Crítica de Caza de brujas, la película con la que Luca Guadagnino reta nuestros prejuicios

Crítica de Caza de brujas (After the Hunt), la nueva propuesta del director Luca Guadagnino con Julia Roberts, Ayo Edebiri y Andrew Garfield. Estreno el 17 de octubre.
Tras Rivales y Queer, el prolífico Luca Guadagnino cambia de tercio con Caza de brujas para narrar una historia basada en hechos reales, en el entorno académico de una universidad de élite. En su voluntad, claramente, abrir un debate acerca de los limites de las relaciones entre alumnos y profesores sin dejar de lado la perspectiva de género.
A su favor un planteamiento dialéctico que supone un verdadero reto para el espectador, con abundantes y complejos diálogos ricos en matices y subtexto, que hace que sea imprescindible mantener un elevado nivel de atención en todo momento. ¡En una película que dura dos horas y veinte!
Las interpretaciones principales son otro de los puntos fuertes de la cinta, contando con una Julia Roberts que demuestra seguir en plena forma haciendo gala de un registro inmenso. Vemos a su personaje capaz, fuerte, vulnerable, contra las cuerdas, tomando decisiones discutibles o reconociendo patinazos gigantescos. Todo desde una contención absoluta, sin histrionismos.
La acompañan unos también brillantes Ayo Edebiri y Andrew Garfield que juegan al despiste sin que lleguemos a tener nunca claro qué es lo que sucedió en realidad en el momento que sirve como punto de inflexión a la historia de sus personajes.
Sucedió una noche
Caza de brujas nos presenta el ambiente distendido que hay entre una profesora, Alma, su adjunto, Hank, y sus alumnos. Ella, tras pasar un tiempo alejada de las aulas por un problema médico, se incorpora con la firme determinación de pelear con su compañero por una plaza muy jugosa. Y nunca termina de zafarse de la sensación de tener que demostrar más por el hecho de ser mujer.
Mientras tanto, entre ambos, supervisan los trabajos de sus pupilos más brillantes y los tantean en situaciones en las que lo académico y lo personal se confunden. Tras una cena informal en su domicilio, Hank y Maggie se van juntos bromeando y haciendo gala de su complicidad.
Al día siguiente se desata una verdadera tormenta: Maggie acusa a Hank de haberla agredido sexualmente y Alma tiene que tomar partido denunciando a su compañero o recomendándole a su alumna el silencio para evitar un escándalo: haga lo que haga va a haber consecuencias.
Maggie apela a la sororidad y Hank también la presiona para que respalde su versión de los acontecimientos, si bien ella no puede dar fe de lo que sucdió entre ellos puesto que en el momento de la supuesta agresión estaban solos.
De forma adicional, por si fuera poco,, Alma debe lidiar con los fantasmas de su pasado: una relación que definió su identidad en el plano afectivo y un desliz imprudente que puede exponerla ante la comunidad educativa. Nadie es del todo inocente: todos tienen intereses cruzados y vergüenzas que ocultar.
Guadagnino siempre aporta algo en lo que se refiere a la realización: los debates que quiere abrir son claros y la manera de abordar la conclusión da pie a largas conversaciones tras el visionado pero no es menos interesante cómo el director enfrenta a los personajes.
Hay un trabajo meticuloso para justificar dónde pone la cámara, cómo juega con los primerísimos primeros planos, con el foco, con los picados y contrapicados para darles fuerza o quitársela, etc. Porque, en el fondo, todo es una pugna por dominar el relato y por prevalecer en una enorme crisis reputacional que pone en la picota al departamento y la universidad en su conjunto.
Caza de brujas es una película estimulante pero complicada, y tiene la capacidad de dejar a los espectadores confundidos y algo exhaustos tratando de no perderse en el maremágnun dialéctico. Su largo metraje hace que atraviese algunos momentos valle en os que pierde bastante fuelle, aunque suele remontar introduciendo nuevos argumentos.
Contribuye a mantener el interés y dar golpes de efecto una banda sonora por momentos muy intrusiva que toma incluso demasiado protagonismo y que aporta información adicional de manera constante. Vamos, que hay que mantener las orejas bien abiertas para que no se te escape nada.
Guadagnino tampoco se resiste a mostrar sus filias artísticas llenando su película de referencias culturales variadas: desde carteles de películas hasta libros y canciones. Así que, sin parecerse a ningún trabajo anterior, se reconoce su sello autoral en cierta forma.
Valoración
Nota 72
Provocadora y estimulante, esta película recompone un hecho real, adaptándolo para proponerle al espectador que recomponga el puzle y saque sus propias conclusiones.
Lo mejor
Las ideas cinematográficas que subyacen con juegos de foco y persepectiva que ayudan a concretar el reto intelectual que supone la película.
Lo peor
La duración y el nivel de intensidad de la película: es muy larga y deja la historia abierta de forma premeditada para abrir debate.

