Análisis

Review de Final Fantasy XIV Online

Por José Luis Sanz
-

Han pasado ya ocho años desde que Square Enix lanzó en Japón Final Fantasy XI, su primera incursión en el género de los MMORPG, aunque en Europa debimos esperar hasta septiembre de 2004 para disfrutar de un juego que el público asiático había acogido con enorme entusiasmo. Estamos a finales de 2010 y el ciclo parece cumplido. Es el momento de dar el salto y adentrarse en el mundo de Eorzea, donde por cierto, en HobbyNews llevamos ya algunos días dando guerra.

 

El primer paso, cómo no, es el proceso de registro, que realizamos mientras instalábamos el juego. Sin duda el más largo y complejo al que hemos tenido que enfrentarnos nunca. Tras crear la cuenta de usuario de Square Enix, añadimos un nuevo servicio de acceso a Final Fantasy XIV. Hasta aquí, todo normal.

 

Nuestra sorpresa llegó al iniciar sesión y tratar de crear un personaje. ¡Error! No habíamos añadido la opción de crearlo. ¿Sorprendente? Sí, mucho, pero ojo, porque esto es más importante de lo que parece. Aunque en el periodo de prueba de 30 días podemos crear ocho personajes gratuitamente, una vez finalizado este tiempo se nos cobrarán mensualmente 9,99€ por el servicio básico más 3,00€ por cada personaje. Así que aseguraos de borrar los personajes que no necesitéis antes de 30 días, si no queréis llevaros una desagradable sorpresa en vuestra primera factura. En cualquier caso, es más que probable que no sintamos la necesidad de crear más de un personaje, como veremos más adelante.

 

Un personaje, todas las clases

En la creación del personaje podemos elegir nuestra raza (Hyur, Elezen, Lalafell, Migo’te y Roegadyn), clan, apariencia básica y customizada, clase, Nameday (cumpleaños), Guardián, servidor (World) y ciudad de inicio (Limsa Lominsa, Gridania y Ul’dah). De todos estos aspectos, el más importante debería ser la clase, pero no es así. Esta elección afecta únicamente al arma o herramienta que se nos dará al comenzar a jugar, así como al equipo básico que llevaremos. La culpa la tiene un sistema llamado Arsenal (Armoury en inglés).

 

Este sistema nos permite jugar con cualquiera de las 18 clases del juego, con tan sólo cambiar el arma o la herramienta de la mano principal de nuestro personaje. Es decir, que si por algún motivo decidimos abandonar el camino del arquero y probar con la magia, no hay más que cambiar el arco por la vara y practicar esta nueva disciplina.

 

Con la ventaja, además, de que si queremos unirnos a un grupo que necesite un arquero, podemos coger el arco de nuevo y actuar como tal sin haber perdido un ápice de la experiencia lograda con las flechas. Interesante, aunque también peligroso, ya que esto es extensible tanto a las clases de combates como de fabricación, por lo que la dependencia del resto de jugadores puede llegar a ser muy relativa. ¿Afectará esto a la economía del juego? Tiempo habrá de verlo.

 

 

Volviendo a las clases, dentro de las 18 disponibles se incluyen las 11 correspondientes a la fabricación de objetos (conocido como crafting en los MMORPG). Esto es así porque nuestra clase inicial puede ser tanto de combate (Discípulos de la Guerra o de la Magia), como de fabricación (Discípulos de las Manualidades o de la Tierra). Final Fantasy XIV es, por tanto, el primer título de este tipo que nos permite jugar la aventura de principio a fin con una clase que no sea de combate. Agradecédselo al público japonés, auténticos fanáticos del crafteo.

Levequest centralizadas

La forma en que se adquieren las misiones chocará también a los jugadores acostumbrados a los MMORPG occidentales como World of Warcraft. Estas consisten en una serie de tarjetas metálicas, llamadas Levequest, que determinados personajes en las Guilds de aventureros, recogen. Son, en realidad, las tareas que les mandan sus paisanos y que ellos se encargan de entregar a los aventureros.

