Crítica de American Hostage, un thriller dramático en Movistar Plus innecesariamente largo aunque con destellos de brillantez

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Crítica de American Hostage, la nueva serie internacional disponible en Movistar Plus al completo, con Jon Hamm y Giovanni Ribisi como protagonistas. Estreno el 5 de noviembre.

Hace apenas unos meses, allá por abril, llegaba a las salas de cine Prime Crime: A True Story, la última película de Gus Van Sant que se inspiraba exactamente en los mismos hechos reales que recoge American Hostage, ahora en formato de serie de ocho episodios de cerca de una hora de duración.

Se trata de la nueva serie internacional de Movistar Plus, disponible al completo desde ayer mismo y con un reparto muy atractivo encabezado por Jon Hamm, Giovanni Ribisi y Mireille Enos, entre otros.

Evidentemente, tener ocho horas de desarrollo en lugar de apenas un par, permite profundizar mucho más en multitud de aspectos: el contexto histórico, la evolución de los personajes, la forma en la que trabajan los medios de comunicación, el origen de las reivindicaciones del secuestrador, la idiosincrasia de las autoridades, lo intereses cruzados y un largo etcétera, pero también supone asumir el riesgo de perder la atención de los espectadores en el caso de que el montaje se relaje o la narración se detenga demasiado en los detalles menos importantes. American Hostage no es tan constante como para asegurarse esa atención de manera uniforme. Algunos capítulos son vibrantes, mientras que otros rozan cierto tedio y esto es algo que le pasa factura a la experiencia de visionado.

Cuando el periodismo es parte de la noticia

American Hostage nos desplaza a la Indianápolis de 1977 para narrarnos. la historia de Tony Kiritsis, un hombre desesperado que toda una decisión dramática. Convencido de haber sido estafado por una compañía hipotecaria, toma como rehén al ejecutivo Dick Hall, a su vez hijo del director y le coloca alrededor del cuello un dispositivo conectado a una escopeta. 

Su primera exigencia es hablar en directo con Fred Heckman, una celebridad de la radio local y único interlocutor en el que confía. Lo que comienza siendo un suceso local pronto trasciende para convertirse en un fenómeno mediático de alcance nacional y es, de hecho considerado el primer acontecimiento retransmitido a tiempo real que mantuvo atrapado a todo el país, pendiente de la resolución de un hecho de tal gravedad.

Mientras atendía a la exigencia básica de informar a las millones de personas pendientes de las retransmisiones, el propio Heckman estaba siendo parte de la historia dando forma a la corriente de simpatía entre la audiencia hacia el secuestrador pero también tratando de manipularlo sutilmente para desarmarlo y conseguir liberar a Hall. Un doble juego exigente a lo largo de 63 horas interminables.

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El corazón de esta historia es el hecho de que las fronteras entre periodismo y entretenimiento comenzaron a desdibujarse más que nunca desde este momento. La serie pone en valor no solo una ambientación exhaustiva para desplazarnos en el tiempo sino que logra que además se perciba como muy natural, sin excesos de impostación. En la misma dirección va la jazzística banda sonora que guía la trama en los momentos más caóticos en los que todo el mundo tiene el alma en vilo.

Otro recurso que funciona bastante bien es el de las pantallas partidas para derribar barreras físicas y darle tracción a las conversaciones entre los protagonistas, aunque a base de usarlo a menudo, se vuelve un tanto monocorde.

El gran talón de Aquiles de American Hostage es que tiene algunos problemas tonales: quiere prestarle una gran importancia al drama periodístico y bucear en las incertidumbres y los callejones sin salida a los que llegan los personajes, que en un determinado punto tienen que tomar partido por un bando para atajar la crisis pero, por el camino, la crítica a las dobleces del sistema hipotecario y a los caminos que usa el poder para abrirse paso, queda algo laxa, sin la fuerza que requería para ponerle el cascabel al gato.

Por otra parte, las comparaciones son inevitables: Bill Skarsgard daba verdadero miedo en el papel, era nitroglicerina que parecía a punto de estallar en cualquier momento y trasladaba muy bien la sensación de peligro y urgencia, algo que Ribisi no consigue ni de lejos. Su tratamiento del personaje es mucho más comedido y humano, por más que la situación sea retratada con mimo. Es probable que esta versión se acerque más a la verdad al ser menos estilizada y espectacular, pero también acusa un desarrollo alargado en demasía. Se deja ver, pero siempre con la sensación de que podría ser mucho mejor con la mitad de los episodios.

Valoración

Nota 57

Una serie que tiene dificultades para mantener un circo de tres pistas: le falta gasolina en la crítica social, le sobra metraje en el drama periodístico y psicológico y acusa el golpe de utilizar de forma recurrente recursos que se vuelven monótonos.

Lo mejor

Jon Hamm es el gran reclamo de la serie y cumple con creces. La ambientación y la banda sonora son excelentes.

Lo peor

Sufre un parón a mitad del desarrollo que cuesta superar para llegar al desenlace. Le vendría bien un montaje más liviano.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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