes eran "dioses" y sinónimo de éxito. Había que regresar a los años 40. De este modo, la idea de la novela original cambiaba ligeramente, y "Roger Rabbit" en lugar de ambientarse en un mundo ficticio, más o menos moderno, retrocedía a la Edad Dorada de Hollywood, el momento de mayor esplendor de los cartoons y del Cine Negro.

Con este cambio tan sustancial, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? se convertía en una película híbrida, mezclando el recuerdo y la morriña de los dibujos animados clásicos con un género que cuajaba de miedo con el momento de mayor esplendor de estos personajes, el detectivesco. La película de Zemeckis nos hacía retroceder a 1947, y tomándose ciertas licencias históricas, nos presentaba los "dibus" como estrellas del celuloíde, no muy diferentes a Clark Gable o Ava Gardner. Y como éstas, los dibus también guardaban sus propios trapos sucios.

Una de estas estrellas era, precisamente, Roger Rabbit, al que los rumores acerca de la infidelidad de su mujer, Jessica Rabbit, lo estaban volviendo loco, dificultando su trabajo. Por eso, su jefe, un poderoso productor de Los Ángeles, contrataba a un detective privado, Eddie Valiant (Bob Hoskins, para más señas) para que investigue el caso y demuestre el adulterio de la Sra. Rabbit.  Valiant, para su desgracia, pronto descubriría que había algo más que unos cuernos detrás de este encargo...

Y hasta aquí podemos leer si no habéis visto la película. Si queréis saber más, ya estáis tardando en verla antes de que sigamos con la crítica. Mientras, los que ya la hemos visto, seguiremos hablando de ella un poco más en los siguiente párrafos. Volved cuando acabéis de ver ¿Quién engañó a Roger Rabbit?. Nos lo agradeceréis. Los que ya conocemos esta película, seguimos mientras tanto en las siguientes líneas.

De esta película, existe una particularidad que suele pasarle a casi todos sus espectadores. En general todos nos quedamos con una sensación rara y que es difícil describir tras su visionado. Ese sentimiento es precisamente lo que hace única a ¿Quién engañó a Roger Rabbit?. Como hemos dicho, esta cinta aúna dos géneros completamente opuestos: Los dibujos animados, originalmente orientados para niños y jóvenes, y el cine negro, un género con altas dosis de violencia y sexualidad, dedicado a adultos. Y esa sensación de mezclar dos sabores tan distintos es precisamente la que se nos queda tras su visionado.

¿Puede ser una película de dibujos animados también para adultos?  Esta cuestión, que a día de hoy no debería sorprendernos,  hace tres décadas fue un concepto de dificil digestión para el público poco entrenado para mezclar dibujos animados para niños con temática adulta. Hasta el momento, se habían hecho películas de dibujos para adultos, pero no tenían un caracter tan mainstream como esta producción. 

La cuestión ùesta sobre la mesa era compleja:  ¿Cómo podían casar temas tan delicados como el adulterio o el asesinato con una divertida tarde en familia en el cine? Obviamente, muchas de las críticas que le llovieron a esta película fue precisamente por esto mismo. El público poco entrenado frente a estas innovaciones no supo muy bien como reaccionar. 

Ahora bien, muy a pesar de este desconcierto, el éxito de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? fue rotundo y, en general, las críticos fueron unánimes al señalar que se trataba de una gran película. La fórmula, un guión bien hilado, unos personajes bien construidos y un universo coherente acabaron por dibujar ese hollywood de dibujos animados idealizado que bien podría haber ocurrido. La línea que separaba lo maduro de lo inmaduro era tan sútil e inteligente, que incluso sus peores detractores pudieron perdonarle algún que otro pecadillo. 

No en vano, nos encontramos con una cinta que ganó en total cuatro óscars: Oscar a los mejores efectos visuales, Oscar al mejor sonido, Oscar al mejor montaje y un Oscar a la animación. Casi nada. Y aunque a esta película se le reconoce sobre todo sus valores técnicos. Hay algo más que la tecnología y su envidiable apartado visual. De hecho,  el autor de estas parrafas opina que no sólo vive de ésto ¿Quién engañó a Roger Rabbit?

Una película para la memoria

Sí, lo es. Ya hemos hablado de los premios que reconocieron su espectacular apartado técnico. Sus efectos especiales, la animación y el despliegue de medios resulta alucinante. La forma en la que los actores reales interactúan con dibujos animados que "no están ahí" resulta excepcional: ya sea hablando, tocándolos o, incluso, besándolos. Pero eran así hace treinta años y siguen teniendo la misma calidad a día de hoy.  

Esos mismos efectos especiales y esas técnicas de animación actualmente rivalizan con algunas producciones contemporáneas. De hecho, el trabajo de Williams y Zemeckis es materia de estudio para profesionales de la producción y dirección de animación. Según muchos expertos Roger Rabbit es prácticamente un "ejemplo de libro". Ahí es nada. 