 

Cada tarjeta está asociada a una clase, nivel y campamento. Una vez seleccionas las que más nos interesan, hasta un máximo de ocho, hay que abandonar la ciudad y dirigirse al campamento desde donde podremos iniciar las misiones asociadas. Sólo se puede ejecutar una misión cada vez, y antes de comenzarla es necesario elegir la dificultad, dependiendo de si vamos a realizar la misión solos o con más jugadores. Al finalizarla, recibiremos nuestra recompensa y volveremos al campamento para iniciar la siguiente tarea.

 

 

Una de las principales carencias que le encontramos a Final Fantasy XIV es, precisamente, la ausencia de un bazar en la que vender los objetos fabricados o los botines conseguidos. La gente de Square Enix asegura que se incluirá más adelante, pero es que el comercio ahora mismo en el juego es muy, muy tedioso. Todo se basa en transacciones entre jugadores, por lo que tenemos que detenernos junto a alguien, inspeccionar qué tiene a la venta y, si nos interesa, comprarlo, lo que dificulta mucho el comparar precios.

 

Lo único que mejora un poco esta situación son los Asistentes que podemos contratar (gratis el primero, 1€ los restantes), ya que ellos pueden hacerse cargo de las ventas en el mercado de la ciudad. Facilitan las ventas, pero las compras siguen siendo igual de tediosas.

Aprendiendo a la fuerza

Lo más frustrante de todo es que nadie en Final Fantasy XIV te explica nada del funcionamiento del juego (no hablemos ya del manual de usuario). Y si lo hacen, es de una forma tan vaga que es imposible entender qué están tratando de decirte. El inglés coloquial que utilizan los NPC, desde luego, tampoco ayuda demasiado. Un ejemplo muy claro es la extracción de minerales.

 

La primera vez que uno lo intenta se encuentra ante sí un mini-juego con barras de desplazamiento y dianas sin aparente sentido alguno. Sí, uno acaba entendiendo cómo funciona, pero más por intuición que por otra cosa y siempre queda la duda de si lo estarás haciendo bien o mal. Por eso, para empezar a jugar con Final Fantasy XIV es imprescindible tener a mano alguna de las web de fans que existen por Internet. Allí, encontrarás respuesta a todas las preguntas que te hagas en los primeros compases del juego, que serán muchas.

 

 

Los usuarios de PC, que son los primeros en disfrutar de Final Fantasy XIV (la versión para PS3 se retrasa hasta 2011), tendrán que salvar otro escollo más. Y es que aunque se ha adaptado el control del juego al uso del ratón y el teclado, es con el pad de Xbox 360 donde el endiablado sistema de menús se muestra funcional.

¿Un digno sucesor?

Con Final Fantasy XIV Square Enix ha dado un paso de gigante en el aspecto tecnológico. Sus gráficos son impresionantes, pero eso lastra también a los jugadores con equipos de configuración media, que no conseguirán una imagen fluida ni siquiera con el detalle al mínimo. Con todo, este no es el aspecto más preocupante ahora mismo del juego.

 

El lag es terrible incluso en los servidores menos poblados. Y no sólo en combate. Cada acción que realicemos, cada opción de menú que seleccionemos, vendrá seguido de una interminable espera de tres o cuatro segundos, desesperante cuando tenemos que realizar tareas repetitivas como poner artículos a la venta o realizar consultas sobre nuestro equipo. Incluso cuando llegamos a algunas zonas, los NPC y el resto de jugadores tardan muchos segundos en aparecer, dando la sensación de que no hay nadie. Ahí es donde la compañía japonesa debe centrar sus esfuerzos si no quiere que haya una espantada general.

 

Salvados estos escollos (que achacaremos a los problemas lógicos de todo MMORPG que empieza), Final Fantasy XIV cuenta con todos los ingredientes para sobrevivir, por lo menos, tantos años como su predecesor. Sólo por las intros, ya merece la pena jugar con él.

 

Valoración

Con Final Fantasy XIV hemos disfrutado, aunque nos ha costado mucho entender el modo en que funcionaban conceptos esenciales como las ‘Levequest’ o el sistema ‘Arsenal’. Parece una beta con muchas cosas que mejorar.

Hobby

81

Muy bueno

Lo mejor

Sus gráficos, las maravillosas intros y unas historias apasionantes y llenas de posibilidades.

Lo peor

Parece un juego sin terminar. Falta el bazar y el lag a veces se hace insoportable.

Lecturas recomendadas