Crítica de The Terror: Devil in Silver, la serie producida por Ridley Scott afronta el terrorífico monstruo del sistema de salud estadounidense

The Terror: Devil in Silver
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Crítica
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The Terror regresa con una temporada ambientada en un psiquiátrico donde el terror sobrenatural termina siendo menos inquietante que el sistema que encierra a sus pacientes.

Pocos terrores son tan canónicos como el de un centro psiquiátrico. Salvo, quizás, el de tener una vivienda digna. Ese supera al género. Ambas realidades pueden confluir en un punto común: quedar atenazado y subyugado ante algo que nadie más puede ver... o peor, descubrir que ese algo sí existe y que a nadie le importa lo suficiente como para ayudarte.

En ese espacio expansivo y a la vez minúsculo entre la realidad y la imaginación explora The Terror su tercera temporada, Devil in Silver. La tercera historia independiente de una serie que parecía haber exhalado su último aliento y que ha regresado con una trama inspirada en la novela original homónima de Victor LaValle y que se ha lanzado en AMC+.

La constante de esta franquicia del terror en serie no son sus personajes, no hay continuidad de ningún tipo más allá del género —con más o menos acierto según la temporada—. Pero sí presenta habitualmente a comunidades encerradas en circunstancias brutales contra un mal sobrenatural que siempre acaba siendo secundario frente al humano. Hoy el turno es para el sistema de salud mental estadounidense.

Demasiado psiquiátrico para las ideas

Pepper (Dan Stevens) es un tipo de mecha corta, y así le va. Después de una trifulca con el ex de su novia, tres policías a cuál más vago —casi tanto como la idea que origina esta historia— deciden llevarlo directamente a ingresar contra su voluntad en el hospital psiquiátrico New Hyde. Algo temporal; tres días. Pero ya sabes, no hay nada tan absurdamente loco como intentar demostrar que uno está cuerdo si nadie está dispuesto a creerte.

El hombre termina encerrado en una institución psiquiátrica en la que los abusos del personal y las drogas de consumo obligatorio fragmentan su realidad hasta que la poca cordura que le quedaba podría medirse como en un relato de Lovecraft. No tardé mucho más de 20 minutos del primer episodio en pensar en Shutter Island.

En New Hyde se presentan médicos con comportamientos iniciales erráticos —aunque luego descubres que la decisión no es intencionada—, pacientes que hablan sobre reglas incomprensibles, habitaciones prohibidas y recuerdos que te hacen dudar sobre si la cordura del protagonista ha tenido estabilidad alguna vez.

The Terror: Devil in Silver
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La arquitectura que Scorsese propuso para su isla, una prisión mental que se iba cerrando sobre sí misma. Devil in Silver parece entrar al mismo juego, pero no para cerrar con el mismo truco. Chris Cantwell, showrunner de la serie junto al propio autor Victor LaValle, construye una historia que también recuerda a la de The Invitation al obligar a su protagonista a preguntarse si está siendo paranoico o si es el único que comprende lo que está ocurriendo. Todo esto rodeado de pacientes de un manicomio.

El concepto funciona particularmente bien para arrancar la serie. Tienes un universo extremadamente reducido, fácilmente comprensible, con un contexto ágil que no necesita más de un episodio para establecerse. El deterioro del edificio se confunde con el de quienes lo habitan: pacientes y trabajadores encerrados en un laberinto de baldosas blancas. Un edificio que, en realidad, es enorme. Demasiado. Y no creo que todo ese espacio sobrante que consigue ser opresivo al principio termine jugando a su favor en los seis episodios de la temporada.

Hora de pasear al monstruo

Devil in Silver presenta a unos pocos personajes que van a acompañar a Pepper en su encierro, pero también parecen la totalidad de quienes conforman el centro psiquiátrico. Superado el umbral de mitad de temporada, llegas a una escena en la que reparten la medicación y empiezan a aparecer extras como si hubiese llegado una excursión; salen a comer pizza y vuelven a desaparecer.

La decisión parece perfectamente consciente para presentar un espacio farragoso, confuso e incómodo desde una amplitud que tan bien han explotado recientemente series como Severance, convirtiendo a sus personas en criaturas minúsculas a merced de una institución gigantesca. Pero intención y resultado no siempre son la misma cosa, y, aunque la amplitud puede empequeñecer al individuo, aquí también empequeñece la credibilidad de su mundo.

Lo mismo ocurre con el comportamiento de quienes están a cargo del centro. Te presentan a personajes como Scotch Tape, un celador que inicialmente es brutal, incluso innecesariamente cruel, pero después es blando, amable y cercano. Es evidente que no sólo los pacientes son víctimas de un sistema que no funciona, pero la serie no consigue convertir esa presentación errática en una herramienta para desestabilizarnos como con tanta intención subrepticia lo hizo Scorsese.

The Terror: Devil in Silver
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Bien me podría lavar las manos antes de volver a escribir el nombre de Shutter Island en este análisis, porque para desarrollar esas capas de complejidad necesitas tener una coherencia narrativa y de personajes que, en este caso, sólo parece presentarse para crear nuevos obstáculos para Pepper.

Es un círculo vicioso en el que se encierra la narrativa escrita y también visual de la serie. Para responder a la demanda de terror del género, repite exactamente el mismo patrón en el primero, el segundo, el tercero y hasta el cuarto episodio: una habitación prohibida, un señor decrépito al que se le derraman los párpados. 

La estructura repetida con un monstruo de por medio cae por su propio peso porque lo que muestras con tanta evidencia episodio tras episodio deja de ser inquietante. De hecho, la serie funciona mejor cuando se concentra en las atrocidades absolutamente reales de la institución.

Dan Stevens, Chinaza Uche y Judith Light son quienes permiten que puedas seguir avanzando con la serie. Su Pepper puede convencerte de que está siendo víctima de una injusticia y, treinta segundos después, introducir suficiente agresividad perdida en su mirada como para hacerte dudar. Coffee y Dorry funcionan como contrapeso precisamente porque la serie evita crear «locos» para construir personas antes que diagnósticos.

En toda esta amalgama de decisiones erráticas, Devil in Silver va dejando pasar los episodios alimentando constantemente la expectativa del clímax. Todo parece destinado a que lo entiendas más adelante, como una zanahoria colgada delante de la televisión. Y cuando llega el desenlace, toda la justificación narrativa no consigue invalidar la repetición argumentativa... y la forma en que has acostumbrado al espectador al monstruo.

Devil in Silver funciona mejor cuando deja de martillearte con lo que hay detrás de la puerta y fija su atención en la llave. Porque al final, el monstruo es lo de menos. Ya disponible en AMC+.

Valoración

Nota 66

The Terror: Devil in Silver encuentra su mejor terror demostrando cómo una institución puede convertir a cualquier persona en un monstruo, pero se pierde entre las repeticiones de sus propias fórmulas.

Lo mejor

Dan Stevens y el resto del reparto consiguen demostrar cómo la pérdida de credibilidad es el auténtico terror.

Lo peor

La repetición de mecanismos elimina toda su capacidad para inquietarte.

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