Crítica de Tiempo de victoria: Brendan Fraser y Andrew Scott reivindican la ciencia incluso cuando soplan vientos de guerra

Tiempo de victoria
Tiempo de victoriaDeAPlaneta
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Crítica de Tiempo de victoria (Pressure), el drama histórico basado en la obra de teatro de David Haig protagonizada por Andrew Scott y Brendan Fraser. Estreno el 18 de septiembre.

Con solo ver el momento histórico en el que se ambienta Tiempo de victoria (Pressure en versión original), ya podemos sentirnos absorbidos por una narración que parte de la obra de teatro de 2014 de David Haig, que ejerce de coguionista junto al director Anthony Maras en esta adaptación cinematográfica.

Aviso a navegantes: no es una historia de guerra al uso, porqque no se desarrolla en su mayor parte en el frente. Estamos ante un drama de despachos en el que se desarrolla una contrarreloj desde el primer instante, algo que obra en su favor porque le mete nervio a un metraje que sabe exprimir la tensión con maestría.

Nos situamos 72 horas antes del llamado Día D, fórmula utilizada por los Aliados en la Segunda Guerra Mundial para referirse al 6 de junio de 1944, momento en que se activaría la Operación Overlord, que consistía en llevar a cabo un gran desembarco en las playas de Normandía con el fin de abrir un nuevo frente en Europa Occidental y liberar a los territorios europeos ocupados por la Alemania nazi.

La complejidad logística era enorme y mayor aún la necesidad de evitar cualquier filtración de información, lo que conllevaba la retención del personal militar, el corte de comunicaciones con la población civil e interminables cálculos que pasaban por la distracción de os enemigos, con tanques inflables y el lanzamiento de dummies que simulaban ser paracaidistas y de la colocación de las tropas reales en posición. El adversario a batir iba a estar sobre sus cabezas: el tiempo.

El cine como reparación de lo que la memoria pasa por alto

Tiempo de victoria nos sitúa en un momento de alta tensión: toca decidir el momento exacto que será más propicio para el desembarco y el comandante supremo de las fuerzas aliadas, Dwight David "Ike" Eisenhower (Brendan Fraser) tiene previsto que se produzca el día 5 de junio basándose en las previsiones de su meteorólogo de confianza, Irving Krick.

Pero es una decisión tan importante que se le encarga al capitán James Stagg (Andrew Scott), jefe del servicio meteorológico británico, elaborar un pronóstico alternativo. Llega a las oficinas como un elefante a una cacharrería, imponiendo su estricta metodología y desafiando creencias arraigadas.

Unas condiciones climáticas adversas podrían arruinar la mayor invasión marítima de la historia, mientras que cualquier retraso podría suponer que los servicios de inteligencia alemanes descubran sus intenciones y echen por tierra el plan. Eisenhower deberá tomar la decisión que determine el destino de la Segunda Guerra Mundial.

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Tiempo de victoria es una de esas películas bien armadas y documentadas que le aportan algo al espectador: el viaje emocional de los personajes, cuyas vidas están ficcionadas, pero también toda una serie de datos y curiosidades que hacen que el relato sea apasionante y además resuene en la actualidad. En un momento en el que, más que nunca, hay que reivindicar el método científico y a las personas que dan la cara por él, poner en su sitio a James Stagg y su labor para persuadir a Eisenhower de retrasar el Día D es de ley.

Adicionalmente, la película cuenta con unos valores de producción ajustados a las necesidades de la narración: la recreación histórica es fiel a la época y la fotografía le saca partido a luz y los planos de los cielos. Sin caer en el didactismo, la película 

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Las interpretaciones no van a la zaga: brilla especialmente Andrew Scott como principal protagonista pero está muy bien acompañado por Kerry Condon, Damian Lewis o Chris Messina en roles secundarios. Brendan Fraser se esfuerza, pero es difícil ver en él a Eisenhower, en gran parte por el desajuste físico respecto al personaje: Fraser es mucho más corpulento. Para lo que quiere contar la película, esto es un mal menor, pero puede ser una distracción para los más puristas.

Lo interesante es que aporta mucha información sobre un elemento que fue capital para un momento que definiría el resultado de la guerra y por tanto el orden mundial que derivó de ahí. Tan sencilo y tan complejo como la meteorología, que podría haber echado por tierra el trabajo de muchos meses de ensayos y preparaciones. Y hace justicia a los implicados, poniendo nombre y apellidos a las personas que, desde los despachos, decidieron el curso de instante crucial.

Valoración

Nota 75

Un vibrante drama histórico que pone en valor el trabajo de los meterorólogos en el famoso Día D y se sustenta en muy buenas interpretaciones y un ritmo implacable.

Lo mejor

Andrew Scott brilla una vez más en un papel áspero: la ciencia no tiene por qué ser amable.

Lo peor

A pesar del esfuerzo de Brendan Fraser es difícil ver en su interpretación a Ike Eisenhower.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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