Pero la tecnología de esta película, su técnica y su animación no son lo único excepcional en ella. La historia también lo es. El guión mezcla adecuadamente elementos tan dispares como lo son los de una novela policíaca con el mundo de los dibujillos animados. Así, si bien tenemos una trama de asesinatos, lujuría, poder y conspiraciones, también tenemos toda una mitología de la industria del entretenimiento entremezclada y convertida en pilares fundamentales de la trama.

Un ejemplo claro es la canción The Merry-Go-Round Broke Down (El Tío Vivo se averió), que siendo el tema principal de los Looney Tunes, es una constante en la cinta y también juega un papel crucial en el desarrollo de la misma. Al igual que las constantes referencias a los cortos animados de Disney,Warner, Hannah Barbera, etc... 

Y no sólo eso. Los dialogos de la película son inolvidables. ¿Quién no recuerda el poema de Roger a Jessica? ¿O la mítica frase de Baby Herman:"Lo malo es que tengo una lujuria de cincuenta años y un pito de tres"? Legendarias. Casi tanto como el gag de las comadrejas, riéndose hasta morir o la aparición de Nena "La Hiena". La lista de referencías cinéfilas que deja esta película es tan grande que haría falta un artículo aparte tan sólo para hablar de ellas, aunque sin duda la más grande de todas es aquella de Jessica Rabbit que decía: "No soy mala, solo me han dibujado así". 

¿Y qué decir de los actores? No veréis apenas ninguna superestrella. Sus dos grandes ejes,  Christopher Lloyd (el villano Juez Doom) y  Bob Hoskins, son conocidos precisamente por ser artistas secundarios. Y sin embargo, ambos son grandes actores cuyas interpretaciones son magistrales y están a la altura de sus mejores trabajos en otro tipo de cine "más serio". Esta afirmación se ha de hacer también teniendo en cuenta que lo que tratan de hacer en esta cinta es imitar la técnica de los intérprete de las viejas películas de detectives. ¡Si hasta su gesticulación, vocabulario y expresión corporal parecen sacadas de estas películas!

En definitiva, quizá lo peor que se puede decir de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? es que es muy dificil ser objetivo con ella. Los que la vimos por primera vez en el cine en 1988/89  aún seguimos flipando con su visionado incluso tres décadas después. Y la gente que llega de nuevas a verla, seguramente lo haga para disfrutar de dos horas divertidísimas de cinta, a pesar de que es una película relativamente "vieja".

En cualquier caso, no debemos olvidar tampoco el valor que tuvo para la industria. Sin ella Disney  no hubiera logrado remontar la malísima racha que pasaba y finalmente encarrilar sus producciones. Por ello, podemos decir que La Bella y la Bestia, Aladdin o El Rey León son películas que le deben mucho a Roger Rabbit

Que además el tiempo no pase por ella, resulta también una pega. A la hora de hacer una crítica es muy dificil sacarle defectos. Realmente, con ella Robert Zemeckis y Richard Williams hicieron el mejor trabajo de su carrera. Casi es motivo para alegrarse que nunca llegara a materializarse una segunda y rumoreada entrega. No obstante, tras su lanzamiento sí aparecieron secuelas en forma de novelas, escritas curiosamente por el autor de la obra original, que se inspiró en esta película para escribir las continuaciones. Todos estos defectos nos dejan en mal lugar a nosotros, a los críticos que queremos dar a entender que Disney no nos soborna con maletines llenos de piruletas.

Crítica de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? de Raquel Hernández Luján 

Aunque sea Roger Rabbit quien aparezca en el título de la película de Robert Zemeckis y sea Bob Hoskins la cara humana protagonista de la película, no nos engañemos, el eje central es ella: Jessica Rabbit, sin lugar a dudas la mujer más sexy jamás dibujada (con el permiso de Betty Boop). ¿Por qué era un cañón? Porque unificaba en su turgente figura la silueta de Rita Hayworth, la expresividad de Lauren Bacall y el estilo de Veronica Lake. Y no hemos acabado, su voz en versión original fue la de Kathleeen Turner, que por cierto, no aparecía en los créditos, salvo cuando cantaba, momento en el que Amy Irving le servía de altavoz. Es un sueño hecho realidad (animada).

Una de las grandes virtudes de la película es sin lugar a dudas la animación y la interacción de los personajes reales con los dibus. Como parte del entrenamiento de Bob Hoskins para acostumbrarse a hablar, agarrar y relacionarse con las animaciones, estuvo trabajando durante un tiempo con un figurante disfrazado de conejo que le hacía las réplicas. Se nota lo trabajada que estaba la dirección de actores.

Una entente cordiale de dibus

Con un presupuesto de 70 millones de euros estirados con esmero, era vital fichar a los dibujos animados más populares de sus respectivas casas. Warner cedió los derechos de imagen de Bugs Bunny, el Pato Lucas, Piolín o el Pájaro Loco, entre otros, con dos condiciones primordiales: que pudieran controlar el comportamiento de sus personajes y de que tanto Bugs Bunny como el Pato Lucas (las dos estrellas más conocidas) salieran en pantalla tanto como el Pato Donald y Mickey Mouse, los más populares de Disney, aunque también pudimos ver a Dumbo, a Campanilla, a Goofy, Pluto, Horacio, Clarabella...


