Crítica de Scarlet, el irregular collage de Mamoru Hosoda que reinterpreta Hamlet

Scarlet (2025)
Scarlet (2025)

Crítica de Scarlet, la nueva película de Mamoru Hosoda que apuesta por una animación menos convencional en el anime siguiendo los pasos de Belle.

En una era post Spider-Verse y Arcane, la industria del cine se ha visto forzada a reinventarse, y cineastas como Mamoru Hosoda han encontrado el atractivo en arriesgar con las formas de animación más habituales hasta el momento dando como resultado cintas como Scarlet.

No es casualidad que Sony Pictures, la responsable de Spider-Man, se encuentre también detrás de este proyecto como su productora por primera vez en la carrera del director nipón, quien ha querido ir un paso más allá de lo que planteó en Belle (2021), su anterior largometraje sin el que este no se podría entender.

En él exploró como novedad respecto a sus proyectos previos la conjugación de animación tradicional con una hecha por CGI, cuyo uso en determinadas partes del metraje tenía su paralelo argumental que justificaba el cambio: lo artesanal para el mundo real, lo digital para el virtual.

Esta idea de dividir de manera tan clara los estilos rondaba a Mamoru Hosoda antes de lanzarse con su nuevo largometraje a repetir la fórmula; sin embargo optó por algo más arriesgado: fusionar ambas técnicas durante toda la película. La consecuencia ha sido realizar el filme más largo de producir de su filmografía, que presenta un collage extraño pero interesante.

Scarlet (2025)
Scarlet (2025)

Si bien las escenas que ocurren en el pasado se exponen como un anime bidimensional, el presente que transcurre en una suerte de limbo hace un uso intenso del cel shading para sus personajes protagonistas, mientras alterna con el uso del 2D o el 3D para los secundarios, en un fuerte contraste con el mundo en el que se mueven.

Lo habitual en el anime es que veamos a figuras de colores planos y estilizadas frente a fondos muy detallados, y algo similar nos encontramos aquí. Solo que ahora los escenarios son tan hiperrealistas que parecen una fotografía por el modo en que se han trabajado sus texturas.

Aún con todo, los personajes se integran bien en estos espacios, con una coherencia cromática y en la iluminación. Eso no evita que haya una especie de valle inquietante presumiblemente intencionado, ya sea para hacer más extraño ese otro plano, para acercarlo más a lo concreto o evidenciar que es una mezcla de realidades.

Scarlet (2025)
Scarlet (2025)

Scarlet tropieza en lo argumental

En lo formal no es lo único en donde Scarlet se fija en Belle. Mientras que aquella se inspiraba en La bella y la bestia, esta toma a Hamlet de William Shakespeare como punto de partida.

Lo normal en cualquier arte es coger prestados esquemas -podríamos decir universales- que funcionan para plantear nuevas historias partiendo desde una base común. En el caso de La bella y la bestia podría ser encontrar la belleza en el interior, en el de Hamlet la venganza.

Mamoru Hosoda es muy evidente en su nuevo referente, sin ni siquiera molestarse en cambiar gran parte de los nombres de sus personajes, pero luego juega con el desarrollo de la historia a su antojo, haciendo que pierda sentido esa elección cuando podría haber usado Hamlet tan solo como un marco temático.

Scarlet (2025)
Scarlet (2025)

Scarlet busca hacer justicia tras la muerte de su padre a manos de su tío y emprende un descafeinado viaje de venganza a través de un paraje desértico que se siente tan vacío como la profundidad psicológica de su protagonista, limitándose a transitar la nada con rabia.

Con un ritmo muy lento, roto por algunas secuencias de batalla y encuentros con otras personas que habitan en el inframundo en el que ha terminado tras ser envenenada por el asesino de su padre, la joven marcha con un objetivo claro aunque sin una gran evolución en su conflicto interno sobre la moralidad de sus actos.

Tan poca personalidad tiene la guerrera que casi cuesta distinguirla en apariencia de Belle, la protagonista anterior de Hosoda, otra adolescente bonita, delgada, de ojos azules y cabello rosado que sabe mirar con intensidad a la pantalla.

Scarlet (2025)
Scarlet (2025)

Como contrapunto, la cinta introduce al personaje de Hijiri, un chico de nuestra época con un diseño de lo más genérico que es enfermero y reniega de la violencia mientras se muestra confiado ante la gente a diferencia de Scarlet.

Pero, como es un joven, Mamoru Hosoda se ha visto en la necesidad de hacer que la historia entre el médico y la princesa culmine con un beso en los labios cuando no tienen la más mínima química ni siquiera en términos de amistad, tan solo han tenido la desgracia de ser del sexo contrario.

Scarlet (2025)
Scarlet (2025)

Lejos quedan los bonitos retratos de personajes llenos de carisma y que despertaban empatía que supo hacer el cineasta nipón en el pasado a través de cintas como Mirai, mi hermana pequeña (2018).

La técnica no ha sido el problema, pero quizá el director de Scarlet haya puesto tantos esfuerzos en ella que se haya perdido por el camino en resaltar lo más importante de una película.

De este modo, el futuro de su carrera apunta a ser prometedor en este ámbito, tras sus declaraciones en una entrevista con Crunchyroll en la que dijo que “deberíamos inventar aún más estilos de animación y elementos visuales” siempre que se adapten a “las necesidades del tema y la historia”.

Scarlet de Mamoru Hosoda llegará a los cines españoles el próximo viernes 27 de febrero, tras su estreno en Japón el pasado mes de noviembre.

Valoración

Nota 71

Scarlet es una película interesante a nivel visual y se nota que Mamoru Hosoda tenía ganas de jugar con las posibilidades expresivas de la animación en la combinación de técnicas, pero se olvidó de afinar la historia.

Lo mejor

Hay sintonía y riesgo en la mezcla de 2D y 3D.

Lo peor

¿Por qué Scarlet es igual a Belle? La heterosexualidad forzada.

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