Crítica de Vicios ocultos: Apple TV+ no se cansa del éxito con Jon Hamm recordando a Don Draper

Puede que Jon Hamm no vuelva a ser Don Draper, pero siempre nos quedará su labia y su elegancia para disfrutar de una dramedia cínica y sorprendentemente divertida.
Jon Hamm podrá dedicar su vida entera a interpretar nuevos personajes, que difícilmente se sacudirá de la influencia de su exquisito Don Draper (Mad Men). Bendito problema, viendo la inteligente selección de sus últimos proyectos: Fargo, Landman y, ahora, Vicios ocultos.
Y para muestra, un botón; no te hará falta llegar más allá de su secuencia de apertura para descubrir cómo su nuevo personaje bebe en actitud, pose y diálogos de su papel más reconocido hasta la fecha.
La nueva serie de Apple TV+ es una dramedia con tintes policíacos plagada de afilados diálogos en medio de la pomposidad de la jet set estadounidense. Del tipo de personas que van al club, coleccionan relojes cuyo valor —casi— serviría para comprar un piso en España y se emborrachan criticándose unos a otros a sus espaldas para llenar el vacío que el capitalismo no puede.
Siempre me han costado mucho este tipo de historias costumbristas representadas en las élites de Hollywood. Me ha costado mucho aguantar el deseo de retorcer el pescuezo de más de uno de sus personajes, digo. Son absolutamente insoportables, vanidosos, egoístas y, de alguna forma, magnéticos.
No sé si es la herencia cultural o haber crecido descubriendo que, de hecho, son así de engreídos, pero es un perfil que funciona. Al menos en la pantalla, donde todo ese artificio puede ser divertido por la facilidad para reírte de ellos desde el salón de tu casa.
Sea como fuere, Apple TV+ está en racha y se está ganando a pulso convertirse en mi plataforma predilecta para las series: The Studio, Silo, Para toda la humanidad, Terapia sin filtro, Separación, Slow Horses... y también Vicios ocultos.
Con Jonathan Tropper (Warrior, See) como creador de la serie, que parece incapaz de escribir un mal guión, el resultado es otro más para su lista de éxitos: Vicios ocultos alcanza una sencillez brillante y divertida sacando partido al sistema de clases de Estados Unidos entre diálogos mordaces y clichés andantes.
Don Draper y los cuarenta ladrones
Jon Hamm es Andrew Cooper, un broker de éxito que tiene la casa, el coche, el reloj, los niños y todo lo que le permita su infinita cuenta bancaria. O le permitía; una mala jugada lleva a su despido y nadie quiere volver a oír su nombre en el sector al haberse quedado sin su cartera de clientes.
Como una versión más adulta de Don Draper, "Coop" lidiará sobre todo verbalmente con un divorcio por infidelidad, unos hijos que lo ven como una hucha andante y unos amigos que sobrevuelan como rapaces para saborear las sobras.
Ese, en cierto modo, también es Coop. Para cubrir su nueva vida y la de todos los que orbitan a su alrededor encontrará un método más estimulante que su carrera en la bolsa: robar en las casas de sus vecinos del barrio pijo de Westmont Village.
Ya sabéis lo fácil que es robar en una casa de película en Estados Unidos. Donde hay una puerta de entrada cerrada, siempre queda una segunda puerta al exterior abierta o una llave escondida bajo una maceta con forma de tortuga. Son previsibles, y Coop lo sabe porque también lo era.
Con el apoyo de la voz en off protagonista para guiar la acción, la serie deja el ritmo de sus episodios de 50 minutos apoyado directamente en los diálogos. Dicho y alabado el trabajo de Tropper, lo cierto es que han conseguido que el sarcasmo de Coop haya estado cerca de hacerme escupir la bebida en más de una ocasión.

Es el lugar donde más cómoda se siente, tirando piedras a su protagonista que intenta esquivar mediante labia y presencia en escena. Y así, de tapadillo, van colando la trama de robos y delincuencia en la que quiere enredarse.
Humillado por su entorno y vencido por su propio orgullo, encuentra en la delincuencia un extraño alivio. Su catarsis es la de robar a los ricos siendo parte de ellos. La clave de Vicios ocultos no es hacer atractivo el proceso de robo, sino su justificación.
Coop no es un ladrón de guante blanco. Roba porque puede, porque se aburre, porque está herido... y porque a nadie a su alrededor parece importarle. O notarlo, siquiera. Es la evolución natural del capitalismo emocional de los ricos, y una oportunidad para recuperar el sentido de estar vivo.
Sobre la licencia de pensar que los mega ricos no tienen cámaras en sus casas, se lo tendremos que permitir. Parecía otra oportunidad para invitar a reflexionar sobre la fijación habitual de cómo todos ellos esperan ser traicionados o que sus internas lleguen al robo.
Hombres tristes con problemas de ricos
Su viaje es el del colapso moral de un hombre acomodado que creía en el tipo de historia de éxito que haría llorar a Chuck Palahniuk. Es un "sad dad", un protagonista masculino en crisis enfrentado a su propia irrelevancia y al juicio social, y aquí es donde la serie tira la piedra y esconde la mano.
Hamm está tan impecable como su vestuario, pero la profundidad de sus miserias se mantiene plana durante los episodios en un espíritu más comercial que reflexivo. La oportunidad de que temas como la identidad y el tiempo hicieran vibrar las notas de influencia de Mad Men.
No tiene nada de malo; es, más bien, una capacidad que deciden limitar. Aunque la comparación con Don Draper es inevitable, no voy a negar la injusticia de esperar la exploración moral en una serie que prefiere quedarse en el esteticismo suburbano, en un envoltorio impecable.
El resto de personajes flotan alrededor de Hamm, pero no con la misma precisión. Amanda Peet parece una elección prototípica de casting para la exmujer resentida y Olivia Munn tiene poco margen para ser más que una cómplice decorativa.

Vicios ocultos no es una anomalía, sino un eslabón en una cadena de éxitos que Apple TV+ sigue tejiendo con precisión y buen gusto. Es tremendamente simple, a pesar de tener diálogos muy ágiles que llevan con espíritu altivo y demasiado orgullo, y estúpidamente divertida.
Si nos dejamos llevar por el espíritu análitico e inteligente de su protagonista, podríamos entender entre copas de whiskey que ignorar a su amigo, ignorar a su asesor y robar a sus vecinos de la forma menos cuidadosa te convierte en un ratón tan ansioso por el queso que ni siquiera se fija en la trampa.
Pero da exactamente igual. Vicios ocultos es una serie sobre cómo gente perfectamente funcional y absolutamente vacía intenta llenar su existencia con lo que sea: dinero, sexo, poder, o simplemente la emoción de saltarse las reglas. Todo queda dispuesto para que mientras ellos hacen malabares con su ego y sus miserias, tú puedas reírte despreocupado desde el sofá.
Valoración
Nota 76
Vicios ocultos es una dramedia elegante y mordaz sobre el vacío de las vidas perfectas. Aunque no se atreve a incomodar del todo, ofrece una experiencia entretenida, con Hamm en modo piloto automático… pero encantador como siempre.
Lo mejor
La fluidez y velocidad de los diálogos sobre los que se asienta el ritmo de la serie hacen que Jon Hamm se lo lleve de calle.
Lo peor
La serie renuncia a profundizar en sus propios temas, prefiriendo el envoltorio visual al conflicto moral real.
