Crítica de Wicker - Fábula satírica con Olivia Colman y su esposo de mimbre Alexander Skarsgård

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Crítica de Wicker, la película dirigida por Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson con Olivia Colman y Alexander Skarsgård como protagonistas. Estreno el 30 de octubre.

Las convenciones sociales, el rito del matrimonio, la afectividad y el sexo, están en el foco de interés de Wicker, una película que mezcla folklore y sátira en una relectura del relato de la escritora británica Ursula Wills-Jones titulado El marido de mimbre (The Wicker Husband) que no guarda relación alguna con la cinta de terror The Wicker Man que tuvo un remake protagonizado por Nicolas Cage en 2006. Hacemos esta aclaración casi como punto de partida porque esta historia explora un terreno por completo diferente y es importante que nadie se llame a engaño.

Alex Huston y Eleanor Wilson escriben y dirigen esta adaptación que transforma una trágica fábula en una pícara sátira narrada por episodios en la que vemos la evolución de los personajes y la forma en la que van madurando a raíz de una serie de sucesos fantásticos. Para mantener el tono pegado a sus raíces culturales se echa mano de recursos variados como que los personajes se refieran unos a otros por su profesión y jamás por un nombre de pila, dando pistas también de su estatus social o que se recurra a un tono que recuerda a un cuento retorcido con moraleja.

Cuenta con varios atractivos que van más allá de la originalidad de la propuesta. En primer lugar, el reparto, liderado por Olivia Colman, un Alexander Skarsgård muy caracterizado y secundarios maravillosos como Peter Dinklage o Elisabeth Debicki, que compone aquí a una retorcida y petulante villana. Richard E. Grant hace una breve aparición muy divertida como doctor.

En boca de todos

Wicker hace honor a la máxima "pueblo pequeño, infierno grande". La pescadera de una localidad costera es una mujer marginada y objeto de burla permanente por su aspecto descuidado y el olor que conlleva su oficio. Eso la lleva a vivir apartada, pendiente de sus quehaceres y sin grandes sobresaltos ni alicientes. Se ve abocada a una vida de soledad tras quedar huérfana de forma temprana y una juventud desdichada, siempre pendiente de ganarse su sustento.

El día que asiste a una boda, una tradición la señala como la siguiente para casarse. Las mofas son más crueles que nunca, pero despiertan cierta ansia de venganza en ella. Cansada de su situación, decide visitar a un artesano local que se dedica a hacer cestas al que le entrega todos sus ahorros a cambio de un audaz encargo: quiere que le fabrique un marido de mimbre.

Un mes más tarde, su inminente marido la espera en el altar y poco después se convierte en la comidilla del lugar. La pescadera jamás llegó a pensar que su marido de mimbre pudiera llegar a despertar tantos deseos y envidias en su entorno, pero menos aún que pudiera ser un compañero tan leal, un espectacular amante y un sincero apoyo en el día a día.

Wicker nos lleva a realizar un doble viaje: uno introspectivo, de descubrimiento por parte de la protagonista (genial el casting de Olivia Colman que es capaz de mostrar tanto una enorme vulnerabilidad como perplejidad, enfado, celos y un variado registro de emociones) y otro colectivo en la medida en que se ve la reacción de la comunidad: las redes relacionales, la envidia y el desafío al orden establecido que pone en jaque el precario equilibrio del ecosistema hasta ese momento.

En este punto es preciso señalar lo importantes que son los personajes secundarios. El atribulado artesano interpretado por Peter Dinklage está alterado por tener que tomar decisiones éticamente cuestionables como crear vida jugando a ser dios pero es también un individuo que permite introducir cierto humor negro al ser él mismo un renegado fuera del pacto social por ser enano, gay y ostracista.

Luego está la reina del baile: una Elisabeth Debicki tan deslumbrante como maliciosa que no duda en manipular a su entorno para conseguir sus fines. 

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La puesta en escena de la Wicker es magistral, contando con unos efectos especiales realmente buenos para crear ese hombre de mimbre que cruje al caminar y deja pasar la luz a través de las cañas que lo conforman. Su aspecto físico combina prótesis especiales y animatrónica y ha obligado a Skarsgård a portar un traje que le cubría todo el cuerpo. Un verdadero desafío para él que se parece un poco al que afrontó en la serie Matabot, aunque en este caso el esfuerzo físico ha debido ser especialmente costoso.

Destaca también la fotografía de Lol Crawley, que sentó cátedra con su trabajo en The Brutalist. Aquí su inspiración es claramente pictórica sacándole partido a la luz natural en exteriores y a la de las velas en interiores que pueden recordar al costumbrismo rural de Brueghel. 

Otro rasgo identitario de la película es el vestuario, del que se encargan Tóth András Dániel y Godena-Juhász Attila. Impresiona cómo toda esa suma de detalles y la mucha artesanía que abunda en la película ayudan a crear una atmósfera tan particular. Wicker es una cinta de lo más curiosa con capacidad de impacto argumental y visual.

Valoración

Nota 75

Una fábula satírica muy bien ejecutada, divertida y atrevida a la hora de hablar de intimidad, de deseo y frustraciones humanas pero también honda al analizar las envidias y las contradicciones de una sociedad patriarcal estancada en la tradición. 

Lo mejor

Interpretaciones, puesta en escena, vestuario, atrezzo, foto y ambientación.

Lo peor

Los altibajos tonales complican la recepción de una película que dentro de su sentido del humor tiene bastante enjundia.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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