Crítica de Monstruo: La historia de Lizzie Borden, el estrafalario regreso a la antología de crímenes de Ryan Murphy en Netflix

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Crítica de Monstruo: La historia de Lizzie Borden, la cuarta temporada de la antología de crímenes basados en hechos reales creada por Ryan Murphy e Ian Brennan para Netflix.
La mejor descripción que puedo hacer de Monstruo: La historia de Lizzie Borden es que se trata de una comedia gore con lesbianas asesinas, pero al mismo tiempo siento que sería muy injusto para la serie de Netflix de Ryan Murphy e Ian Brennan quedarme en eso, así que voy a escribir algún párrafo más.
La asesina del hacha lleva generaciones fascinando en la cultura popular sin que su influencia haya escapado del cine o la televisión, y ahora la miniserie antológica de Monstruo regresa a ella con un enfoque diferente al de sus anteriores entregas.
Por primera vez en la serie se nos está contando la historia de una mujer asesina y por primera vez nos desplazamos tan atrás en el tiempo que llegamos hasta el siglo XIX para descubrir lo que fue de esta figura tan emblemática en la criminología de Estados Unidos.
La historia de Lizzie Borden nos sabe trasladar con acierto hasta aquella época con su minuciosa recreación histórica, que va desde los trajes hasta las localizaciones, incluyendo pequeños detalles que hacen más compacta la ambientación.
Pero también trabaja en ello desde su propia imagen, que suele adoptar un tono sepia con el que nos remite a las fotografías clásicas, o el uso de cortinillas circulares de comienzos del cine mudo.

Aunque no le falta su contrapunto con, por ejemplo, la introducción de música extradiegética anacrónica, que refuerza dos ideas que predominan en la miniserie. La primera es que hay que animar la fiesta.
La narración visual de la miniserie es súper dinámica, llenando las imágenes con metáforas, empleando recursos como vistosas transiciones funcionales, introduciendo cambios de formato según la historia contada o mezclando en su montaje hechos con fantasías para mantenerte entretenida a cada plano.

Pero la clave está en que esta cuarta temporada de Monstruo es muy bizarra. Los chorros de sangre o vómitos a borbotones y la violencia gratuita que impregnan las escenas del mismo modo absurdo en que Nicky se cargaba a ladrillazos a una tipa contra el volante de un coche en Obsession (2025) generan una comicidad instantánea, que sólo refuerza su sobreactuado elenco.
Y es algo bueno, porque sin eso no habría tanto humor. Jessica Barden se sale aprovechando al máximo su rol como la actriz Nance O'Neill, y Ryan Murphy parece que se buscó cualquier excusa para rescatar a su intérprete fetiche, Sarah Paulson, en el papel de siempre, solo que ahora su personaje se llama Aileen Wuornos.

Lo que me lleva al segundo punto a destacar de Monstruo. Al igual que las temporadas anteriores de la antología, esta serie no pretende ser un documental sino una ficción basada en hechos reales, y aquí hay mucho de cosecha propia más allá de la sátira.
Ya sabemos de sobra quién es Lizzie Borden, lo que hizo y cómo lo hizo, pero los ocho episodios de la nueva serie de Netflix se estructuran para contarnos lo que de verdad nos interesa: sus móviles y la historia pormenorizada de lo que ocurrió antes, durante y después de que le clavara más de cuarenta hachazos a su madrastra y a su padre.

La nueva Monstruo va más allá de Lizzie Borden
Como si les hubiera entrado prisa después de ignorar a las mujeres en las tres temporadas previas de la serie, Ryan Murphy e Ian Brennan se las ingenian para combinar en La historia de Lizzie Borden la vida de tres asesinas a lo largo del tiempo que no tienen nada que ver entre sí.
Por un lado, tenemos a la que da nombre a la serie en el siglo XIX, por otro a la interpretada por Paulson en los años 80, y por último a Erzsébet Báthory en el siglo XVI, todas ellas conectadas con la excusa argumental de que unas se influyeron sobre las otras al descubrir sus historias con las biografías que les leían sus novias.

Pero no vamos a quedarnos con la lectura más fácil: pon una lesbiana en tu vida y acabarás convertida en una asesina. Eso habría sido problemático, y Monstruo lo tenía complicado para no repetir el patrón de crear asociaciones entre lo queer y lo malvado.
En su lugar, esta ficción consigue hacer algo mejor, logrando que ambos mundos convivan sin que se vuelva una consecuencia el uno del otro, tan solo convirtiéndose la orientación sexual en una característica más de sus personajes.

Además, hace un esfuerzo por no retratar a Lizzie Borden sólo como una asesina sino también enseñar que fue una mujer que desafió los roles de género y supo valerse por sí misma, aunque, eso sí, tomándose la justicia por su mano ante los abusos que sufría en casa.
Mientras, las historias de Aileen Wuornos y la Condesa Sangrienta sirven para ofrecer una dimensión adicional a su relato, mostrando un conjunto que nos permite acercarnos al sistema judicial en diferentes períodos.

La serie incluso se atreve a señalar cómo la ley muchas veces favorece a las personas equivocadas por culpa de un sistema que nos deja claro que, en realidad, la mejor solución pasa por adjudicarse un hacha y cortar cabezas.
Monstruo: La historia de Lizzie Borden se estrenó en Netflix el pasado jueves 17 de septiembre, y ya pueden disfrutarse al completo sus ochos episodios de unos 50 minutos de duración por capítulo.
Valoración
Nota 84
Monstruo: La historia de Lizzie Borden es una comedia gore con lesbianas asesinas que logra ahondar en esa premisa para no quedarse en lo superficial, explorando las turbulentas vidas de tres mujeres en diferentes épocas.
Lo mejor
Es tan dinámica que no te aburre.
Lo peor
El humor escatológico o el gore podrían echar para atrás.

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