Pero entre todos ellos, el que ejemplifica a la perfección el espíritu de la película es Bebé Herman: adorable bebé de lacrimosos ojos ante la cámara y lascivo y vicioso hombretón de profunda voz adicto a los puros cuando nadie le ve. Ese contraste es justo el que exhibe la película que se mueve entre el cine para adultos y el infantil.

Entre las ausencias, también podemos nombrar algunas sonoras: los creadores querían como estrellas invitadas a Popeye el marino y Félix el Gato, pero no consiguieron los permisos necesarios, ¡aunque la película está repleta de dibus!


La competencia era grande entre los estudios pero también con los personajes reales. No sabemos si medio en broma o medio en serio Bob Hoskins llegó a decir que no estaba dispuesto a volver a trabajar con dibujos animados porque "el conejo es un chupacámara y un robaplanos".

Pero, ¿cómo se rodó esto?

La complejidad de unificar imagen real y dibujo animado es una tarea muy compleja. Para que os hagáis una idea, fue necesario utilizar películas de diferentes tipos y sensibilidades, a pesar de que el conjunto se percibe como muy homogéneo. Para el rodaje se construyó una cámara de fibra de vidrio y fueron necesarias numerosas maquetas, algunas de ellas muy detallistas. En la secuencia final del almacén, por ejemplo, se construyó una que tenía 20.000 ladrillos de tamaño minatura.

Para dotar a los dibujos de realismo y cierta tridimensionalidad (a pesar de que son obviamente en 2D), no solo había que atender al color y la textura sino también a detalles tan abrumadoramente trabajosos como las sombras móviles que se hicieron a una velocidad de 24 dibujos por segundo en lugar de 12, que es la cifra habitual, ya que la rapidez de la cámara de Zemeckis complicaba la realización.

Cine negro y Dibullywood

Los géneros cinematográficos se basan en convenciones. Una película de cine negro tiene que tener a su femme fatale: Jessica Rabbit; su oscura trama: terminar con Dibullywood; un investigador privado en este caso claramente inspirado en el Marlowe de El sueño eterno y Space de Halcón Maltés (el perchero de su despacho es un halcón, a modo de referencia y homenaje); unos mafiosos (las comadrejas); un villano en la sombra (el juez) y por supuesto, los claroscuros propios de su fotografía, marcando con la iluminación la silueta y la melena de las damas, dejando medios rostros al descubierto y manteniendo el halo de misterio hasta el final.

Las películas de animación que tratan de sacarnos la risa también tienen las suyas: la cáscara de plátano, un gag con un yunque, con un piano y con un imán gigantesco, situaciones inesperadas, explosiones, choques, coscorrones, deslizamientos y un sinfín de momentos en los que alguien acaba viendo pajaritos, estrellas o campanillas.

Todos los ingredientes están en la película y todos ellos funcionan a la perfección incluso cuando se conjugan: desde la sordidez de "hacer palmitas" con otro como gran infidelidad, hasta dejarle el trabajo sucio al investigador borracho de turno que carga a sus espaldas con la ira de haber visto como un dibu le arrebataba la vida a su hermano y compañero de profesión. La tarea no es nada fácil porque supone mezclar lo colorista y divertido con el lado oscuro de ser humano y sus debilidades y aquí es donde la película brilla en todo su esplendor al saber hacerlo posible. Y revisionada a día de hoy, ha envejecido fenomenal, lo que también dice mucho del nivel de exigencia de su momento.

Como apunte curioso también hay que ver cómo han cambiado los tiempos: en los ochenta se podía mostrar a unos niños de diez años del 47 fumando y ofreciéndole cigarrillos a un adulto, ¡probad ahora a rodar algo así sin que os salten al cuello! Seguramente es ese descaro, ese inconformismo y esa falta total de justificaciones "políticamente correctas" la que haga de esta película una joyita para no olvidar, que abrió paso a muchas películas posteriores en las que acción real y animación volvieron a encontrarse: Cool World, por ejemplo, en el 92, con Kim Basinger dividida entre dos mundos. Los antecedentes habían sido El dragón chiflado y Mary Poppins y más tarde vendrían otras como El guardián de las palabras o Space Jam.

Por todas las razones que hemos ido aportando en el texto, considero que la nota que Jesús le ha dado a la película es muy justa, roza el sobresaliente con la punta de los dedos y permite tener una experiencia de visionado muy grata a pesar del paso del tiempo. "Eso es to, eso es to, eso es todo amigos"...

Valoración

Gran película de animación con acción real que supuso la boda perfecta entre los Dibujos Animados y el Cine Negro. Entre sus principales logros cuenta el de ser la chispa que inició la era de la animación moderna en los EEUU.

Hobby

88

Muy bueno

Lo mejor

Visualmente sigue siendo una joya, incluso treinta años después. ¡Y que guión!

Lo peor

Es difícil sacarle pegas y ser objetivo con ella. Gran película donde las haya.

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